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El líder que cambió la historia de España

Adolfo Suárez, primer presidente del gobierno durante la transición democrática en España tras el fin del franquismo, murió este domingo a los 81 años, tras más de una década afectado por el alzhéimer.

23 de marzo de 2014 - 09:07 p. m.
/AFP
Foto: AFP - –
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Fue una de las figuras más emblemáticas del delicado período de transición que permitió a España pasar la página de una dictadura iniciada en 1939 tras tres años de Guerra Civil. Adolfo Suárez González, quien falleció este domingo 23 de marzo a los 81 años, tras padecer durante más de una década alzhéimer, había sido hospitalizado el lunes 17 de marzo en una clínica de Madrid debido a una infección respiratoria. El viernes, su hijo Adolfo Suárez Illana había anunciado en una rueda de prensa que el estado de salud de su padre se había degradado muy rápidamente y que el desenlace era “inminente”.

Suárez entra a la historia por su coraje, pues fue el que más se empeñó, en una época peligrosamente incierta, en promover el diálogo y la distensión. En todos sus discursos, según recuerdan periódicos españoles, se hicieron constantes los llamados al “acuerdo”, al “esfuerzo común” o a la “concordia”, y toda su actividad política fue la prueba de ese empeño.

Antiguo hombre del aparato franquista, Adolfo Suárez había sido encargado por el rey Juan Carlos en 1976 de formar el segundo gobierno de su reinado. Coronado el 22 de noviembre de 1975, dos días después de la muerte de Franco, el monarca había mantenido en el poder al jefe del gobierno franquista Carlos Arias Navarro durante unos meses. El mandato de Suárez fue ratificado después por las urnas en las primeras elecciones democráticas, el 15 de junio de 1977.

Fue presidente cinco años y medio, una época particularmente difícil por los esfuerzos de la extrema derecha, el terrorismo de Eta y conspiraciones franquistas para dejarlo acometer los cambios que convirtieron a España en una democracia. Entra a la historia no sólo por haber hecho un auténtico cambio, sino por la velocidad que les imprimió a las reformas. Recuerda Soledad Gallego-Díaz en un artículo publicado por el periódico El País de Madrid, que dos años y medio después, aquel “simpático político”, como muchos lo describían, al que la mayoría comparaba con un dependiente de grandes almacenes, un funcionario de medio pelo con un currículo muy poco presentable, había concedido una amnistía que todavía no era total pero que desbloqueaba las relaciones con la oposición; había hecho aprobar una ley de reforma política que dinamitaba, desde la legalidad, toda la estructura franquista; había disuelto el Movimiento Nacional, legalizado al Partido Comunista de España y a los sindicatos Comisiones Obreras y UGT; había creado un nuevo partido político, UCD, y celebrado, y ganado, las primeras elecciones democráticas desde la República; había puesto en marcha unas cortes constituyentes, que elaborarían la primera Constitución de consenso en la historia española…. No tardó ni quince días después de ganar esas elecciones del 15 de junio de 1977 en presentar la candidatura formal de España para ingresar en la entonces Comunidad Económica Europea y no pasaron ni cuatro meses antes de autorizar el regreso a España de Josep Tarradellas como presidente provisional de la Generalitat de Catalunya, y antes de recibirlo con un fuerte apretón de manos en la Moncloa.

“Durante todo este tiempo, Adolfo Suárez insistió, una y otra vez, en el mismo mensaje: “Os invito a que iniciemos la senda racional de hacer posible el entendimiento por vías pacíficas”. “Este pueblo no nos pide milagros ni utopías. Pienso que nos pide, sencillamente, que acomodemos el derecho a la realidad”. “Quitemos dramatismo a nuestra política”. “Reconozcamos la realidad del país”, relata Gallego-Díaz.

Sin embargo, a partir de 1979, año de su segunda victoria electoral, emprendió un declive debido a problemas en su partido, la crisis económica, la agitación militar, el problema de la autonomía de las regiones españolas y los atentados de la organización armada independentista vasca Eta. Estas dificultades, a las que se unió la retirada del apoyo del rey, lo llevaron a dimitir por sorpresa en enero de 1981, días antes del intento de golpe de Estado militar del 23 de febrero, que fue aplacado por el monarca.

Suárez “se derrumbó psicológicamente”, describe Tusell en su libro La transición a la democracia. “Se le habían hecho patentes de manera súbita sus propias limitaciones”, falta de formación, miedo al parlamento, desconfianza y osadía a la vez, explica. Pese a todo se presentó a las elecciones de 1982 —que ganaron los socialistas de Felipe González—. A finales de 1989, Adolfo Suárez fue elegido presidente de la Internacional Liberal y Progresista, cargo en el que estuvo casi dos años para después quedar como un miembro más del comité ejecutivo. Su misión fue extender la ideología liberal en América Latina, donde, aunque ya llevaba años fuera del poder, era visto como el autor de la transición democrática española.

Nombrado duque de Suárez por el rey, del que recibió en 2008 el Toisón de Oro, la más alta distinción que concede la Casa Real, vivía apartado de la vida pública, aquejado de alzhéimer. “Mi padre no recuerda que fue presidente, sólo responde al afecto”, explicó su hijo Adolfo en 2005, admitiendo por primera vez públicamente la enfermedad. “Mi gratitud hacia Suárez es honda y permanente y mi dolor hoy es grande”, dijo el rey Juan Carlos ayer: “Fue protagonista de los capítulos más brillantes de la Historia de España: la transición protagonizada por el pueblo español”.

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