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Dispensador de historias

En París, una joven compañía llamada Short Édition creó Creó el Short Story Dispenser (Dispensador de Historias Cortas) con una base de cinco mil autores, entre clásicos y contemporáneos.

21 de junio de 2018 - 09:37 p. m.
Short Story Dispenser (Dispensador de Historias Cortas).
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Imaginen una máquina dispensadora que no les arroje cigarrillos, ni papas fritas, ni gaseosa. Una máquina que, de forma gratuita, les entregue una historia impresa en un largo papel como el del recibo del supermercado. Imaginen que mientras esperan el bus en TransMilenio, el turno en el Supercade o a un amigo en una cafetería puedan leer un cuento de uno, tres o cinco minutos, depende del ‘hambre’ o del tiempo. Como en la máquina de paqueticos, podrían elegir lo que les apetezca: historias cortas acerca de los cambios, o para sumergirse en un romance, sonreír, volver a la infancia, vivir el instante. 

En París, una joven compañía llamada Short Édition lo imaginó y luego lo hizo realidad. Creó el Short Story Dispenser (Dispensador de Historias Cortas) con una base de cinco mil autores, entre clásicos y contemporáneos. A Francis Ford Coppola (un afamado director de cine del que pocos saben que lleva cerca de 20 años publicando la revista de historias cortas Zoetrope: AllStory) le interesó el proyecto y quiso que Short Édition llevara el dispensador a San Francisco, donde tiene un café también llamado Zoetrope. “Me gusta la idea de darle algo a la gente”, dijo el cineasta, “una historia corta es una buena base para una película porque la lees en una sentada y una película la ves en una sentada”.

Ahora hay otros lugares en Estados Unidos en donde se puede encontrar el Dispensador de Historias Cortas, como, por ejemplo, en Penn State University, que incluso organizó el primer concurso para que los autores ganadores pudieran tener sus historias en la máquina.

Me gusta pensar en la implementación de un proyecto como este en nuestro país. Algunos podrían decir que un dispensador de historias es inútil. Que necesitamos más trabajo, más comida, más transporte (que sí necesitamos, pero una cosa no resta a la otra). No obstante, como menciona el escritor Afonso Cruz en su libro Vamos a Comprar un poeta, “en la inutilidad es que está el altruismo y aquello que el ser humano considera naturalmente más noble (…). Podemos ser más pragmáticos y descubrir en la fantasía una utilidad mucho mayor que ese escape psicológico de los horrores y de las injusticias”.

Cuando Coppola dice “darle algo a la gente”, no solo se refiere al papel, sino también a dar cultura. No hay una mejor inversión: la cultura genera más cultura, el arte es un derecho, la lectura es un bien imperecedero que mejora el nivel de bienestar en la población. Yo llamaría bienestar el poder leer de forma gratuita un poema de Emily Dickinson y no pensar en el tiempo muerto de la espera.

@julianadelaurel

 

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