El arte dramático vive su propio drama. Desde hace muchos años, la oferta teatral de Bogotá parece haberse reducido a las propuestas de entretenimiento liviano y, de acuerdo con lo que muestran los más importantes medios de comunicación o por lo menos los de mayor visibilidad, es interminable la lista de comedias de fácil digestión, en las que el común denominador desde el comienzo, pasando por el desarrollo y abarcando el desenlace, es la risa, pero no como aquel recurso altamente cuestionador sino como un simple aditamento que no aporta mucho a la trama.
Los mismos actores que han protagonizado las novelas que triunfan o fracasan dentro del prime time de los canales privados, son las figuras estelares de estos montajes que ratifican su penetración en el gusto del público con llenos totales y con la programación de nuevas temporadas que, fácilmente, pueden llegar a cuatro o cinco y que con el paso de los años se convierten en parte del catálogo institucional de una determinada sala.
Esa es la agenda que se empeñan en divulgar los medios. Rostros conocidos, momentos de esparcimiento después del estrés de la jornada laboral y obras que da lo mismo si se proyectan en Nueva York, Buenos Aires, Madrid, Bogotá o Medellín. Sin embargo, también existe el denominado teatro de autor, así no aparezca registrado en las secciones finales de los noticieros, en los programas especializados de la radio o en las páginas de los periódicos.
Ese teatro que se fundamenta en las creaciones de Federico García Lorca, en los clásicos de Fiódor Mijáilovich Dostoyevski, en el espíritu vanguardista de Jerzy Grotowski o en las intenciones de personajes más cercanos a la cultura local, como Santiago García, Patricia Ariza, Enrique Buenaventura, Juan Monsalve, Ricardo Camacho y Eddy Armando, entre muchos otros nombres, sigue existiendo y es el espejo en el que muchos colombianos tienen la oportunidad de verse.
Además de tener ventanas un tanto aisladas en la programación habitual de las salas, el arte dramático de estas características también tiene un espacio por excelencia y es el Festival de Teatro de Bogotá, que este año llega a su edición número siete y que involucra a 70 compañías con una multiplicidad de propuestas.
“Con muestras de teatro de calle, gestual, de sala, comunitario, joven, infantil, narradores orales y títeres, el VII Festival de Teatro de Bogotá llenará de magia las calles y salas de teatro de nuestra ciudad”, comentan los organizadores de este evento programado por la Asociación de Salas Concertadas de Teatro de Bogotá, con el respaldo de Idartes.
A partir del 3 y hasta el 13 de noviembre, Bogotá se transformará en un escenario de grandes dimensiones y sus habitantes, tanto artistas como espectadores, tendrán la misión de corroborar la denominación que se le acaba de dar a la capital de ‘ciudad creadora’. Recintos como la Teatridanza, el Teatro la Libélula Dorada, el Teatro Hilos Mágicos, el Teatro Quimera, el Teatro Tecal, el Centro Cultural Gabriel García Márquez, el Teatro la Candelaria, el Teatro Libre, el Gimnasio Moderno y el Teatrino Don Eloy, así como los espacios abiertos de la Universidad Nacional de Colombia, el parque Ciudad Hunza (Suba), el parque central de Fontibón y el Centro Cultural la Media Torta, serán algunos de los lugares dispuestos para la exhibición del teatro clásico, pero también habrá cabida para las manifestaciones contemporáneas de las artes histriónicas.
“Con el objetivo de homenajear y reconocer el trabajo arduo y constante de los grupos más representativos del arte dramático bogotano, el festival recreará, en diez días consecutivos de fiesta y colorido, toda la actividad teatral desarrollada y creada por los grupos de corta, mediana y larga trayectoria de la capital”, aseguraron voceros del evento, en el que se le dará un tratamiento especial a las siete compañías amenazadas hace unos meses, en Soacha, por sus convicciones artísticas.
Una de las propuestas más destacadas de este encuentro es la obra Esperando a Godot, del grupo El Anhelo del Salmón. Con este montaje, sus integrantes se hicieron acreedores a la beca de circulación de Idartes. La obra, del maestro del teatro del absurdo, Samuel Beckett, cuenta la historia de Vladimir y Estragón, dos viejos amigos que esperan a la sombra de un árbol la llegada del señor Godot.
Otra de las propuestas esperadas es A la sombra del sol, de la Compañía Omutismo, obra que se desenvuelve en un tablado de siete metros cuadrados llenos de arena y paja, una atmósfera de fealdad chocante, de sinceridad ruda y de sutil hostilidad, que da la excusa perfecta para iniciar un viaje. Es una fábula aplicada a cualquier realidad social y es la historia de hombres y mujeres que deben reflexionar sobres sus ausencias.
Estos dos montajes y muchos otros hacen parte del Festival de Teatro de Bogotá, un encuentro para sacarle provecho al lado dramático del arte.
Información y programación en www.teatroenbogota.com