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El piano

Su pasión por la música debió nacer porque un día, en una emisora de Londres, oyó a un grupo que causaba furor, como afirmaba el locutor en su presentación, pero no tenía mayor futuro.

26 de febrero de 2011 - 05:00 p. m.
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Con ustedes, The Beatles, dijo el señor, y sonó Help. Algunos meses más tarde, los periódicos y la televisión publicaban y publicaban historias y fotos del grupo. Que eran de Liverpool, que se habían formado en oscuros bares de Hamburgo, que pretendían modernizar el mundo. Aparecían con un mechón en la cara y sacos de solapa levantada, y eran rebeldes, decían las señoras, y anárquicos, decían los señores, y demonios, decían los puritanos, pero a él lo sedujeron. Ellos fueron ese ínfimo detalle que lo determinó para el resto de lo que fue. Compró sus discos. Los escondió para que sus padres no se los rompieran. Se vistió y se peinó como ellos, siempre a escondidas, en un tiempo, 1964, en el que dejarse un simple mechón de pelo sobre la frente era ser homosexual o satánico o transvestido, o como mínimo, transgresor. Cuando regresó a Colombia estudió música. Sus amigos y vecinos lo veían como un lunático. ¿Pero a quién se le podía ocurrir? ¿De qué iba a vivir? La vida dirá, respondía él, que sólo tenía tiempo para los pentagramas, Beethoven, el piano, la afinación de ese piano que lo volvía loco, y The Beatles. Por ahí, de vez en cuando, se le colaban Raphael, Sandro y Aretha Franklin, por aquellos años, lo único moderno que se oía en un país y una radio plagados de boleros y rancheras, de tangos y bambucos. Compuso 10 canciones, grabó dos, se presentó en televisión, se enamoró, se arruinó y puso en venta el piano Steinway que había heredado de sus abuelos. Sin embargo, a todos los posibles compradores les dijo lo mismo: está desafinado, y lo peor de todo es que seguirá así el resto de su vida.

Por Fernando Araújo Vélez

De su paso por los diarios “La Prensa” y “El Tiempo”, El Espectador, del cual fue editor de Cultura y de El Magazín, y las revistas “Cromos” y “Calle 22”, aprendió a observar y a comprender lo que significan las letras para una sociedad y a inventar una forma distinta de difundirlas. fernando.araujo.velez@gmail.com
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