Cuando el pasado domingo 3 de junio la pantalla del televisor se puso oscura para dar paso a los créditos en el último capítulo de la segunda temporada de Juego de tronos, comenzaba una maratón de récords que todavía sigue marcando: 4,2 millones de televidentes en Estados Unidos se pararon frente al televisor para ver los 65 minutos del último capítulo, para convertirla en la tercera serie más vista en la historia del cable en este país (detrás de True blood y The Sopranos) y en el mundo, 25 millones de descargas la convirtieron en la serie más pirateada de la historia.
Eso es Juego de tronos. Lo que comenzó como un libro escrito por el afable George R. R. Martin, con regulares ventas, pero con cálido recibimiento de la crítica en 1996, ahora es una bola de nieve enorme que no sólo incluye a la exitosa serie de HBO, ni a los libros de la saga de la Canción de hielo y fuego, de Martin, que ya alcanzan los 20 millones de ejemplares vendidos, sino una penetración en la cultura popular que va desde versiones en gaitas y perroflautas en Youtube del tema principal, hasta una elaborada versión en figuritas de Lego del cabezote inicial, pasando por páginas de fanáticos a manos llenas, foros de discusión y el aprendizaje del lenguaje dothraki, creado especialmente por un centro de lenguas y que obligó a HBO a estrenar en simultánea en el resto del mundo la segunda temporada.
Los críticos, más allá de alabar la calidad de la serie, en la que se han invertido una gran cantidad de monedas (el piloto costó 10 millones de dólares y para el capítulo noveno de la segunda temporada, que recrea la batalla de Blackwater, Martin afirmó que buscaron los centavos hasta debajo de las piedras), destacan el cuidado de los detalles. Muchos críticos, por ejemplo, llaman la atención sobre algo sutil, pero que afirma el carácter de la serie: en el cabezote inicial, digno de una obra de arte en miniatura, se ubican las regiones donde se va a centrar la narración de dicho capítulo, a modo de guía.
Aunque la razón de llevar el libro a la televisión fue su compleja trama, llena de venganzas, conspiraciones, engaños y mucha intriga alrededor del poder y en sí es el fondo de su atractivo, ha tenido otra fortaleza ineludible y es que no se ha alejado de la versión original del libro. “Si algo ha tenido Juego de tronos es que a diferencia de Harry Potter o El señor de los anillos, la serie no se aleja nunca de lo que fue escrito en los libros. Y eso los fanáticos lo han agradecido convirtiendo la serie en un fenómeno global”, le dijo a El Espectador el analista de televisión Jaime Grau.
En la reciente gira de promoción de la serie por Latinoamérica con los actores Kit Harington (Jon Snow), Richard Madden (Robb Stark) y Alfie Allen (Theon Greyjoy), las sorpresas fueron muchas. “Hemos hecho giras con las otras series de HBO, pero esta vez no sólo había fans, sino periodistas disfrazados de los personajes de la serie, paparazzis, fanáticos agolpados en las puertas de los hoteles”, dijo para El Espectador Miguel Ángel Oliva, vicepresidente de Relaciones Públicas de HBO Latinoamérica.
El fenómeno va más allá de las muestra de afecto o pasión. Por ejemplo, en la red se pueden encontrar miles de ejemplos de esa pasión por todo lo que provenga del show o simplemente ganas de replicar lo que ocurre en la pantalla. Mathew P. y Mónica García realizaron A clash of lego, una versión propia del cabezote inicial en stop motion, utilizando figuritas del famoso juego Lego o el colectivo de College Humor (www.collegehumor.com) se adelantó a los deseos de convertir la serie en un videojuego y produjo los principales eventos de la primera temporada en una resumida y divertida visión en 16-BIT RPG, como se programaban los videojuegos de Supernintendo como Contra o Street fighter hace 15 años. Eso sin contar las mil y una versiones de la canción principal interpretadas con gaitas, violines, piano y singsalone.
Para el Día de San Valentín de este año, Chris Bishop, ilustrador y director creativo de PBS Kids, diseñó una serie de románticas tarjetas basadas en los personajes principales de la serie. Entonces podemos tener la de un dibujo de la dulce y aguerrida Daenerys Targaryen ofreciendo un corazón recién arrancado de algún pecho en la mano y diciendo “Lo siento, el dothraki no tiene palabras para San Valentín”, la del eunuco Varys con la leyenda “No tengo partes íntimas, pero sí corazón” o la del promiscuo gnomo Tyrion Lannister explicando “De todas las prostitutas, tú eres la más lista”.
Lo más curioso es que el afán de los fanáticos no termina en hacer sus propias versiones de lo que pueden hacer en sus laptops o sus estudios caseros de televisión, sino que quieren apropiarse de cosas de la serie. Cuando estaban en proceso de preproducción, los productores de HBO quisieron darle un detalle más de fineza a la historia: los dothraki, la tribu de nómadas a la que se une la princesa desterrada Targaryen, dentro de la saga de libros, tenían un lenguaje ajeno al que se habla en los siete reinos del Poniente, pero no pasaba de las 30 palabras. Entonces decidieron llamar a la Sociedad de Creación de Lenguas, LCS por sus siglas en inglés, que tiene su sede en California, para que creara un lenguaje, con gramática propia, para la serie.
“Los directivos de LCS invitaron a varios de los miembros a postularse para participar en el proyecto. Al final fue escogido el mío, que nace a partir de las palabras que estaban en el libro y que no se podían cambiar e hicimos un lenguaje diverso basado en el latín y el español de casi 1.800 palabras, que son las que se pueden escuchar cada domingo en la serie”, explicó David Peterson, creador del idioma dothraki.
En otras ocasiones ya se habían creado lenguajes originales para otras series de televisión, como el kinglon para Viaje a las estrellas o el mismo elfo que se inventó J. R. R. Tolkien para su legendaria saga El señor de los anillos. Lo curioso es que ahora David ha comenzado a dictar cursos a muchos fanáticos que quieren aprender el idioma que se habla en la serie, y de hecho, creó una página de internet donde se puede acceder a dichos cursos.
“Hay fanáticos de la forma en que se habla dothraki. Les gusta cómo suena. Entonces lo que hacemos es que nos ponemos a ver los videos de la serie donde se habla, los estudian, aprenden su gramática y pronunciación, y después de algunos meses muchos de ellos hasta escriben textos en dothraki, lo que me parece alucinante, pero a la vez divertido”, anotó Petersen.
Todavía faltan al menos dos libros más de la saga y HBO ya prepara la tercera temporada para estrenarla en abril del año entrante. Mientras tanto, la pasión global seguirá aumentando hasta que el invierno llegue por fin al poniente.