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Escribir los árboles

¿Cuántas formas hay de ver un árbol? Se puede mirar como pájaro o como niño, como enamorado o como alguien que está perdido. Se puede ver vertical, claro, pero también horizontal, como si el árbol caído fuera un río.

27 de septiembre de 2018 - 09:00 p. m.
Cortesía
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Hay quienes imaginan las raíces en la tierra y otros que solo las pueden ver allá arriba, en las ramas secas. En el libro Arbolarium: antología poética de los cinco continentes hay por lo menos 134 formas de ver un árbol, 134 poetas de 80 países. Es un encuentro bajo el árbol que es todos los árboles: el yuyo, el olivo, el yarumo; un encuentro para que “tu mano dibuje el vacío. Ese árbol que no señalás, pero sé que es el que mirás”, como dice el poema Todos los árboles tienen un nombre, de Gabriela Borrelli. La poesía como lenguaje universal, porque incluso cuando uno se encuentra con el poema en gallego Dúas Árbores, la belleza no está en entender, sino en escuchar el sonido posible, la intuición de los significados que se asoman en el verso de Yolanda Castaño: “Toda a miña vida vivín e vivirei entre dúas árbores”.

El poemario, a veces acusado de serio, de muy adulto, es definido al fin como juego. Este juego al que nos convocan los árboles. Por eso el lanzamiento de Arbolarium está dirigido también a los jóvenes. Se le llamará Picnic Literario (evento de Idartes) y se anotará como parte del Festival de Libros para Niños y Jóvenes, que celebra su versión número 12 durante el mes de octubre. Al fin se dirá, como apunta Samuel Vásquez, “en mi ciudad los árboles no trabajan pero nunca pierden el tiempo”, uno de los elegidos por los curadores de este libro: el poeta argentino Esteban Charpentier y el poeta colombo-holandés Robert Max Steenkist. En el Festival, organizado por la Cámara Colombiana del Libro, también se presentará El árbol de la vida, de Clarisa Ruiz. Se inspira, entre otros, en los relatos de Juan Flórez, el cacique del pueblo uitoto-muinani en la Amazonia colombiana, para contarnos que “en el comienzo de todo, el mundo era uno solo, los animales eran como la gente y la gente era como los animales”. Ruiz nos hace pensar en lo necesario que es revisitar las leyendas para volvernos a conectar con la riqueza de la tierra, para entender que todo está entrelazado y, al fin, dolernos un poco con la imagen de que esto algún día pueda terminar: “tendido cuan largo era, Moniya Amena, el Árbol de la Vida, comenzó a convertirse en río y a recorrer la más bella selva del mundo”, la caída después de que los hombres se volvieron insaciables, la caída con que “las astillas del tronco se convirtieron en los peces” y las “semillas volaron para convertirse en los sueños de la gente que revelan lo invisible”.

 

Lanzamiento de “El árbol de la vida”: Casa Tomada Libros y Café (transversal 19 Bis # 45D-23), sábado 13 de octubre, 11:00 a.m.

Presentación de “Arbolarium”: Jardín Botánico de Bogotá (avenida calle 63 # 68-95), domingo 28 de octubre, 11:00 a.m.

 

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