El novelista Javier Marías ha confesado que con esta novela, que ha bautizado Los enamoramientos, —sorprendido de que nunca nadie antes hubiera titulado una novela así—, sufrió de una profunda inseguridad. Una que lo llevó a dudar, unos quince días antes de entregarla a la editorial, si dejarla guardada o no en un cajón. No quería que fuera una de esas novelas de descanso. Javier Marías había terminado su extenuante trilogía Tu rostro mañana, y después de tantas letras escritas pensó que había dicho todo lo que como escritor tenía que decir. Pero sus cuatro décadas como narrador no se iban a celebrar en el vacío; más bien, prolífico como siempre ha sido, una historia fue cristalizándose, la de María Dolz, una mujer que trabaja en el mundo editorial y que es testigo de un matrimonio desecho por una muerte, una mujer que vive los desgarros de la impunidad y las vicisitudes de enamorarse. El libro, que prueba que su destino como escritor aún no está vencido, se lanzó ayer en Colombia, y desde Madrid el escritor habló sobre esos amores que para él no son más que puro azar.
¿Cuando intentó mirar a los ojos el enamoramiento humano con qué se fue encontrando?
En mis novelas es sabido que aparte de la historia, la trama y sus personajes, suele haber también reflexión y comentarios por parte del narrador para hacer sus digresiones y en esta novela efectivamente una de esas reflexiones tiene que ver con la negación de esa idea muy frecuente de los enamorados de pensar que de alguna forma había una cierta predestinación en el encuentro de dos personas. Hay una cierta intención de rastrear cómo se conoció el amor y de pensar, por ejemplo, que si no hubieran entrado en aquel bar o si no se hubieran ido a una ciudad lejana, no se habrían conocido. Esto es normal y a la gente le gusta mucho inventar esta mitología, a mí me parece, y en la novela se expresa, que esto es un poco falso.
Para mí el enamoramiento es un producto del azar, es una rifa, a veces es un problema de quién queda libre, dependemos mucho de quién se fija en nosotros y en quién nos fijamos, y por eso esta novela sugiere algo así como que los emparejamientos, en el fondo, son el resultado de un sorteo en una feria. Entiendo el deseo de los enamorados de ennoblecer su relación y de pensar en un destino, pero creo que es falso.
La narradora es una editora que tiene una mirada muy mala sobre los escritores, de alguna forma ¿encarna ella una opinión que usted tiene sobre sus pares?
Más que una editora es una mujer que trabaja en una editorial. Yo creo que las personas que trabajan en editoriales tienen una opinión muy regular sobre los escritores, porque los tratan de cerca, conocen sus manías, sus exigencias, sus pequeñas miserias, sus tacañerías. Esto no es que refleje mi opinión o relación general con mis pares, pero yo diría que entre las mejores personas que he conocido en mi vida, hay algunos escritores y entre los peores también; los escritores son capaces de reunir las virtudes mayores y los más grandes vicios.
¿Por qué tanta relevancia, en su narrativa, de los muertos? ¿Aquí como en otras de sus novelas el hilo conductor se teje en torno a un muerto?
Voy, en ese sentido, quizás un poco en contracorriente con la sociedad actual, por lo menos con la europea. Acá hay una especie de rechazo general hacia los muertos y la idea de la muerte; hay una tendencia a pensar que es algo de lo que no hay que hablar mucho, que a los muertos no hay que tenerlos mucho en cuenta. Estamos incluso llegando al extremo de considerar que los muertos son culpables de morirse y para mí todo eso me parece atroz. Para mí, y queda expresado en mis novelas, la muerte hace parte de la vida. Me es imposible olvidar a los muertos, son una presencia muy fuerte, y el hecho de que alguien haya muerto no me parece suficiente para que dejemos de contar con él, si se trata de alguien con el que hemos contado a lo largo de toda la vida. En esta novela incluso se revisa la posible o no conveniencia de que los muertos vuelvan, si es que pudieran volver.
Otro de los temas que atraviesa ‘Los enamoramientos’ es una pregunta sobre los significados de la verdad, un cuestionamiento sobre lo que se puede asumir como verdadero
Justamente, uno de los temas de esta novela, que además he tratado en otras ocasiones, es la imposibilidad de saber nada a ciencia cierta. Hay una frase que se aparece en un par de ocasiones en la novela y que me sirve para resumir este pensamiento: “La verdad es siempre maraña, incluso la verdad ya desentrañada”. Si nos ponemos a pensar en nuestra propia vida, que es sobre lo que teóricamente sabemos más, e intentamos contar lo que nos ha pasado, enseguida, cuando empezamos a narrarnos, nos encontramos con zonas de profunda penumbra. Esta sensación se desvela en una de las cosas que suceden hacia el final de la novela, que es que nadie sabe qué ha ocurrido, no logran saberlo al igual como pasa en nuestra vida, aunque siempre creamos que sabemos más verdades de las que en realidad conocemos.
De la mano de estos juegos con la verdad hay además otra noción rondando la historia, y es que sólo somos relato, somos lo que contamos de nosotros mismos.
Creo que es así, aquello de lo que no hay constancia, los crímenes no registrados, como sucede en la novela, son miles de vidas que no existen, vidas invisibles e inaudibles, en cierto sentido las cosas existen cuando se saben y se cuentan. En una novela vieja mía, Mañana en la batalla piensa en mí, de 1994, se decía que “el mundo depende de sus relatores”, lo sucedido en sí mismo nunca es nada si no hay memoria de eso o relato de eso. Es posible que esta historia de ficción vaya a quedar quizás con mayor nitidez que cualquier historia real en la memoria de quienes la lean.
La crítica ha calificado esta como una novela ensayo…
No estaría muy de acuerdo con que mis novelas sean eso, incluyo muchas digresiones, pero procuro no olvidar que escribo eso, novelas. Y una novela es una representación con personajes y conversaciones. Lo que sí tienen mis novelas es lo que yo he llamado en ocasiones “pensamiento literario”. Son como fogonazos, flashes que el lector percibe como verdaderos. La novela para mí no es tanto una forma de conocimiento, sino de reconocimiento. Lo que las novelas nos producen es que ante cierta escena o cierta reflexión uno dice: “esto yo lo sabía ya, aunque no sabía que lo sabía”.
¿Superó con esta novela el agotamiento de su trilogía ‘Tu rostro mañana’?, ¿ empieza ya a escribir algo más?
No estoy escribiendo aún nada. El 6 de abril se puso a la venta este libro en España y en este periodo no hecho más que promoción y entrevista. Tengo la sensación de que publicar casi lleva más tarea que escribir los libros, así que no he tenido la tranquilidad mínima para empezar a escribir nada más. Y en cuanto al agotamiento, parece haberse superado.