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El manicomio de Franco

El director español habla de su película ‘El hombre de arena’, en salas a partir de este viernes.

12 de junio de 2008 - 03:46 p. m.
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En la España franquista ser vagabundo, habitante de la calle, prostituta, homosexual, entre otras categorías, era un delito castigado por la Ley de vagos y maleantes. Quienes fueran encontrados en las calles eran recluidos en centros psiquiátricos que desaparecieron a mediados de los años 60, cuando perdió vigencia dicha legislación. 

En este contexto histórico, el director español José Manuel González narra la historia de una joven médica que descubre, pasados los años, al verdadero amor de su madre, reclusa en un centro mental al que llegan los vagabundos y otras personas judicializadas por la ley de vagos y maleantes. En entrevista, el director habla del guión y de cómo fue dirigir su ópera prima.

¿Cómo llegó a la historia?

Empecé del desconocimiento que tuve de alguna noticia y de algún recuerdo de la infancia. ¿Qué sucedía en los manicomios cuando nadie podía entrar ni salir, qué tipo de gente había dentro? Descubrí que allí sucedían cosas que no han trascendido demasiado o que la memoria histórica ha olvidado. Que allí había un tipo de gente que merece por lo menos ser nombrada.

Primer guión,  primera película…

Es un gran reto, una empresa única. Complicado de definir porque la industria cinematográfica es compleja, entrar es difícil y levantar un proyecto como este ha costado mucho. Creo que nos ha ayudado bastante tener una idea muy sólida y hacer un equipo muy fuerte para construir este proyecto, al que se han ido sumando actores y equipo técnico con una visión bastante clara de lo que se quería hacer.

¿Hay algo que quisiera que la película dijera y que no se haya dicho?

No sé, creo que se ha dicho casi todo. Es una forma diferente de decirlo. Creo que la película, si funciona bien, dirá muchas cosas que yo ni siquiera sabré que las ha dicho. Plantea que en la vida hay que tomar decisiones que marcan la continuidad del día siguiente.

 Esas decisiones pueden ser positivas o negativas y cada uno tiene que afrontarlas como le vengan. Nuestro protagonista toma una decisión y nuestra protagonista toma otra. Ese cruce de conceptos son los que determinan la actuación de nuestra historia.

¿Ha puesto especial interés a alguna de las áreas técnicas, fotografía, dirección de arte?

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A todo. La verdad es que he procurado que no falte nada. Siendo mi primera película no me quiero permitir el lujo de cometer el más mínimo error.

El ‘casting’ combina actores veteranos con jóvenes promesas…

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Los personajes se construyeron en el guión. No se ha escrito ni un solo personaje para un actor. Cuento con el elenco que buscaba. He ido encontrando en ellos vértices y matices que desconocía y que me han dejado en algún caso boquiabierto. Creo que son un acierto.

¿Cómo trabajó la relación de amor entre los dos protagonistas?

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En el guión, entre los personajes de Mateo y Lola hay química. Buscábamos dos actores en los que se produjera esa chispa.

¿Cómo preparó el personaje del bebé que aparece en la película?

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Pues lo preparé hace un par de años, porque es mi hija (risas). Necesitábamos un bebé y por experiencia sé que trabajar con bebés es muy difícil. Con mi hija puedo en apenas diez minutos tener la secuencia hecha y la relación con María fue fantástica.

¿A qué tipo de público va dirigida la película?

Creo que para todos los públicos, para la gente que le gusta el cine de verdad. Es una historia con contenido de principio a fin, en cada secuencia ocurren cosas.

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