Entre las sillas del teatro que yace detrás de las puertas de la Fundación Jaime Manzur, rodeados por las múltiples historias que han recorrido ese lugar, su fundador nos comentaba, con orgullo, que la zarzuela regresaría al Teatro Colsubsidio Roberto Arias Pérez, de Bogotá. En frente teníamos ese escenario detenido en el tiempo, en el que habían nacido varias de las agrupaciones teatrales bogotanas y donde se encuentra, todavía, uno de los teatros de títeres más importantes del país.
Entonces, Manzur comentaba que el 2 de noviembre sería esa fecha en que obras como La leyenda del beso y Antología de la zarzuela regresarán, después de ocho años de ausencia, a ese teatro situado en la calle 26 con 25. Allí, sentados en esas sillas frente a un escenario de fantasías, Manzur se veía en su hábitat natural, al que siempre ha pertenecido.
Desde muy pequeño el director se interesó por la lírica y el arte. Era un gusto que provenía de su madre, a la que el escritor define como “polifacética”, pues dominaba y disfrutaba todo tipo de expresiones artísticas. Tanto es así que ella había instaurado en su hogar una regla de oro: después del almuerzo todos debían escoger un libro y disponerse a leer. El pequeño Manzur no tenía problema con eso, porque él veía en esos estantes de su hogar todas las posibilidades de viajar por mundos aún desconocidos para sus ojos curiosos.
Además recordaba que su madre le había dicho que el día en que él aprendiera realmente a leer, él se convertiría en director. “Entonces, me pegué a leer y a leer. Teníamos en la biblioteca El tesoro de la juventud, que eran veinte tomos que tenían de todo: geografía, historia, botánica… Yo leía a través de esto a Shakespeare, Moliere, Calderón de la Barca, Lope de Vega y mucho más”, comentaba Manzur.
La lectura había sido una constante en su vida de cambios. Él, de madre colombiana y padre libanés, nació en lo que ahora se conoce como República de Guinea Ecuatorial. Su familia había llegado allí por cosas del destino. Una revolución, la del 36, retuvo a sus padres en ese país, en donde Manzur vivió sus primeros años. Después, vinieron los cambios. El desplazamiento a España, el regreso a Colombia y los múltiples caminos que tuvieron que recorrer le abrieron horizontes y lo llevaron a apreciar lo mejor de la cultura de esos continentes.
Toda esa diversidad de contextos se expresa en dos de sus grandes amores: la lírica y el folklore. Además, todos estos y sus múltiples lecturas lo llevaron a ser ese director que su mamá había presagiado muchos años antes. Manzur se graduó de danza superior y después de años desempeñándose como bailarín, encontró uno de sus mayores objetivos de vida. Supo, entonces, que debía ayudar, a través del arte, a ese país que lo había recibido y acogido. Al respecto, Manzur afirma: “Me propuse crear una compañía que tuviera todo el elenco colombiano. Con eso he podido tener mi compañía propia, fundada en 1992. Esta salió al aire en 1997 y desde entonces no ha parado”.
El director es un convencido de que desde el arte se pueden transformar realidades. Por eso, siempre le ha apostado al talento colombiano. “He creído mucho en el talento nacional y lo que pasa es que falta apoyo nacional para los nacionales”, anota el artista. Piensa que una de las grandes deudas del país es dejar perder jóvenes talentos, que se cansan de esperar a ser conocidos y deciden tomar otros rumbos. Manzur también le atribuye todo esto a una enorme falta de educación en el arte y en la exaltación de nuestras expresiones artísticas por parte de las instituciones colombianas. El director no se ha cansado de repetir que en Colombia somos privilegiados por las mezclas y la diversidad de herencias artísticas que se pasean por todo nuestro territorio.
Por esas razones, Manzur aprecia tanto la zarzuela, pues también es el producto de transformaciones y combinaciones. Provino de las cortes españolas del siglo XVII, migró por toda España y llegó a tierras latinoamericanas. Paso a paso obtuvo variaciones y es así que cada lugar goza de tener un tipo único y diferente. “El mundo es un contagio en todos los sentidos, donde se contagia el uno al otro”, afirma el director, y eso mismo ocurrió con la zarzuela. Para Manzur, rescatarla es recordar una parte de lo que somos como país. Se trata de remontarse en el tiempo y hacer actuales aquellas expresiones que se han perdido en el tiempo.
“El mundo va y vuelve como un reloj: de pronto algo está de moda, luego cambia”, dice Manzur. Es por eso que, con la nueva temporada de zarzuela, el director busca que los bogotanos y sobre todo las nuevas generaciones se acerquen a esa expresión artística que para muchos ha sido enterrada en el pasado, pero en la que Manzur ve una increíble vigencia. Las puertas del Teatro Colsubsidio se abrirán para recibir la zarzuela, esa que como dice Manzur “está dirigida a todas las edades, no tiene estatus social”, hasta el diez de noviembre.
Estrenada en 1924, “La leyenda del beso” es considerada una de las zarzuelas más demandantes en términos de interpretación. Esta, con libreto de Enrique Reoyo, José Silva Aramburu y Antonio Paso y con música de los maestros Reveriano Soutullo y Juan Vert, ha viajado por los escenarios más importantes del mundo. En todos ha deleitado a los espectadores con la historia de amor dramática entre Amapola y el Conde Mario. Por su parte, “Antología de la zarzuela” recoge en todo su acto los coros y las romanzas más complejos de la lírica que han recorrido las zarzuelas.