Cada cinco años, la ciudad alemana alberga artistas de todos los rincones del mundo, así como a otros participantes procedentes de disciplinas tan variadas como la literatura, el cine, la economía, la militancia política, feminista o medioambiental, la física, la biología, entre otras. Eso responde a su acercamiento holístico y a su dedicación a la investigación artística que explora las conexiones con la teoría.
Su directora artística, la estadounidense Carolyn Christov-Bakargiev, afirmó: “Pienso que la confusión es una cosa verdaderamente maravillosa”, al insistir en que la Documenta carece de concepto, rechaza todo prejuicio y asume el riesgo de desconcertar a muchos. El concepto artístico defendido por Christov-Bakargiev “excede al espacio y las geografías físicas”, según dijo en la presentación del evento. Por “desplazar los límites físicos y geográficos” entiende convertir en apéndices de Kassel a Kabul, El Cairo, Alejandría y Banff. En esas ciudades, no sólo habrá exhibiciones sino también conferencias, charlas, simposios y debates.
Su curadora asegura también que en esta edición la concepción del arte va más allá de las técnicas y definiciones clásicas. “Lo que algunos participantes hagan y expongan en la Documenta puede ser o no ser arte”.
En esta ocasión la feria no comercial presenta alrededor de 300 artistas de 55 países y espera recibir unos 750.000 visitantes hasta su cierre, el 16 de septiembre.