Para Yuval Yaron la música es una pequeña ciudad. En su entorno se pueden encontrar edificaciones diversas, se establecen colores disímiles y se perciben intencionalidades únicas. Sin embargo, todo en ella está distribuido mágicamente para que exista una convivencia armónica y los elementos que la conforman vivan en comunión.
Esa visión tan especial sobre el arte sonoro la ha ido desarrollando con el paso de los conciertos y de las grabaciones. Un hecho que demostró su tesis antes criticada fue la oportunidad que tuvo de comenzar su proceso de formación en su natal Israel y complementar sus estudios en algunas de las escuelas musicales más importantes del mundo occidental.
Yuval Yaron pertenece a la generación de músicos de Israel cuyos maestros se formaron en Europa y Estados Unidos. Por eso para él las diferencias entre las escuelas rusas, belgas, italianas y alemanas están en los libros y en las anécdotas de artistas octogenarios. El choque cultural era muy fuerte antes, pero ahora todo corre por cuenta de una simple adaptación, que puede tardar menos que uno de los ejercicios con los que a diario ensaya para perfeccionar su ejecución en el violín.
“En Israel las orquestas están compuestas por gente de todas partes del mundo, algunos son inmigrantes, algunos de ellos han ido a trabajar por fuera y han regresado al país. Actualmente ya no hay más clasificaciones. Es difícil determinar la música del Oriente, del Occidente, de Europa o de Asia. Hoy sólo hay una atmósfera. A mí me parece muy bien eso. Muchos de los problemas de la humanidad han sucedido porque hemos clasificado a un grupo de personas, ya sea por su religión o por su color, y les hemos asignado un rol determinado. Eso pasa cada vez menos”, cuenta Yuval Yaron, quien ha sido invitado a tocar como solista con prestigiosas orquestas sinfónicas como las de Tokio, Múnich, Berlín, Ciudad de México, Fráncfort, Estocolmo, Helsinki y Detroit, entre muchas otras.
El violinista israelí fue ganador del concurso mundial Sibelius, uno de los premios más importantes dentro de la música en la era moderna. Yaron afirma que el mérito fue de los grandes compositores clásicos y de algunos autores contemporáneos, quienes lo han inspirado para asumir el violín como una forma genuina de comunicación. Personajes como Félix Mendelssohn (1809-1847), Johannes Brahms (1833-1897), Johann Sebastian Bach (1685-1750) y Béla Bartók (1881-1945) han contado historias hermosas que Yuval Yaron simplemente ha compartido con el público utilizando su instrumento.
“Mi violín es considerado más macho que hembra en lo que tiene que ver con el sonido. Muchos violines tienen la característica de ser femeninos cuando son interpretados por hombres. Mi violín es más masculino y fue hecho en 1700 en Holanda. La madera de mi instrumento tiene personalidad masculina y él se comporta como tal. Es un conquistador”, comenta Yuval Yaron, quien fue invitado por la Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia para interpretar un concierto denominado El prodigioso violín, en el que el colectivo contará con la dirección del polaco Tomasz Golka, ganador en 2003 del primer Premio Internacional Eduardo Mata.
El prodigioso violín está integrado por obras del compositor y pianista alemán Félix Mendelssohn y por piezas del danés Carl Nielsen (1865-1931). En realidad Yuval Yaron no conoce muy bien la razón por la que bautizaron así su presentación junto a la Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia, pero sí sabe que es un repertorio exigente para el que espera estar a la altura. Luego de su intervención en Colombia volverá a un proyecto que lo tiene muy motivado: la realización de un disco centrado en canciones judías espirituales. Esas son las ventajas de habitar en esa pequeña ciudad llamada Música.
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Viernes 13 de septiembre, 7:30 p.m., auditorio Fabio Lozano, Universidad Jorge Tadeo Lozano, carrera 4 Nº 22-40. Boletería en la taquilla del teatro.