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El papel del fútbol

‘El fútbol se lee’ es el nuevo ejemplar editado por Idartes, que recoge otras narrativas sobre el fútbol y que desde el próximo jueves estará en parques y estaciones de Transmilenio.

08 de agosto de 2011 - 05:00 p. m.
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Si Jorge Luis Borges invitó a una conferencia sobre la inmortalidad en 1978 a la misma hora y cerca del estadio en el que la selección argentina debutaba en el Monumental de Buenos Aires, sólo para hacerle contrapeso a tan avasallador fenómeno. Si Albert Camus le dio tregua a su existencialismo para admitir que todo cuanto sabía con mayor certeza sobre la moral y las obligaciones de los hombres se lo debía al fútbol. Si el escritor español Javier Marías le ha regalado letras al jugueteo con el balón admitiendo que “el fútbol es la recuperación semanal de la infancia”. Y el checo Milan Kundera entre poemas y novelas ha confesado que “tal vez los jugadores tengan la hermosura y la tragedia de las mariposas, que vuelan tan alto y tan bello pero jamás pueden apreciarse y admirarse en la belleza de su vuelo”. Si tantas historias se tejen entre gritos de hinchas y gambetas, es quizá porque el fenómeno del fútbol es algo que va más allá del marcador de turno y 90 minutos detrás de una pantalla de televisión.

Con esta verdad como impulso, la Secretaría Distrital de las Artes (Idartes) convocó a Luis Alejandro Díaz, un joven que tras su maestría en filología hizo de los cruces entre literatura y fútbol su gran pasión, para realizar el ejemplar 76 de la colección Libro al Viento. Uno que esta vez se ocupará de una consigna: El fútbol se lee.

Sabía el compilador, con su corazón futbolero y sus ojos de lector confeso, que algunos grandes ya habían hecho sus mejores apuestas para desentrañar eso que enloquece a los países y hace que entre amigos un pacto de silencio se cierre para siempre. Había leído a Osvaldo Soriano; por supuesto, también a Jorge Valdano, sabía casi de memoria los cuentos de Fontanarrosa y podía repetir sin esfuerzo unas cuantas líneas: “Pronto aprendí que la pelota nunca viene hacia uno por donde uno espera que venga. Eso me ayudó mucho en la vida, sobre todo en las grandes ciudades, donde la gente no suele ser siempre lo que se dice derecha”, que le había leído a Camus, ese autor que, sabía, todo el que intentaba hablar de fútbol desde una perspectiva diferente a la del registro periodístico solía citar.

Sin embargo, por la naturaleza misma del proyecto Libro al Viento, que se lleva a cabo desde 2004, Luis Alejandro Díaz quiso apostar por hacer una compilación de escritos realizados por narradores colombianos para visibilizar textos menos canónicos, y no por eso menos especiales, que muestran que desde nuestras provincias y ciudades también la vida se ha jugado como el fútbol. Encontró pocas antologías, una de la Universidad de Manizales y otro par de sellos privados, pero por el contrario, encontró un despliegue de textos que decidió incluir en el nuevo ejemplar.

“Estos cuentos encierran fracaso, dolor, recuerdos, gloria, amistad, juventud, miedo, pasión, goles, sexo, infancia y muchos sueños. Al mismo tiempo nos dotan de héroes y gestas… en el fútbol tenemos leyendas y mitos en los que creemos a ciegas porque los hemos visto entrar al campo de juego como hombres y salir como dioses”, consigna Luis Alejandro Díaz en el prólogo del libro, que se presentó ayer en la librería Casa Tomada y que se lanzará el próximo jueves 11 de agosto, de 9 a.m. a 11 a.m., en la Plaza de los Alfiles del centro comercial Gran Estación.

Con lápiz y papel en mano, el joven compilador empezó a parar un equipo “sin haber hecho nunca el curso de director técnico”. Se encontró con el texto Testimonio de un creyente, DIM, de Darío Jaramillo Agudelo, con relatos que Mario Mendoza y Ricardo Silva, Óscar Collazos y Daniel Samper Pizano le habían regalado al ‘esférico’; descubrió que Laura Restrepo no pudo rehuir a su destino futbolero una vez descubrió que su bisabuelo, Nemesio Camacho, había sido el que había donado los terrenos para la construcción de El Campín, y que el periodista Fernando Araújo Vélez había creado en su texto La desilusión de un hincha un personaje capaz de encontrar la conexión entre la generación de 1975, que vio perder a la selección Colombia la final de la Copa América, y la de su hijo, a la que le tocó disfrutar los logros de la selección Colombia en los 90.

No pudo rehuir a la tentación de incluir en ese libro, que sumaría 40 mil ejemplares y que circularía por toda la ciudad, en bibliotecas, estaciones de Transmilenio y parques, algunos textos internacionales de los que se consiguieron los derechos. Así, entre las 140 páginas dejó colar los cuentos Lenin en el fútbol, del mexicano Guillermo Samperio; Memorias de un wing derecho, de Roberto Fontanarrosa, y El mundo es de los inocentes, de la periodista argentina Luisa Valenzuela, quien narra las vicisitudes de una mujer que tiene que ir detrás de un equipo de fútbol por toda Latinoamérica.

“Estos cuentos son testimonios de que en el fútbol se ponen en evidencia las mañas del poder, se revela el amor, la guerra. Encontramos ladrones, héroes y caídos. Pero sobre todo revelan que el fútbol se puede jugar en una cancha diferente, la del libro, y con una pelota igual de hermosa, la palabra”, concluye Luis Alejandro Díaz.

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