En 2004 el pintor colombiano Fernando Botero volvió a ser parte de los titulares de prensa con una nueva serie de obras titulada “Violencia en Colombia”, colección que donó al Museo Nacional y que sólo ahora se verá completa en Bogotá en el Museo de Artes Visuales de la Tadeo.
Una parte de esta colección ya se había visto en el año de la donación, no se trataba de los guerrilleros ni campesinos que están en el Museo Botero, sino de rostros y cuerpos voluminosos ensangrentados, sin vida. De madres llorando desconsoladas y rostros de horror. Es la violencia en su expresión pura, una serie que antecedió la de Abu Ghraib, en la que recrea las torturas a que fueron sometidos, por soldados norteamericanos, los presos iraquíes en la cárcel de esa ciudad.
A pesar de estar inspirada en hechos sucedidos en Colombia, no distan de los hechos violentos en el mundo, “La razón por la que escogimos esta muestra en particular para conmemorar los 50 años de la Facultad de Relaciones internacionales y Ciencias Jurídico políticas, es precisamente que son un espejo de lo que hemos sido en estos 50 años o más”, explica Natalia Springuer, decana de la facultad y responsable de que esta muestra itinerante haya hecho un viraje para aterrizar en Colombia, en medio de una gira programada de más de cinco años.
Para este montaje, que realizó Lucas Ospina, a diferencia de los otros lugares donde se ha expuesto, se tomó la decisión de hacerlo de manera neutral: sin frases ni comentarios acerca de los hechos que puedan agregar a lo que ya se ve en cada obra.
“Nuestra decisión se tomó con el fin de alejar la muestra de afinidades o tendencias políticas, pues la violencia es una constante desde hace más de 50 años. No hay un ser vivo en Colombia que no la haya experimentado en algún momento”, continúa Springuer. Ospina, por su parte, considera que fue una buena opción la de no querer añadir más a las obras.
“Mi trabajo consistió en darle una línea narrativa a esta colección, que yo no creo que sea una serie trabajada en sentido estricto, como Abu Ghraib, por ejemplo, o como el circo”, explica Ospina. Pues son hechos aislados que no hacen referencia específica a un momento, sino obras que van saliendo como retratos singulares.
Botero, cuya primera obra con referencia a la violencia, Los obispos muertos, data de 1950, había decidido alejarse de temas relacionados con hechos de la realidad social o política, hasta hace menos de una década. Sin embargo, con el paso del tiempo decidió plasmar con distintos matices situaciones que hablan de las formas de violencia en nuestro país: secuestros, asesinos gatilleros, madres y mujeres desoladas. Todos unidos por la mirada estética de un artista que se ve obligado a vivir su país desde lo que los medios de comunicación registran: la realidad violenta.
Museo de Artes Visuales: Cra. 4 N° 22-61.