Dos hombres hacen el amor sin tocarse. -Cierra los ojos- le dice uno al otro, quien sigue sus indicaciones en busca de un latir incesante, de un gemido silencioso, de un susurro inesperado, de olvidar su cruda realidad. No hay cama. No hay privacidad. Ambos están de pie, uno al lado del otro.
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En cualquier momento pueden descubrirlos. Escaparon de la rutina. No están cumpliendo con sus labores, en pleno campo de concentración nazi, porque decidieron sacar un rato para contemplarse, a través de la voz y la imaginación. Sin palparse, sus humeantes pijamas de rayas cuentan cómo la diversidad sexual era una amenaza letal, aún cuando ello no evitaba que se escribieran historias de amor con color de rosa.
Así es la escena central de Bent, obra original de Martín Sherman, calificada por la crítica como símbolo mundial entre las puestas en escena que hablan de libertad sexual, estrenada en 1979 y basada en el texto de Heinz Heger: Los hombres del triángulo rosa. Memorias de un homosexual en los campos de concentración. Su versión colombiana la dirige por estos días Juan Fischer, en el auditorio Sonia Fajardo de la Universidad Konrad Lorenz (Chapinero. Carrera 9 Bis # 62-43).
Al respecto, Fischer dice que la libertad sexual hace parte del ser humano, para ello cita a la experta Carolina López Laverde, directora del programa contra la trata de personas de laOrganización Internacional para las Migraciones OIM, “quien dice al respecto que la libertad sexual es parte de los derechos fundamentales de cualquier persona, es la capacidad de reconocerse como un ser independiente, autónomo, es parte del ejercicio de la ciudadanía, es parte de elegir”. El director presenta al público una apuesta decantada, con la que regresa a las tablas del país, luego de más de tres decenios.
En temporada hasta el 15 de diciembre (jueves y viernes a las 8:00 p.m., sábados a las 7:00 p.m. y domingos a las 6:00 p.m.); la obra es protagonizada por el actor Tiberio Cruz, quien interpreta a Max, un homosexual que en su rol de conquistador se llevará a casa a un buscado por los nazis, lo que desencadenará una persecución y huida que terminarán en la reclusión de Max en un campo de concentración.
Y será entre la represión, entre las cercas y las tortuosas labores impuestas en los campos de concentración nazis, entre 1933 y 1945, donde Max entenderá que hay marcas diferentes para quienes allí habitan.
Como lo ha relatado ya Martin Sherman, el protagonista “se hace amigo del gentil ‘triángulo rosado’ (insignia para homosexual) Horst, quien lo educa en la brutal realidad de la guerra”, explicándole qué tipo de insignias portan las personas según su raza, sexo u otras condiciones. En un intento por salvarse, Max niega ser homosexual, “prefiriendo llevar el emblema judío, la estrella de David” y no el triángulo rosado.
Es que el Código penal alemán alertaba ya desde 1794, en su artículo 143, que “la fornicación contra natura, realizada entre personas del sexo masculino o de personas con animales, está castigada con una pena de cárcel de seis meses a cuatro años, además de la suspensión temporal de los derechos civiles”. Con ello, las generaciones crecieron señalando como no naturales a las relaciones homosexuales.
Así se niegue homosexual, Max y Horst forman un vínculo y -continúa Sherman- “a pesar de no poder tener contacto corporal, logran convertirse en amantes a través de un vívido coito imaginario”.
Con la participación de un elenco nacional integrado por Laura García, Andrés Suárez, Jhon Mora, Santiago Lozano, Juan Ángel, Doug Ceballos y Juan Camilo Hernández; Bent basa su escenografía en austeros espacios, ambientados con una utilería modesta pero certera, como la ubicación de una cerca frente al escenario, con imágenes digitales al fondo, representando la oscuridad y el encierro nazi.
El humor, la música y los poéticos diálogos también hacen parte de este encuentro, que encuadra un ángulo no tan conocido de la historia de la Segunda Guerra Mundial, cuando, además de los judíos y los homosexuales, el ideario nazi exterminó a los comunistas, anarquistas, socialistas, disidentes políticos, prisioneros de guerra, gitanos, eslavos, testigos de Jehová, delincuentes comunes, republicanos españoles inmigrantes, discapacitados y todos aquellos calificados como “inferiores”, “traidores” o “bent” (desviados).