Usted ha realizado aproximaciones con la música del Brasil, ¿qué tan similar ha resultado esa experiencia con la incursión que hace ahora en el folclor llanero en el Cartagena Festival Internacional de Música?
La similitud entre ambas experiencias está dada por la manera en la que me aproximo a cada sonido, pero el resultado es totalmente distinto. Los europeos piensan en América Latina como un estereotipo y cuando la gente de ese continente va a escuchar música de este lado del mundo, tiene que corresponder al sonido que tiene en la mente. El caso colombiano es muy distinto, porque existen pocos especialistas en Italia en manifestaciones como la llanera, incluso piensan que en América Latina solo hay salsa. En Europa se habla de una crisis económica, pero para mí es una crisis cultural y para ese continente es muy apropiado tomar la ayuda que pueda dar América Latina.
¿Este momento de crisis en Europa puede generar un movimiento cultural importante?
La época de crisis en Italia trajo a personajes tan importantes como Federico Fellini. Yo creo que esta época es distinta porque por el momento no se ve que vaya a surgir algo mejor. Para mí es muy importante enfocarme en lo que los latinoamericanos nos puedan enseñar a los europeos. He aprendido mucho de este continente en lo profesional y en lo sentimental, no entendido como el amor hacia las mujeres, sino del trato con una cultura que tiene una historia dramática, con una invasión agresiva. Sin embargo, los americanos pudieron sacar lo bueno de esa colonización para luchar por encontrar su identidad.
Usted es un consagrado concertista clásico, ¿cómo fue su encuentro con el jazz?
Mi encuentro con el jazz hace parte de esa búsqueda en la que estoy. Para un instrumentista como yo hubiera sido muy frustrante estar limitado a la música de Europa. El jazz me abrió mil ventanas, mil posibilidades. Gracias al jazz pude abrir la cabeza para tocar estilos no clásicos, como por ejemplo la música llanera en el Festival de Cartagena. Con Elvis Díaz (arpa) y Juan Carlos Contreras (bandola), con quienes he ensayado mucho, he aprendido a sentir y a relajarme.
En 1996 usted fue declarado Nuevo Mejor Talento del Jazz, ¿qué representó para su carrera este reconocimiento?
Yo era muy joven en ese entonces. Creo que el premio me llevó a seguir aprendiendo. Sin duda me otorgó fama, pero en verdad nunca he estado muy interesado en los premios.
Los escritores dicen que empiezan a escribir obras que realmente valen la pena después de los 40 años, ¿a los músicos les sucede lo mismo?
Así es. Cuando se es joven hay más energía, más pulmones, más intensidad, pero es necesario vivir antes de tocar.
Usted ha tocado con personajes como Rabih Abou Khalil o como John Cage, ¿qué aprendió de ellos?
Con personajes como ellos se aprende de todo, pero creo que su principal enseñanza es mostrarme el camino para encontrarme conmigo mismo. El clarinete para mí ahora es fundamental no solo como instrumento, sino como herramienta para conocer gente. Cuando me crucé con John Cage él tenía casi 90 años, mientras que yo tenía 17, y eso me sucedió gracias al clarinete. Ahora me pasa lo mismo con Elvis Alejandro Díaz y con Juan Carlos Contreras. Con ellos no hablamos el mismo idioma, pero compartimos un nivel muy profundo de emociones.
¿Cómo logró hacer un ensamble de clarinetes en el proyecto Namaste?, ¿cómo hizo para que no se pisaran unos con otros?
Son muy compatibles clarinetes tocando con clarinetes. No se pisan para nada. El acordeón es como una pequeña orquesta de clarinetes, porque está hecho a partir de pequeñas cañas. Por eso es que las músicas tradicionales de Italia, la hebrea y la de Europa Oriental tienen esa combinación entre acordeón y clarinete. Un ensamble de clarinetes como Namaste es como un acordeón sonando.
Usted debutó en el teatro con la obra ‘Chisciotte e gli invincibili’, ¿cómo le fue?
Yo me dediqué a hacer la música para esa obra de teatro y complementé mi trabajo con el escritor y con los actores. Yo tenía que tocar el clarinete mientras se desarrollaban las escenas en una cocina en que bebían y conversaban. Yo lo que hacía era improvisar.
‘Canto de ébano’ fue muy bien comentado por el público y la crítica, ¿para usted también fue así de relevante?
Es un poco presuntuoso pensar que algo de lo que uno haga pueda ser importante para la gente. Para mí, sin duda, fue vital porque fue un proyecto de amigos y me ayudó mucho en mi parte sentimental. Ahora pienso que ‘Canto de ébano’ resume para mí lo que es el concepto de hogar, porque el ébano es la madera de la que está construido el clarinete.
Los trompetistas dicen que su instrumento es la voz femenina, los trombonistas dicen que es la voz masculina, ¿cuál es la voz del clarinete?
El sonido es el canto de ébano. Es la voz de una mujer hermosa. Yo nací hombre, tengo una voz horrible y soy bastante feo, así que me tocó resolverlo tocando el clarinete.