Siempre dispuesta a responder los más difíciles interrogantes sobre la esencia de su género, la filósofa enfrenta preguntas como estas: ¿en qué lugar del cuerpo está situado el espíritu de la mujer? ¿Cuál es el punto del placer femenino? ¿Qué tipo de mujeres son más ardientes? ¿Qué clase de miembros prefieren las mujeres? ¿Qué hombres les gustan y qué tipo de hombres detestan?
Empecemos, diría Maarbeda.
Sobre el punto de ubicación del espíritu y el punto de ubicación de la sensación del placer contestó que están en el mismo lugar: entre los muslos. Su respuesta implica que lo material y lo inmaterial se amalgaman en el placer de los sentidos.
Al interrogante sobre las mujeres ardientes, Maarbeda hace primero una exposición sobre los tipos de mujeres. Las hay coléricas, melancólicas, flemáticas, sanguíneas y de temperamento mixto.
“Las mujeres coléricas y las melancólicas no hallan mucho placer en el coito y lo ejecutan preferentemente con hombres de igual temperamento. Las sanguíneas y las flemáticas llegan al exceso en el placer amoroso y sólo están satisfechas con un hombre del mismo temperamento”.
Con esos elementos, Maarbeda sentencia que el matrimonio entre una mujer sanguínea o flemática con un hombre colérico o melancólico, resulta muy triste.
En sus respuestas también hay alertas porque, como dicen por ahí, de las mujeres malvadas líbrame, señor. En esta categoría caben celosas extremas, perturbadoras, enfermas de vanidad, chismosas, malhumoradas, impúdicas, charlatanas y la peor de todas, la que no tiene corazón.
“La mujer sin corazón, la amante despiadada que ha causado la muerte de su hombre, el cortejo ha visto pasar, y aún ha osado preguntar: ¿Él, cómo se llamaba?”.
Maarbeda no escapa a ninguna pregunta y enfrenta la más difícil de todas: la de los miembros que prefieren las mujeres. En su respuesta parte de una explicación biológica según la cual la keuss (vagina) y el dekeur (pene) no tienen la misma forma y eso hace que su comportamiento sea distinto. Para mayor ilustración, cita un ejemplo: “Una mujer con una keuss carnosa y corta desea un dekeur corto y grueso, que pueda llenar totalmente aquella”.
El jeque Nefzawi, autor de El jardín perfumado para deleite del corazón, como tituló originalmente su libro, dejó escrito a manera de prólogo que la finalidad de su texto es el aprendizaje, y de eso dio una singular muestra al elegir a una sabia como maestra de hombres que desean entender los grandes misterios de la mujer.