Por estos lados del mundo oímos hablar del director nacido en Israel Eran Riklis, gracias a los sacudones que generó en la opinión pública su película (doceava en su lista) El árbol de limón, un drama inspirado en hechos reales que relataba la lucha de una viuda palestina en Cisjordania que un día se convierte en la vecina del ministro de Defensa israelí y a la que le ordenan cortar su cultivo de limones. Los árboles no sólo han representado su sustento diario, además se han convertido en su mayor compañía.
La historia, que logró colarse en las altas esferas de la corte de justicia de Israel y que fue llevada al cine por este director, no fue muy bien recibida en su tierra, pero por el contrario recibió aplausos del público internacional, que celebró esa mirada íntima, más humana, de todas las tensiones entre Israel y Palestina.
Eran Riklis regresa a las pantallas nacionales con ‘Una misión en la vida’, una película no menos política, pero que se olvida por un rato de las polarizaciones nacionales y que más bien se embarca en un nuevo drama: la vida de todos aquellos inmigrantes que viven y muchas veces mueren en tierras ajenas sin un rostro.
Una mujer rumana ha muerto tras un ataque suicida palestino y el director de recursos humanos de la más grande panadería de Jerusalén, en la que trabajaba la mujer, debe hacerse cargo de su cuerpo. Lo que al principio es una obligación molesta, se convierte en un viaje hacia su tierra, su familia y sus costumbres en Rumania. Se convierte en la posibilidad de mirar a ese otro invisible y en ese descubrimiento mirarse de nuevo a uno mismo.
En sus películas pasadas ha mantenido un tono político, ¿cuál debe ser la responsabilidad de los realizadores con las realidades políticas y sociales de sus países?
Creo que los realizadores de cine tenemos un deber: abrir los ojos de la gente a las complejidades de las realidades que ellos creen que conocen y entienden, pero que la mayoría de las veces son alimentadas por los cabezotes de las noticias y por preconcepciones, prejuicios y cegueras. Yo creo que las películas pueden encender luces, crear debates, pueden hacerte pensar de nuevo, y quizás en el largo proceso pueden cambiar maneras de pensar. En Israel muchos directores de cine se han dado cuenta de esto, así que desde la década pasada hay un creciente número de películas que han emprendido ese camino de traer una conciencia social y política desde la ficción. Espero que los cineastas se den cuenta de que esa es su misión.
¿Cómo describiría ese acercamiento particular que usted ha hecho a ciertas realidades del conflicto israelí-palestino en sus películas?
Yo busco los aspectos humanos de los conflictos sociales y políticos. Trato de enfocarme en los individuos y las situaciones que los rodean cuando se enfrentan a los sistemas políticos y sociales, no importa cuáles sean. Nosotros vivimos en un mundo político y las decisiones políticas tienen una alta influencia en nuestras vidas. Yo trato de observar todos estos procesos y llevarlos al cine.
En Colombia, el público se queja por la recurrencia del tema del conflicto en el cine, ¿cuál es la opinión del público israelí sobre la incidencia del conflicto en las películas locales?
El público a veces espera una vida fácil en el cine, pero creo que nosotros los creadores tenemos que mantenernos en el intento de hacer películas que relaten el mundo real, aunque, y esto es muy importante, también debemos proveer de dos horas de un entretenimiento emocional, provocador y reflexivo. La gente va al cine para disfrutar de ellos mismos en diferentes niveles y creo que nosotros tenemos que conocer eso y respetarlo, no tiene sentido hacer películas que nadie verá yo creo fielmente en comunicarme con una amplísima audiencia, así que trato de hacer mis películas tan comunicativas como sea posible.
¿Cuál diría es el tema que subyace esta nueva película?
El tema central es el aprendizaje de que la gente invisible que está a nuestro alrededor tiene una cara, una vida, una familia, amores y problemas. Tendemos a mirar los trabajadores extranjeros, a nuestros enemigos, a nuestros vecinos, como si realmente no los miráramos. Yo creo que si realmente lo hiciéramos nos veríamos a nosotros mismos en una mejor manera, eso precisamente es lo que le pasa al director de recursos humanos de la panadería.
Esta película está inspirada en un libro, ¿por qué decidió que era una historia para llevar el cine?
La historia tenía todos los buenos elementos que a mí me gustan: un contexto social y político, un interesante y muy fuerte personaje central, muy buenas locaciones en Jerusalén y Rumania. Además, es un road movie (película de carretera) que se convierte en un viaje humano hacia los secretos de su existencia. Es a la final una película de carretera que amo.