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El amor lo puede todo

Actrices y artistas cuentan que esta experiencia es complicada por la distancia de edad, pero aseguran que el cariño y el afecto que tienen por sus nietos pueden acabar con cualquier diferencia.

07 de mayo de 2010 - 09:44 p. m.
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Ellas son famosas, aparecen desde hace años en las pantallas y escenarios con vestuarios y personalidades diferentes que cautivan al público y lo sumergen en historias maravillosas, sin embargo esta es sólo la faceta artística de Dora Cadavid, Vicky Hernández y Totó la Momposina pues ellas también tienen su vida personal en la que son esposas, madres y abuelas que se preocupan por el crecimiento de sus nietos y a la vez se convierten en cómplices de las travesuras.

Y es que después de ser madre, uno de los mayores anhelos de una mujer cuando sus hijos ya son mayores es recibir a sus nietos cada fin de semana en la casa para divertirse con ellos, prepararles exquisitos manjares que les gusten y alimenten y, principalmente, para enseñarles las virtudes que los convertirán en personas rectas. “El papel de las abuelas es enseñarles a sus nietos los valores tradicionales de la familia y el amor que deben tener por la vida”, asegura la actriz Dora Cadavid.

Totó la Momposina, quien tiene nueve nietos, considera que el rol de las abuelas además debe tener un límite: “Hay que dejar que el hijo aprenda a ser papá y les enseñe a sus niños, pero cuando uno tiene una oportunidad de aconsejar a los nietos también es maravilloso porque son lecciones para hacerles más fácil su existencia”.

Aunque ella misma reconoce que por la diferencia de edades y de épocas muchas veces los nietos hacen caso omiso de sus advertencias. “Mi nieta mayor es artista como yo, hemos compartido escenario. Siempre le dije que debía caminar erguida para lucir más elegante, entonces le pedí que se pusiera un libro en la cabeza y caminara con él porque ella no se paraba derecha, pero no quiso, dijo que se sentía ridícula. Un día en una presentación en Estados Unidos se dio cuenta de que yo tenía razón y que todos los consejos que le había dado le servirían para su vida artística”, afirma la artista.

Y es cierto, las diferencias de edad y principalmente de épocas en las que viven nietos y abuelas en ocasiones se convierten en barreras que pueden llegar incluso a causar conflictos, ya que para los mayores es difícil comprender la diferencia de pensamientos, música e incluso la forma de vestirse de lo jóvenes. “Es difícil asimilar lo que es ahora la juventud, pero uno al final siempre termina entendiéndolos y hasta bailando reggaetón con ellos”, dice Dora Cadavid.

Es el amor incondicional el que permite romper cualquier barrera de edad o pensamiento y el que además logra que las abuelas se olviden de la rigurosidad y las hagan en ocasiones cómplices de sus nietos.

Aunque Vicky Hernández todavía no es abuela dice que le gustaría llegar a serlo pronto, pues sus amigos le comentan que es una experiencia mejor que la de las mamás. “Ser madre es un papel maravilloso y único porque uno puede llegar incluso a sentir a distancia lo que le pasa a los hijos, pero por otro lado también nos preocupamos más. Ser abuela me dicen que es un amor más libre porque uno está más tranquilo, no le inquieta tanto cometer errores”, asegura.

Ya sea en el rol de madres o abuelas, ellas dicen que lo importante es el lazo que se crea, el cual está hecho y reforzado por un amor desprendido que lo puede todo y que además es capaz de esperar el tiempo que sea necesario y puede resistir cualquier circunstancia por difícil que sea. “Ser madre en Colombia es difícil, es tener la capacidad de silencio, cordura, sacrificio y coraje para luchar y aguardar por sus hijos. Lo digo por aquellas madres cuyos hijos son parte del conflicto”, afirma Hernández.

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Por este amor incondicional, por esa capacidad de persistir y sostenerse es que ellas aseguran que el día de la madre es todos los días. “Uno es mamá a todo momento, por eso creo que esta fecha no se trata de comprar regalos, sino de saber estar y acompañar a su madre en cada ocasión”, concluye Totó la Momposina.

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