En ningún momento, aparte de la coincidencia en la galería, se buscaría relacionar el trabajo de la artista mexicana Mónica Espinoza con el de María Fernanda Plata, artista plástica nacida en Bogotá. Cada una tiene su espacio de exhibición y las curadurías son distintas, sin embargo la experiencia de entrar en la Galería Casa Riegner y recorrer con una artista y con la otra sus respectivos trabajos deja una reflexión común sobre lo diminuto que es el hombre en relación con grandes fenómenos como el tiempo, como los desastres naturales, como los momentos perdidos. Pero aquí, esa insignificancia humana que suele tener una connotación negativa se pierde. Al menos, a los ojos de estas dos artistas.
Las croquetas de Buda
El interés de Espinoza por lo insignificante y pasajero que atraviesa su obra se descubre desde el principio. El recorrido empieza en un rincón: “Esta obra se titula Buda —afirma la artista—. Me gusta porque hace referencia a cuando Buda está meditando, se entrega al mundo y se confunde con el espacio”, anuncia al mismo tiempo que señala un pequeño plato rojo con croquetas para perros.
Entonces explica cómo es que ella se interesa en aquellos objetos cotidianos que por su insignificancia terminan desapareciendo, un gesto que se busca en la meditación. “Al principio representaba los objetos con cerámicas, luego decidí hacerlos tal cual. Hago el plato en plástico y con la receta de las croquetas y las horneo en casa. Y si viniera un perrito y se las comiera, se habría cumplido el objetivo pues desaparecerían como Buda”.
Es la antítesis del ready-made, concepto que transformó el arte contemporáneo. “De alguna manera sí —asegura la artista—. Aquí el objeto artístico es en realidad el quehacer”. Un gesto que quien llega a presenciar la obra no logra ver, pero en el arte de esta mexicana en ocasiones lo importante es no llegar.
Así lo demuestran las fotos en las que registra el resultado de las instalaciones hechas en espacios ajenos que cambió sin la presencia de los dueños: “Aquí lo importante es haber llegado después y encontrarse el orden tergiversado”, explica (ver foto). Con esto la artista recuerda lo ignorantes y ajenos que podemos llegar a ser cuando no se es testigo.
Una de las obras en las que se reitera la sensación de ‘no estar’ es en Las cosas hacen su trabajo. Son libros en los que la artista registra primero una caja vacía y luego varios objetos (los que toman parte de esta caja) en el ejercicio de su uso; una vez más el espectador llega sólo al vacío de la caja y no logra ser testigo.
Al filo de la naturaleza
Mientras la obra de Espinoza revaloriza la ignorancia y lo efímero del tiempo, María Fernanda Plata recupera la poesía que hay en la ingeniería civil, lo hermoso de la arquitectura, no como obra del hombre sino como parte de la naturaleza. Usando arena marina, que sirve al tiempo como alegoría del polvillo que destilan las demoliciones, Plata dibuja esos paisajes en los que la naturaleza está en proceso de tragarse literalmente las obras del hombre.
“Trabajo sobre lo arquitectónico, que es vulnerable, frágil, terminal, es una metáfora de la condición humana. Ahora, en esta última obra, más en su relación con la naturaleza”. Esta artista plástica de la Universidad de los Andes, reconoce que en la influencia de una madre ingeniera civil y en una experiencia vivida en una casa que nunca se terminó y que perdieron está el origen de esa obsesión que en sus manos se convierte en arte.
“Me interesan los desastres naturales, no por la tragedia humana, sino por el fenómeno de la naturaleza tragándose eso que le han construido”. Además de la serie de “dibujos con arena” que se refieren al paisaje, hay una instalación de cubos plásticos en donde hay pequeñas maqueticas en madera de casas entre arena marina, una vez más. Aquí, lo que pareciera un juego de niños encierra un sentido algo macabro de casas semienterradas, semiderruidas en pequeña escala. Una vez más, de un paisaje que está al acecho de lo que el hombre hace sobre él. Una reflexión, sin dramatismo, que nos devuelve a nuestra diminuta y temporal escala como seres humanos.
Galería Casas Riegner, calle 70A N° 7-41.