Leonor Watling y Alejandro Pelayo son expertos en hacer planes, pero tienen doctorado en no cumplirlos. Al final, los fundadores de la banda española Marlango van haciendo lo que se presenta en el camino. Nunca tienen un plan B, ni mucho menos su quinta producción discográfica, Un día extraordinario, es el resultado de una extensa selección de diez temas entre cuarenta o cincuenta opciones distintas. Por fortuna para ellos, el trompetista Óscar Ybarra, quien se distanció hace poco del proyecto, se mudó de Nueva York a Madrid y se encargó de darles el empujón que necesitaban para establecer que la base de su propuesta era la comunión entre los vientos, el piano y la voz, empleada como un instrumento contundente.
Las diferencias entre Pelayo y Watling son el combustible para la evolución de Marlango. Ella es mucho más tranquila, le gusta estar inmóvil frente a una imagen y sacarle provecho a su observación, mientras que él es intranquilo y ansioso. El contraste entre sus personalidades hace que encuentren el equilibrio muy fácilmente. Cuando alguno de los dos empuja a algún lado, el otro asume el reto de compensar la situación. Ambos son coleccionistas, pero por separado, cada uno en lo suyo, y cuando se encuentran con algo interesante lo comparten y lo plasman en sus canciones.
Tom Waits, una de las guías musicales y quien inspiró el nombre de la banda, dijo en una oportunidad que cuando dos personas trabajan juntas, si las dos hacen lo mismo, una necesariamente sobra. Los dos integrantes de Marlango están de acuerdo con esa opinión y por eso creen que es necesario el conflicto para que el arte se traslade desde la cotidianidad hasta los terrenos de la ficción.
“Nosotros no tenemos la libertad que tienen los jazzistas, así tengamos influencias de ese género, porque vivimos en la dictadura de lo que va pidiendo la canción. Antes experimentábamos mucho más. Ahora nuestras canciones están vestidas con un corsé, que no hemos puesto ninguno de los dos, sino que está en la banda sonora de nuestras vidas. Sin embargo, hay algunos temas en los que permitimos la exploración, dejando claro que es necesario volver a la casa y conocemos muy bien el camino de regreso”, comentan los integrantes de Marlango, para quienes hacer canciones es como decorar una mesa en la que se va a comer. El menú puede ser igual pero hay formas de vestir el lugar. Ahí está la diferencia.
Dame la razón fue el tema escogido como forma de presentación del disco porque era lo más cercano que tenían a la expresión “somos Marlango y esto es lo que queremos que escuchen de nosotros”. Fue una de sus primeras canciones en español y la compusieron después de múltiples creaciones en inglés y de publicar los registros Automatic Imperfection (2005), The Electrical Morning (2010) y Life in the Treehouse (2011).
“Desde el punto de vista de la canción, el idioma es como un instrumento más. Es como incluir una trompeta, un piano o un violonchelo. El español nos aportó una novedad, nos quitó todo lo que pensábamos que teníamos seguro y alteró nuestra forma de componer. Otro aspecto difícil fue acostumbrarnos a nuestra lengua, porque la teníamos en teoría, pero no sabíamos cómo se escucharía en la práctica”, dicen Leonor Watling y Alejandro Pelayo, para quienes su propuesta se mueve entre el grito de un himno y el rumor de un secreto.
Un día extraordinario es para los integrantes de Marlango como estar a 8.000 kilómetros de casa y con un océano de por medio entre la política española y ellos. El hecho de no recibir noticias sobre la corrupción allá los pone de buen humor y los hace pensar en su arte como una cámara Polaroid que refleja un instante, tan sólo un instante.
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