Desde hace algunos años los cómics, esos lugares fantásticos donde tradicionalmente han habitado y se han creado los superhéroes, se están convirtiendo en expresiones más cercanas al reportaje periodístico de actualidad. Han mutado de los temas góticos, de ciencia ficción o de superpoderes al recuento de ataques terroristas, guerras históricas o invasiones militares.
Este viraje, que hace que el cómic converse más de cerca con la novela gráfica, lo inauguró el 9/11 Report, a graphic adaptation, realizado en 2005 por Sid Jacobson y Ernie Colón, dos veteranos de la industria que se conocieron realizando publicaciones como el popular Richie Ricón o Gasper para la marca Harvey.
Pero, ¿cómo un tema tan doloroso y remarcable para los norteamericanos se convirtió en un cómic? Todo empezó con la publicación, en el verano de 2004, de un minucioso reporte que presentó una comisión, conformada por algo más de 92 investigadores, sobre los detalles de los ataques a las torres. El libro escaló rápidamente a la cabeza de la lista de best sellers del New York Times, y fue un gran éxito en el mundo de la no ficción. Sin embargo, se empezaron a escuchar voces que decían que se confundían con los nombres, los lugares, los eventos, las horas a las que habían despegado los aviones, etc., “y entonces pensé: el cómic es el negocio de clarificar historias”, explica el dibujante Ernie Colón en una entrevista concedida a Slate, uno de los grandes sitios de crítica de historietas del mundo.
Después de seleccionar y cortar lo que consideraban pertinente y de realizar una línea de tiempo en donde mostraban los cuatro aviones en la mañana de ese septiembre 11, consiguieron 133 páginas que con un lenguaje visual lleno de color y con la narrativa fragmentada del cómic resumen las 600 del informe. “Creemos que aún falta mucha gente por entender qué fue lo que pasó y qué fue lo que se encontró después de las investigaciones, y el cómic es una excelente forma de tocar otras poblaciones”, explica Jacobson.
El éxito fue tal que la experiencia la planean replicar los guionistas Antoni Guiral y Pepe Gálvez, y los dibujantes Jesús Redondo y Francis González, quienes quieren llevar al mundo de las viñetas todo el horror vivido en el metro de Atocha en los atentados del 11 de marzo en Madrid.
Al igual que 9/11, los creadores buscarán evitar las escenas macabras y se ajustarán con precisión a los reportes oficiales, que en este caso corresponden a la sentencia del juicio que declara culpables a los terroristas yihadistas y no a los terroristas de Eta.
El objetivo es “hacer un libro en el que quede testimonio de unos atentados que causaron la muerte de 191 personas”, asegura Guiral. Por su parte, el “rey del cómic”, Stan Lee, asegura que este tipo de producciones imponen un nuevo modo de entretenerse, “debería ser el modelo para el futuro; su lectura debería ser obligatoria en las aulas”, explica.
La valoración de la historieta como medio de comunicación está creciendo, así lo ratifican otras nuevas publicaciones que están saliendo como Leones de Bagdad, un cómic que entre hermosos gráficos de animales (que son los narradores) y complejos textos, describe los primeros días de los ataques a la capital de Irak, o las tiras cómicas de Joe Sacco, famoso por Palenstina, un álbum que refleja los periplos de este reportero por esas tierras y los conflictos con los judíos.
Pero la nueva dirección del cómic la evidencia, sobre todo, que famosos de las viñetas, como Colón y Jacobson, respondan cuando se les pregunta por sus nuevos proyectos: “Estamos adaptando básicamente historias de periódicos”.