Al atravesar las salas que preceden la rotonda, los visitantes de la gigantesca edificación cilíndrica en los muelles de Ruan se han hecho una idea de lo que es un “panorama”. La explicación es necesaria porque ha pasado siglo y medio desde la época en la que la popularidad de este tipo de divertimento atraía las multitudes europeas.
A medio camino entre el arte y el espectáculo circense, y a pesar de las diferencias de tamaños, los panoramas, que llegaron a ser algunos centenares, retomaban el principio de un lienzo instalado en el interior de un edificio circular al que se accedía por una puerta lateral. La riqueza de los detalles permitía que los visitantes se sintieran transportados. La época obligaba exotismo y por eso se privilegiaban las escenas históricas y los países lejanos. El más famoso de los “panoramas” franceses funcionó en París hasta 1830, en el barrio de los Grandes Bulevares, apenas a unas cuadras del local donde décadas después la versión del invento de William Kennedy Laurie Dickson perfeccionada por los hermanos Lumière convirtiera en obsoleto el viaje imaginario al que invitaban los panoramas y que en las últimas tres décadas del siglo XIX habría atraído cien millones de espectadores.
Sólo unas dos docenas de “lienzos panorámicos” de la época se han conservado, la mayoría de ellos en malas condiciones. De los dos edificios que se construyeron para albergar los lienzos, que podían alcanzar ochenta metros de longitud, apenas hay dos en pie, los dos en Bruselas. En uno de ellos funciona un parqueadero, el otro se ha convertido en una mezquita.
El salvador
“Soy un obsesionado del espacio y un amante del dibujo. El panorama se me apareció como una revelación porque integra las dos cosas”, ha dicho el artista austríaco Yadegar Asisi sobre su llegada a este medio de expresión. La revelación ocurrió en Bonn en 1993, durante una exposición sobre los espectáculos en el siglo XIX.
Aunque la forma nunca ha desaparecido del todo y de vez en cuando se han montado panoramas de tamaños modestos, es el artista de origen iraní quien tiene el crédito, no sólo de haber revivido una forma de arte que parecía extinta, sino de adaptarla tanto a las tecnologías del presente como a las expectativas de un público que, acostumbrado a las reconstrucciones históricas de los videojuegos y a las películas en 3D, ya no se sentiría “transportado” por una simple pintura.
Cuando los espectadores entran finalmente a la rotonda, la reacción inmediata son bocas abiertas. A nivel del suelo están rodeados por el paisaje de un jardín romano en el que pueden verse algunas ruinas. “El anacronismo es sólo aparente”, señala uno de los encargados. “En la época que se representa ya existían ruinas en Roma. Podían ser los cimientos de una construcción antigua o las paredes abandonadas de la casa de un noble caído en desgracia”. Al alzar la mirada descubren animales domésticos y personajes de la época, antes de encontrarse con el desfile de los centuriones que llegan triunfantes a la ciudad.
Una plataforma construida en medio de la rotonda permite apreciar desde cuatro niveles el lienzo de treinta metros de alto y cien de circunferencia sobre el que está impresa la escena. El trabajo de la perspectiva da la impresión de que el cielo se cierra sobre los espectadores y a la imagen se agregan efectos de sonido e iluminación. Los visitantes asisten al paso de los días y las noches y escuchan las voces y ruidos de la capital imperial.
El año que cambió el mundo
Asisi comenzó la primera versión de su Roma 312 a finales de los años noventa, a partir del panorama realizado por el arquitecto alemán Josef Bühlmann y el pintor húngaro Sandor Von Wagner y presentado en 1888. El dúo había elegido el 312 d.C. porque en ese año, tras la batalla del puente Milvio, Constantino se consolidó como único dirigente del Imperio, y aunque ni siquiera era cristiano inició el camino hacia la cristianización de Roma. El momento que iba a cambiar el mundo representaba en el imaginario europeo un apogeo teñido de exotismo, que fascinaba a los espectadores y aún no ha dejado de hacerlo.
Armado de una cámara fotográfica, Asisi viajó a la capital italiana para documentar los lugares representados en el panorama de Bühlmann y Von Wagner y documentarse sobre las costumbres y la arquitectura de la ciudad en la época representada.
De sus viajes salieron unas 50.000 fotografías digitales que no sólo retratan la ciudad sino sus habitantes. Cada uno de los centenares de campesinos, esclavos y soldados que pueblan la escena representada es un actor maquillado y vestido según un storyboard definido de antemano.
Para la composición, Asisi trabaja en su estudio de Oransplatz, en Berlín, con un equipo de quince personas. El resultado es un archivo digital que una vez impreso es retocado con pincel y que, según el artista, nunca está terminado. A la primera versión de Roma 312 presentada en Leipzig en 2005, Asisi no ha dejado de modificarla en detalles que van desde los animales domésticos hasta una variación radical en el cielo luego de descubrir que el tipo de nubes presentes en la primera versión no podían corresponder a las que se veían en Roma en el momento de la escena representada.
Roma junto al Sena
Desde la torre del reloj de Ruan, hacia el lado opuesto de la célebre catedral pintada por Monet, la rotonda de los panoramas parece un gigantesco tanque de petróleo. En eso recuerda los depósitos de gas en Leipzig y Dresde que Asisi adquirió con sus propios recursos y que continúan exponiendo sus trabajos con un promedio de 350.000 visitantes anuales. Una cifra significativa si se tiene en cuenta que cada una de las dos ciudades apenas sobrepasa el medio millón de habitantes.
Gracias al éxito de sus primeras experiencias, el artista cuenta con dos edificios más permanentemente a su disposición, uno en el Checkpoint Charlie de Berlín, en el que se presenta un panorama de la ciudad durante la época de la división, y otro en Pérgamo, que exhibe en este momento otra copia de Roma 312.
La rotonda de Ruan es el primer edificio construido exclusivamente para albergar los trabajos de Asisi y el primer lugar de exhibición en el que participan tanto mecenas privados como instituciones públicas de la ciudad y que se inscribe dentro de la recuperación del antiguo puerto, desplazado río abajo y cuyos depósitos abandonados se han reconvertido en restaurantes, cafés y espacios culturales. El siguiente panorama, que se inaugurará en el segundo semestre de 2015, tendrá por tema la selva amazónica.
Lo que ocupa en estos días a Asisi es la realización de “Ruan durante la época gótica”, un trabajo que se presentará en la primavera de 2016 y está inspirado por la ciudad que alberga su trabajo. Como punto de vista para los futuros visitantes, el artista escogió la cima de la “Torre de Mantequilla”, en la catedral de la ciudad.