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El bello final de los días

'Melancolía', la más reciente película del polémico director danés Lars von Trier, ya está en cartelera colombiana.

02 de abril de 2012 - 06:04 p. m.
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Cuando la productora del director Lars von Trier le presentó el afiche de promoción de la película Melancolía, él no lo reconoció como algo que se refiriera a su película, a pesar de haber trabajado en ella por dos años. Alterado, preguntó de qué se trataba y ella respondió: “Es un filme que acaba de hacer”.

En una especie de manifiesto, Von Trier expresó por escrito ese descontento al ver su obra terminada. Estos son algunos apartes: “Esto es crema pastelera. Parece una película hecha por una mujer. Me siento listo para rechazar esta cinta como si se tratara de un órgano de trasplante. Me siento confundido y culpable. ¿Qué he hecho? ¿Qué era lo que quería? Con un estado de ánimo como mi punto de partida, quería sumergirme en los abismos del romanticismo germano. Las espadas de Wagner. Eso es lo que sabía… Me apoyo en la esperanza de que haya un hueso astillado en medio de toda esa crema y que al final de todo, se rompa como un diente frágil. Cierro los ojos y espero”.

Von Trier, políticamente incorrecto, irreverente, tantas veces tildado de manipulador por llevar al espectador al límite, acostumbrado a entregar películas polémicas, poderosas y transgresoras (Rompiendo las olas, 1996; Bailarina en la oscuridad, 2000; Dogville, 2003 Anticristo, 2009, entre otras), se encontró, quizá, con unas imágenes demasiado bellas, de una presencia estética fuerte y con una historia que, en su opinión, rozaba el romance y sus melodramas. Charlotte Gainsbourg le dijo que le parecía una película extraña. “Me alivió oírla decir eso porque temía que le faltara esa cualidad”, comentó el director.

La cinta comienza con la celebración de la boda de Justine, encarnada por Kirsten Dunst, interpretación que le valió la Palma de Oro como mejor actriz en el Festival de Cannes de 2011. Claire (Charlotte Gainsbourg), su hermana, es la encargada de planear toda la fiesta que se desarrolla en un castillo. Seguiremos como espectadores a las dos hermanas: la primera, que no se encuentra en la vida, y la segunda, aferrada al mundo, a sus rituales y a los lazos familiares. Una colisión cósmica se advierte, el misterio y el suspenso de lo incierto, del posible fin del mundo, es tomado por Justine con serenidad, incluso con cierta satisfacción. Por su parte, Claire, aprehende la noticia con terror y angustia.

Navegar entre estas dos personalidades, la melancólica y caótica Justine y la predecible Claire, es acercarse a los cataclismos internos. Von Trier sufre de depresiones y el título de la película está inspirado en su propia condición.

La melancolía, ese lánguido desasosiego causante de dolor y sufrimiento, es un estado del alma que Von Trier conoce bien. Los griegos la llamaban la ‘bilis negra’, Hipócrates atribuía el estado de ánimo al influjo del planeta Saturno, y Aristóteles se preguntaba por la recurrencia de hombres excepcionales, marcados por la genialidad, que se encontraban afligidos por esta especie de tristeza pensativa, de mirada perdida. La iconografía de la melancolía es de gran riqueza en todas las artes y actualmente la medicina la aborda como depresión. A esta enfermedad sagrada, ahora se la trata con Prozac.

Así como Anticristo, Melancolía comienza con el final. Este prólogo visual, impactante, acompañado esta vez con las dramáticas e intensas notas de Wagner en Tristán e Isolda, es el fin del mundo, marcado con el sello personal de este director que se debate entre el horror y la belleza.

Hace bien en preocuparse, Von Trier: es una película muy pulida.

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