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El canto en otra dimensión

La mezzosoprano italiana se formó en el jazz y su carrera transcurrió luego en escenarios tan diversos como la música clásica y la canción tradicional europea.

07 de enero de 2014 - 06:20 p. m.
/ Wilfredo Amaya
Foto: {su nombre}
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El jazz le dio a Cristina Zavalloni la libertad para emigrar hacia cualquier lado. En su equipaje venían incorporados el talento, la potencia de una voz cuya procedencia es más que un enigma y la facilidad para convertir en su dominio miles de historias ajenas. Llegó al complejo escenario musical lista para ser escuchada, para ser vista también y, sobre todo, para soportar en su figura el peso del desempeño de los integrantes de una orquesta sinfónica, de una banda de rock o de un ensamble de jazz. La consigna desde siempre ha sido aproximarse al público sin el menor decoro y, al mismo tiempo, valorarlo de tal manera que quede ligado a su interpretación y establezca las diferencias con todas las demás.

Los elementos para improvisar se los dio el jazz, pero después se encontró en el camino con que quería profesionalizar sus recursos innatos y empezó su proceso de formación en el Conservatorio G.G. Martini, de su natal Boloña, Italia. Allí aprendió a contar historias, a relatar vivencias desde la música y a incrementar su capacidad para transmitir sentimientos y hablarle al oído a cada integrante del público, así estuviera ubicado en la última butaca del recinto. Su vocación histriónica logró canalizarse con las clases de danza clásica y contemporánea, conocimiento al que le saca provecho en todas sus actuaciones, tanto en la interpretación de personajes de la ópera como en historias elementales surgidas a partir de la tradición europea.

Cristina Zavalloni realizó una de sus primeras intervenciones en el círculo de la música mundial en 1993, con una creación elaborada especialmente para ella por el compositor Louis Andriessen, quien desde el comienzo se sostuvo en que quería que su partitura reposara en manos de una artista joven, versátil y con gran facilidad para pasearse por diversos estilos. El jazz le abrió el camino para actuar mientras canta y el conocimiento de varios idiomas le ha permitido acentuar con su cuerpo los contenidos de las canciones, convirtiéndolas en narraciones a las que se les incorporan, sin mayores esfuerzos, recursos audiovisuales.

Música de cámara de los más importantes autores del siglo XX, obras legendarias del repertorio clásico, jazz en sus términos más exigentes y canciones tradicionales de varias naciones de Europa nutren cada día las facilidades interpretativas de Cristina Zavalloni. Sin embargo, ella se ha encargado de multiplicar sus presentaciones porque le gusta compartir con el público sus propias líneas. En sus canciones busca hacer despegar su arte exhibiendo el baile y las dotes actorales que tanto reconocimiento le han dado en América y Europa. La mezzosoprano italiana se percibe en la tarima como única y cada quien es responsable de quitarle los ojos de encima mientras hace de las suyas con las partituras de Cage, Ravel, Poulenc, Stravinsky, Milhaud, Satie y De Falla, entre muchos otros.

La London Sinfonietta, la Orquesta Sinfónica de la BBC, la Orquesta Rai, el Ensamble Schoenberg y Los Angeles Philharmonic han respaldado a Zavalloni en algunos de sus conciertos. Pero así como su voz ha sido arropada por colectivos inmensos, también ha realizado conciertos con su banda en los que le da cabida al material incluido en sus trabajos discográficos ‘Idea’ (2006) y ‘Solidago’ (2009).

En el Cartagena Festival Internacional de Música, la mezzosoprano comenzó su participación el domingo pasado en el Cerro de la Popa con la ejecución de seis creaciones del compositor ruso Ígor Stravinsky (1882 – 1971), en compañía únicamente del pianista Andrea Rebaudengo. En esa ocasión, como en todas las demás, la voz en otra dimensión de Cristina Zavalloni fue suficiente para darle volumen a la noche.

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