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El mundo es tartamudo (Opinión)

Es extraño. Solo el 1% de los adultos tartamudean, sienten la ansiedad de estar persiguiendo sílabas que no llegan y la desesperación de aferrarse a otras que se repiten sin cesar. Y, sin embargo, ese otro 99% también, alguna vez en la vida, sufre la ansiedad de no encontrar las salidas o las soluciones a las palabras que se escapan para no volver.

16 de marzo de 2023 - 07:35 p. m.
«Ahogarse y salir a flote como el ritmo de un tartamudo, hasta que salga el sol y evapore el agua»
Foto: Eak K - Pixabay
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Tartamudear es como estar ahogándose. Ahogándose no precisamente en un océano infinito, sino en un charco, un charco poco profundo que se niega a secarse. Tartamudear es saber que pronto saldrán las palabras, como los charcos que se secan, pero en ese silencio entre letra y letra, los segundos más bien parecen un océano, un océano infinito que no acaba. Y entonces al tartamudo le falta el aire, el aire que está todo alrededor y que el tartamudo es incapaz de atrapar.

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Cuando por fin salen las palabras, por más de que se traten del verso más hermoso del mundo, salen disfrazadas de saltimbanquis. Sin ritmo, con el sentimiento perdido, esforzándose por hacerse entender. Por eso es que cuenta la leyenda que todo tartamudo es un romántico, porque no hay peor vicio que perseguir lo que no se logra alcanzar.

Y a pesar de estar privados de amor, el consuelo del tartamudo es tener la certeza de que, en el fondo, todas las personas, de alguna u otra forma, sufren de alguna tartamudez. Todas, sin excepción, se ahogan. Se ahogan en el sinsentido existencial de sus vidas, o en la muerte de quien los besó el día anterior, o en las heridas que en lugar de sangrar se enquistan en el alma, o en los futuros que quisieron y son imposibles de tener. Todos se ahogan, pero todos, asimismo, esperan salir a la superficie de alguna forma. Esperan tener la fuerza suficiente para atrapar el aire, respirar, dejar salir las palabras sin que los atenace el existencialismo, o el luto, o el dolor o a falta de fe. Todos esperan poder decir, al final, que su vida logró convertirse en el verso más hermoso del mundo.

Quizás esa sea la definición del sentido: de ahogarse y salir a flote una y otra vez sin desfallecer, por más de que el agua del océano que no es más que un charco nos envuelva en remolinos. Ahogarse y salir a flote como el ritmo de un tartamudo, hasta que salga el sol y evapore el agua.

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