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«El mundo nos envía basura, nosotros le devolvemos música»

Los niños de Caetaura, un pueblo Paraguayo, conformaron una orquesta en la que interpretan instrumentos musicales de material reciclable.

11 de enero de 2014 - 01:17 p. m.
Landfill Harmonic, Orquesta de Instrumentos Reciclados de Cateura, durante un concierto en Madrid. / AFP
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Cateura, un pequeño pueblo ubicado en el suroccidente de Paraguay, es uno de los vertederos de basura más grande de ese país. La vida de sus habitantes se desenvolvía entre desperdicios, malos olores, epidemias e inmensos carros recolectores que diariamente realizaban monótonos recorridos alrededor del pueblo hasta encontrar un lugar apropiado para arrojar las toneladas de desechos que traían a bordo desde Asunción, la capital del país.

En 2006, sin embargo, la rutina cambió: un músico ambientalista llamado Favio Chávez decidió hacer de las sobras de cientos de paraguayos una herramienta para elaborar instrumentos musicales.
Fue así como, entre la basura, nació Landfill Harmonic, la Orquesta de Instrumentos Reciclados de Cateura que hoy, siete años después de su fundación, cuenta con 40 jóvenes músicos y más de 150 niños que se encuentran en proceso de formación, según la agencia de noticias EFE.

La conformación de la orquesta estuvo inspirada por las ideas de Luis Szarán, compositor e investigador musical paraguayo que ha impulsado en el país suramericano el proyecto “Sonidos de la tierra”, encaminado a promover la formación musical en entornos socialmente desfavorecidos.

Donde la mayoría sólo ven latas de pintura, barriles de aceite, cañerías usadas y botellas de plástico inservibles, Favio Chávez y los niños de Cateura pudieron imaginar violas, flautas, saxofones y contrabajos. “Nada ni nadie es desechable: ni la basura ni las personas”, asevera Chávez cada vez que se dirige a sus alumnos.

Nicolás Gómez, un ‘gachero’ o recolector de basuras, ideó la forma para que ninguno de los pequeños músicos se quedara sin instrumento. Sus conocimientos sobre reciclaje, adquiridos durante cinco décadas vividas entre los escombros, y su impresionante habilidad manual le han permitido construir los instrumentos musicales con los que la orquesta ha interpretado las mejores obras de la música clásica durante sus repertorios en países como España, Estados Unidos, Noruega y Japón.

“Cateura no es un lugar en el que las personas puedan adquirir un violín tradicional, éste resultaría más costoso que cualquiera de sus viviendas”, cuenta Chávez. Sin embargo, la pobreza no ha sido un impedimento para ofrecer una formación “humana y profesional a jóvenes y niños”.

Valencia Báez, por ejemplo, es una joven de 21 años que posee una viola construida con un recipiente de pegamento industrial, una cuchara, madera de embalajes y una asadera vieja de sopa paraguaya. Según ella, su viola, como el resto de instrumentos, “tiene alma”. Si no fuera por esto “muchos jóvenes hubieran podido caer en la delincuencia o en la droga” o en cualquier otra problemática de una comunidad que enfrenta una grave “descomposición social”, dijo Báez.

Favio Chávez señala que “los residuos no sólo son una cuestión técnica, sino que también representan una problemática social que afecta la vida de comunidades y, más aún, de personas que viven en lugares como los vertederos”. De ahí la importancia de crear y respaldar proyectos ambientales que trasciendan el interés ecológico para convertirse en verdaderas iniciativas de gestión social y cultural, explica Chávez.

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Con el dinero que ha reunido durante las giras internacionales, Landfill Harmonic planea crear infraestructuras que permitan fundar nuevas orquestas y escuelas musicales en algunos pueblos de África y Haití que enfrentan una situación similar a la de Cateura.

“Esta orquesta es una utopía que va más allá de lo musical y de lo ambiental, es todo un símbolo social”, concluye Tadeo Rotela, contrabajista de la Orquesta Sinfónica Nacional del Paraguay y profesor voluntario en Cateura.

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