Suele llegar a las galerías o a los museos donde expone con una mochila y una valija con sus pertenencias personales, alguno que otro papel o bosquejo, pero nada de guacales, marcos ni grandes paquetes. Adrián Villar cree en los espacios y en lo que le dictan, por lo que todos sus trabajos los realiza in situ.
Apenas tiene 30 años y desde su natal Rosario ha recorrido escenarios tan importantes en el mundo del arte como la Feria Art Basel, en Suiza; la Akademie der Künste, en Berlín; la Serpentine Gallery, en Londres, entre tantos otros, además de ser representado por la galería porteña Ruth Benzacar, que lleva más de 40 años de labores en la capital argentina y es catalogada como una de las más importantes en el arte contemporáneo. Estudió Bellas Artes en Rosario y, al final de la carrera, se ganó el premio de esta galería, que lea ofrecía a los jóvenes talentos desconocidos una exposición individual. “No había convivido con la idea de las grandes galerías y museos, no conocía casi nada de Buenos Aires y este paso fue como un gran cambio, fue al fin de cuentas empezar a trabajar con la idea de ser un profesional en las artes”, confiesa Villar.
Cuando comenzó hacía cosas muy pequeñas, minuciosas y prolijas. Contrasta sin duda con sus últimos trabajos escultóricos de carácter monumental, que pareciera que se comen el espacio.
Beso infinito forma parte de esas obras recientes fabricadas en arcilla y recibe su nombre casi como todas sus otras piezas, como si se tratara de una canción romántica, esta vez con un trasfondo sexual de felación. Esta instalación, que alberga una parte de la galería Casas Riegner, no fue fabricada sólo por sus manos. Su trabajo siempre ha incluido el quehacer de otros y confiesa que lo suyo se parece mucho a una producción cinematográfica, donde él hace las veces de director y de productor general. “Siempre trabajo con ayuda, porque las propuestas son muy ambiciosas y es una manera de reconocer los límites humanos. Siempre recurro a terceros, pero más allá de eso es interesante su intervención y preguntar por las opiniones y que se sientan parte de cada proyecto”.
Al entrar a ese Beso infinito, uno recuerda el tono de La carretera, la novela de Cormac McCarthy que habla de la era posapocalíptica. No es coincidencia, el foco central de las preocupaciones de Villar ha sido reiterado y recalcitrante. El tiempo y sus distancias son esos factores que inspiran sus proyectos. “El trasfondo de mis últimas obras es el fin de la especie humana, la era posapocalíptica o de los últimos residuos. ¿Qué pasaría si los últimos humanos decidieran crear una última obra de arte? ¿Cómo sería? ¿Qué escogerían para el cierre de la historia del arte de los humanos? ¿Cuáles serían esos gestos simbólicos, ese último ruido del espacio?”, se pregunta Villar en sus cavilaciones diarias. El resultado de esas preguntas, la materialización de sus inquietudes las puede resolver en escultura, en la mezcla de la arquitectura con la ciencia, en la animación japonesa, en el dibujo, en el performance, en la música, en el video, en definitiva, en lo que la idea le dicte. No sólo le interesa la escultura, sino también navegar en todas las disciplinas. Va a depender de la pieza y de lo que quiera transmitir. “ En mis proyectos artísticos no hay jerarquías, hay mezcla de universos y mi apuesta es tratar de hacer funcionar la mayor cantidad de información posible, porque de alguna manera las artes visuales son el lugar donde todo está permitido y donde se traen las cosas para pensarlas”.
Volviendo al espacio de la galería habitado por estas piezas que no se sabe muy bien si fueron un tanque de guerra, una máquina de destilación o un resguardo nuclear, responden exactamente a lo que el artista pretendía suscitar. Son piezas ambiguas, difíciles de captar, porque, según Villar, están pensadas desde una época poshumana, futurística y está bien que el espectador no le encuentre un sentido y que estén dislocadas de su funcionalidad. “La idea con estas piezas me gusta porque el concepto del espectador humano está anulado. Me gusta esa tensión donde la misma pieza propone tu no existencia a la misma vez que te necesita”.
Galería Casas Riegner. Calle 70A N° 7-4. Tel.: 249 9194.