Cuando María Mulata escuchaba cantar a Etelvina Maldonado, sentía que levitaba. Ese fenómeno sin justificación lógica, pero con una contundente explicación espiritual, motivó a la cantante a iniciar un proceso de reflexión sobre el significado de su arte. Al ver y ser capaz de atestiguar que la cantaora volaba al cantar, su mente empezó a establecer una relación entre ambas actividades, el canto y el vuelo, que vienen siendo como bendiciones humanas.
Durante esta investigación personal, María Mulata logró establecer que la principal enseñanza de Etelvina Maldonado para una artista joven se puede resumir en una frase: “para cantar es necesario saber volar”. El ave es más libre porque canta y porque vuela, y ese fue el impulso genuino para dar los primeros pasos del disco De cantos y vuelos, que acaba de presentar en el mercado nacional y en el que le rinde homenaje a la memoria de la cantaora, a quien considera su mamá dentro de la exploración del bullerengue.
“Una cantante representa algo. Por eso yo soy cantaora como Etelvina Maldonado cuando estoy cantando un bullerengue, porque cualquiera que me escuche con los ojos cerrados puede pensar que esas notas salen de una mujer negra del Caribe colombiano. Cuando estoy entonando un porro, pues me convierto en cantaora de porro y lo mismo sucede con las ejecuciones del bambuco. La voz es un instrumento tan maravilloso que le permite a uno pasearse por diversos géneros de una manera que no puede hacer ningún otro instrumento”, comenta María Mulata, cuyo nombre de pila es Diana Hernández.
Nació dentro de una familia musical muy ligada al bambuco, pero ella misma, por su cuenta y riesgo, tomó la decisión de estudiar canto lírico. Sus tres discos anteriores (Itinerario de tambores, Crónicas del Caribe y Los vestidos de la cumbia) fueron una búsqueda que le ayudó a encontrar el sonido para De cantos y vuelos. Antes tenía el pretexto investigativo, quería darle divulgación al trabajo de grandes folcloristas del país y revalidar todos esos sabedores que tanto admira, pero en este álbum se propuso manifestar quién es realmente María Mulata, cuál es el aire que quiere emitir y cuál es su intencionalidad.
“El paso por la academia me frenó la manera espontánea de hacer música. En la universidad le hacen olvidar a uno algo tan vital como la manera en que mi mamá me enseñó a cantar. En el salón todo está sintetizado, uno lee notas, pero se acaba el alma si uno no sabe manejar los contenidos. Gracias al bullerengue me reencontré. Por fortuna, después la academia me dio la estructura y el juicio para poder buscar el vericueto técnico que permitía lograr hacer lo que hacen las cantaoras empíricamente. Eso es lo que trato de mostrar en este registro”, comenta la artista.
María Mulata quería buscar en este disco una renovación del folclor y por eso se atrevió a interpretar tonadas tradicionales al estilo de canciones con un sonido nuevo. Sin embargo, también le interesaba tener la presencia de autores contemporáneos que habían compuesto en ritmos autóctonos. Convocó entonces a Iván Benavides, quien le aporta al contenido los temas Esperanza y Yo no vuelvo a trabajar. Gracias a la intervención de este productor, ella logró un sonido moderno y una visión más universal de la música.
“Lo mejor es que Iván Benavides nunca quiso imponerme su estética. Él trabajó conmigo desde lo que yo era. Supo explotar ese sonido que yo quería y fue muy valioso para mí. Vigiló el proceso desde la parte conceptual”, dice María Mulata, quien compuso más de treinta letras para este álbum, y sólo tuvieron cabida tres.
De cantos y vuelos fue un trabajo de exploración melódica y armónica que duró más de tres años. Lo que hizo la cantante y cantaora colombiana fue jugar con colores y por eso incorporó instrumentos novedosos en la música nacional, como el ukelele. Quería volver a la sencillez, a lo mínimo, y con la experiencia adquirida llegó a la conclusión de que, por ahora, menos es más. Su intención era publicar un disco más sintonizado con una sala de concierto que con la rumba. Descartó la batería y reclutó los tambores para hacer, por ejemplo, que una canción como Café en ollita no sonara como un vallenato normal. Por eso lo interpretó con cajón peruano, unas semillitas y bajo. Lo que hizo María Mulata en su nueva producción discográfica fue inventarle recovecos armónicos a la tradición.
“Para mí el disco es una fusión multicultural que se nutre de la tradición, pero que tiene un lenguaje universal. No le puse géneros a las canciones, a diferencia de mis anteriores discos. Aquí hay música en ritmos tradicionales y mi pretexto era lograr un sonido más digerible. En De cantos y vuelos me dejé ser mucho más Diana Hernández y no tanto María Mulata, porque compuse y volví al bambuco”, dice.
Con su nuevo álbum, María Mulata tiene un pie firme en el pasado, en la tradición, y otro adelante, para no perder el camino.