El carácter fuerte de las santandereanas lo refleja perfectamente Nuria Esperanza Villalba, quien reconoce fríamente lo afortunada que fue al no casarse ni tener hijos, pues les hubiera causado un dolor inmenso cuando le diagnosticaron un tipo de leucemia que no tiene tratamiento, sólo el trasplante de médula, para el cual resultó no ser una candidata apta.
Aunque asegura ser consciente de que su vida durará el tiempo que Dios decida, desde que se enfermó y padeció en carne propia las dificultades para acceder a los medicamentos cuando no se tiene medicina prepagada, decidió convertirse en la defensora de pacientes que como ella vieron vulnerados sus derechos. Así nació la Fundación Esperanza de Vida, un lugar en el que Nuria Esperanza, junto a un grupo de profesionales del derecho y la salud, brindan de manera gratuita asesoría emocional y legal a 700 pacientes diagnosticados con cáncer, muchos de los cuales son niños.
Mientras conseguía recursos y con el apoyo de varios miembros de su familia, esta enfermera, alegre y desparpajada, convirtió su casa en la sede de la fundación. Con el tiempo, y fruto de un gran esfuerzo, pudo trasladarse a otro lugar y ayudar a muchas más personas.
Esta noble labor le permitió ser nominada como una de las candidatas al Premio Mujer Cafam 2012.