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El alcance de las olas

Este concierto hace parte de la Serie Oro y es una invitación a recurrir a la imaginación para llegar muy lejos con la guía incondicional de la música.

07 de enero de 2015 - 09:49 p. m.
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Decía el compositor Claude Debussy que “cuando uno no tiene los medios para pagarse los viajes, debe sustituirlo por la imaginación”. La frase puede explicar en buena medida su música: unas piezas que no se ataban fácilmente a las reglas de la época, sino que creaban sus propias condiciones. Hace un par de décadas, estas piezas se conocieron en Colombia en buena medida gracias a la publicación que hiciera el sello disquero Naxos de la obra completa para piano del compositor francés.

Para muchos, el recuerdo está atado a esas ediciones de austera portada blanca con reproducciones de paisajes impresionistas. Otros tantos recordarán el nombre del intérprete en aquellas grabaciones: François-Joel Thiollier. Por eso la noticia de su llegada al Cartagena Festival Internacional de Música es una de tantas buenas noticias que recibimos este año. Thiollier viene, además, a tocar algunas piezas de Debussy, pero en un contexto más amplio: el del mar Mediterráneo y sus alcances.

El concierto de hoy lleva por título Colores y luces del Mediterráneo y supone un viaje muy particular, en el cual lo que se mueve es el tiempo, no el paisaje. Así, lo primero que se escuchará son evocaciones de los paisajes de Italia hechas por el gran maestro alemán Johann Sebastian Bach. Es bien sabido que el maestro nunca salió de Alemania, pero a sus manos llegaban partituras de lugares distantes como Venecia y él, con ese espíritu artesano y genial, las vertía en el clavecín agregándoles algo de su imaginación. Justamente el recital se iniciará con la adaptación que hiciera Bach de un concierto de Alessandro Marcello, y luego aquella Pastorale que marcara en la partitura como “de estilo italiano”.

Lo que sorprende es que, luego, el recital da un salto del Barroco a los siglos XIX y XX. El mar Mediterráneo sigue siendo el escenario de inspiración: una obra de Franz Liszt llamada Reminiscencas de Simón Bocanegra busca recrear los momentos más emocionantes de una ópera que se desarrollaba en los tiempos en que Génova era una de las repúblicas marítimas del Mediterráneo.

Luego de ello, Thiollier nos presentará una obra del compositor ruso Sergei Rachmaninov, que, en esencia, recurre al mismo juego de Bach cuando reinventaba partituras italianas: las Variaciones sobre un tema de Corelli son también una declaración de admiración por la manera italiana de fabricar melodías.

Cerrando el recital llegarán la Noche en Granada de Debussy y la Alborada del Gracioso de Ravel, que son evocaciones imaginativas de la España mediterránea. En general, la búsqueda de estas piezas no es tanto acoplarse fielmente a las estructuras de la música de Italia o España, sino más bien recrearlas desde su lugar estático, el lugar de un viajero de la imaginación.

Para que el ejercicio quede bien hecho se necesita que al piano se haya instalado otro viajero. Un intérprete capaz de entender la esencia que estas piezas (de diversas nacionalidades y tiempos) tienen en común, y darle pleno sentido al recital trazando esa línea. De aquellos discos del sello Naxos, que justamente este año cumplen dos décadas, el escritor Christopher Howell anotó: “Uno sólo debe cerrar los ojos y dejar que François-Joel Thiollier haga lo suyo”. Tal vez no haya mejor consejo. En Colores y luces del Mediterráneo sólo hay que confiar en la imaginación del compositor y la pericia del intérprete. Y dejarse llevar. 

* Periodista y escritor.

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