La primera de éstas, es una honda reflexión sobre el concepto de Estado, so pretexto de un escritor australiano que es invitado a colaborar en los ensayos Opiniones contundentes. En las disertaciones de este personaje nos embarcamos partiendo desde los orígenes del Estado: “Desde el momento en que nacemos somos súbditos. Un distintivo de esa condición es el certificado de nacimiento… Lo que le importa al Estado y sus registros es saber si el ciudadano está vivo o muerto”. A continuación encontramos una reflexión sobre el concepto ácrata de Estado y se entiende que el anarquismo ofrece más de una alternativa desde Proudhon hasta los anarquistas de hoy.
En este razonamiento se propone una tercera vía. “Es la vía del quietismo, de la oscuridad voluntaria, de la emigración interior”. La novela con el subterfugio del encargo del libro de ensayos nos guía a las dudas que lleva la democracia, Maquiavelo, quien decía “infringir la ley moral está justificado cuando es necesario”, sobre el terrorismo, “de ahí la Bahía de Guantánamo, que es más un espectáculo que un campo de prisioneros de guerra: una atroz exhibición de lo que les puede suceder a unos hombres que deciden jugar al margen de las reglas del juego”. Sobre Al Qaeda, las universidades, la maldición, la pedofilia, la matanza de animales, la gripe aviar, Zenón, la probabilidad, la razia, el asilo en Australia, Tony Blair, etc.
Mientras se van presentando estas y otras razones, se desarrolla una historia paralela, que se cruza con otra narración. Novela que ofrece varias formas de lectura: leer las dos historias paralelas al tiempo, o hacerlo de manera independiente, ese universo fraccionado en forma de síntesis de los engendros que deja el imperio.