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El rey del imperio en la web

Celos, envidia, poder, amistad y dinero son algunos de los temas de esta producción que se estrena hoy en las salas del país.

25 de noviembre de 2010 - 07:19 p. m.
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“La película no es sobre Facebook, igual que Don Quijote no es sobre molinos. La red social es una historia antigua de lealtad y traición, amistad, envidia, poder social”, afirma Aaron Sorkin, guionista de esta producción que ha despertado toda clase de polémicas y que ha recibido los bálsamos de la critica, especialmente en Estados Unidos. 

La cinta La red social cuenta la historia de los inicios de Facebook y la vida de su creador, Mark Zuckerberg, el joven más rico del mundo según la lista Forbes y el dueño del fenómeno más significativo  de la red en los últimos tiempos,   que revolucionó la forma en que la gente del mundo se relaciona.

El filme, dirigido por David Fincher (Se7en, El club de la pelea, El curioso caso de Benjamin Button), logra crear hilos de tensión que lo convierten en una fascinante historia de suspenso respaldada por la excelente interpretación llena de verosimilitud de Jesse Eisenberg encarnando a Mark Zuckerberg, que lo hace aparecer en la pantalla extravagante y anodino, héroe y perdedor, leal y traidor, y que plantea la paradoja de un ser poco social que se convierte en el rey de las relaciones en el mundo.

No es un documental, no son personificaciones, es una película de ficción que tanto Fincher como Sorkin basaron en investigaciones, fuentes públicas, entrevistas y expedientes legales, para crear su propia perspectiva pero sin tener acceso a su creador directamente.

 Zuckerberg ha disentido con la película, en general, excepto con la ropa que utiliza el personaje. En una conferencia en la Universidad de Stanford afirmó: “Es interesante ver cómo se enfocaron en la realidad de ciertas cosas. Cada camiseta y cada chaqueta que tiene el protagonista son prendas que aún tengo”. Por otra parte, no está de acuerdo con las intenciones que plantea la película para crear Facebook: necesidad de agradar a las mujeres y de ser aceptado en los clubes exclusivos de las universidades, ese mundo de cofradías de machos alpha phi beta llamados fraternidades. “Los de la película no pueden captar en sus cabezas la idea de que alguien puede crear sólo por el gusto de hacerlo”, sostuvo Zuckerberg.

Sin embargo, la película no pretende dar una mala imagen ni de Zuckerberg ni de Facebook. Es atinada justamente en mostrar a un personaje complejo y contradictorio que al final de cuentas plantea más preguntas que respuestas.

En la pantalla las imágenes pasan rápido, las palabras de los actores son acertadas, inteligentes y despiertan más de una sonrisa. Es un relato atractivo, lejos de ser plano, que se adentra en las pasiones humanas tan antiguas como la misma historia pero en la era digital. Muestra las batallas de autoría de ese pequeño gigante llamado Facebook, que pasó de 500 usuarios a 500 millones y sigue creciendo… ¡Bum! La bomba cibernética y, detrás de ella, un chico de 19 años con chanclas y sudadera.

Según Fincher, Zuckerberg creó Facebook para construir un aparato que le permitiera conectarse con el mundo de una forma en que es incapaz de hacerlo en su propia vida. Pero esto es tan sólo una opinión y una cara de la moneda.

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