Sandra Angulo hace parte de una especie en extinción. Estudió filología en la Universidad Libre y se especializó en conservación gráfica en una institución venezolana. Ambos oficios resultan hoy tan exóticos como muchas de las publicaciones que tiene a su cargo en la Biblioteca Nacional, ya que está a la cabeza del grupo de conservación.
Sin ir más lejos, ella tiene la misión de recuperar, preservar y difundir el patrimonio bibliográfico, hemerográfico y audiovisual de Colombia, en el que se incluyen 105 piezas editoriales y seis acuarelas que hacen parte de la exposición El papel de la memoria, cuya curaduría corrió por cuenta del experto Mauricio Pombo.
Desde hace algunos días y hasta el 11 de julio en la galería Gregorio Arce y Ceballos de la Biblioteca Nacional, con entrada gratuita para el público, se expone lo más selecto de los tesoros relacionados con nuestras letras a partir de 1777. “La historia de Cristo paciente es el primer libro que se considera como tal, porque tiene elementos tipográficos, una producción más limpia y una edición estilo europeo. Pero no nos podemos olvidar de la defensa del General Nariño, que tiene en algunas hojas traducciones manuscritas de los Derechos del Hombre”, comenta Sandra Angulo, quien lleva 20 años desempeñando esta compleja labor conservativa.
La colección se compone de seis épocas, una más atractiva que la anterior. En el primer capítulo, por ejemplo, se destacan treinta incunables a partir de la imprenta de Gutenberg. Muchas de estas joyas exhiben paginación a dos columnas, la utilización de las capitales iniciales a dos tintas, la tipografía gótica y la encuadernación típica del siglo XVI. Después vienen las primeras publicaciones del periodismo, los cronistas de indias, los mapas de José Celestino Mutis, versiones particulares de María, La Vorágine y El Coronel no tiene quien le escriba, sin olvidar una impresión bogotana de las Lecciones de física y muchas sorpresas más. La última ruta está dedicada a otros tesoros de la colección tanto impresos como manuscritos. Aquí se exhibe El confesionario para curas de indios y La gramática vocabulario de la lengua guajira.
El promedio de asistencia diaria es de 150 personas, que se sorprenden al ver tantas letras antiguas reunidas y tan bien conservadas. Todos estos visitantes cuentan con un murmullo permanente, producido por un aparato que recoge la humedad sobrante en el recinto para lograr que el ambiente de la sala sea el mismo que tienen los libros en los depósitos de almacenamiento. Unos 18 grados de temperatura y 54% de humedad relativa acompañan el recorrido.
Todo este esfuerzo de Sandra Angulo y su equipo de conservación tiene un solo propósito: que las futuras generaciones disfruten del patrimonio bibliográfico tal como se hace hoy.
‘El papel de la Memoria’. Galería Gregorio Arce y Ceballos de la Biblioteca Nacional. Calle 24 N° 5-60. Entrada libre.