La frase que tituló el festival caracterizó también los contenidos que el público cartagenero pudo presenciar en los múltiples escenarios dispuestos por la organización a lo largo de la ciudad para los distintos eventos —todos de entrada gratuita—, en los cuales se contemplaba la fusión cultural de nuestras costas y sus raíces en el Pacífico y el Caribe.
El miércoles 26 de marzo, en el centro de convenciones de Getsemaní, pudo apreciarse, por ejemplo, una muestra de los mares y su cercanía, porque los cuerpos de agua salada no están únicamente en nuestras fronteras, las aguas tienen ninguna y todas las naciones y, asimismo, los colores del Pacífico abarcan también el territorio asiático, especial invitado a la Ciudad Heroica.
En Getsemaní la expresión colombiana de la costa Pacífica tuvo voz y cuerpo presente gracias al grupo Bahía, la compañía de danzas folclóricas de la Universidad Libre de Cali y las cantadoras, matronas y narradoras de la nostalgia y diversidad en la región olvidada.
Este marco de selvas y mares sirvió a los bailarines de Periferia, grupo en el que confluyen la danza contemporánea, el hip-hop y el folclor caribe, para presentar su obra inédita Los condenados, una pieza que describe la historia de lo local en un proceso cargado de simbolismo, que contó con el trabajo de Lobadys Pérez, notable artista cartagenero del trabajo corporal.
Los grupos de jóvenes como Periferia son la demostración, a largo plazo, de una ciudad que se construye desde lo cotidiano como universo cultural de creciente dedicación y trabajo. Los colectivos Atabaques, el Colegio del Cuerpo y Permanencias vivieron y encarnaron la fusión de perspectivas al encontrarse con el maestro Ko Murobushi, el principal exponente de la danza butoh, arte japonés que busca atrapar lo efímero de los momentos y cargar en el cuerpo el dolor de la guerra y su violencia en cada movimiento.
Así como las tablas fueron constantes en el festival, también lo fue la plaza, elemento infranqueable de la ciudad amurallada. El cierre, una de las ceremonias de mayor aforo y expectativa, se celebró en la plaza de La Trinidad, paisaje que vivieron los habitantes del histórico Getsemaní, luchadores de la libertad en su tierra.
El evento, cargado de sorpresas, obsequió, la noche del sábado 29 de marzo, una pequeña presentación de los artistas que participaron en la festividad, entre los que se destaca el flamenco, de la mano de Stephanie Pedraza, nacida en Canadá, de corazón colombiano; las gemelas Kif-Kif, también canadienses, que entretuvieron a Getsemaní con un show circense que divirtió a grandes y adultos; Amalia Lu Posso, narradora del Pacífico y sus historias de erotismo, y un broche de oro musical, a cargo del saxofonista Kerry Frazier, quien abandonó el jazz por leves momentos para interpretar Rebelión y La pollera colorá.
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