La vida se compone de detalles. Esos mismos aspectos complementarios y muchas veces secundarios son los que condimentan los relatos de aquellos periodistas y escritores que, siguiendo su espíritu, se atreven a ir mucho más allá de la ya compleja labor de informar.
La fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, la Cámara Colombiana del Libro y la Revista Soho se dieron a la tarea de reunir a las más importantes firmas de América Latina y lo hicieron con el nombre del ‘Encuentro de nuevos cronistas de Indias’, un espacio para establecer el verdadero papel de este género literario y periodístico, que en los últimos años ha encontrado un medio propicio para su desarrollo.
Ricardo Cayuela, Leila Guerreiro, Daniel Samper Ospina, Julio Villanueva Chang, Liza López, Fernando Gómez, Juan Villoro, Martín Caparrós, Héctor Feliciano y Alberto Salcedo Ramos, entre muchos otros cronistas, se encargarán de sentar una posición frente a las editoriales y publicaciones que no han entendido aún que la magia de este género se basa en un razonamiento incuestionable: los hechos nos regalan sorpresas maravillosas que valen la pena ser contadas.
Martín Caparrós
No se cree el cuento de que es un escritor. Pero algunas veces le gusta seguirle el juego a la gente que lo relaciona con ese oficio y afirma, sin vacilaciones, que es cronista y literato. “La crónica es un nombre que aplicamos por comodidad, porque de alguna manera hay que tenerlo y es una de las numerosas formas de contar la realidad, pero no creo que exista más realidad en una crónica que en una novela y viceversa. Lo bueno que tienen esos denominados géneros es que uno puede contar historias, pero lo mejor es que los géneros no existen”, comenta uno de los más reconocidos cronistas de habla hispana.
Se niega a creer que exista algún estilo propio de Martín Caparrós y, si lo hay, le gustaría deshacerse de él y no volverlo a emplear nunca más porque uno de sus pasatiempos favoritos es romper con las cosas cuando siente que se utiliza una y
otra vez la misma herramienta. “Un escrito mío está listo cuando ya no tengo más ganas de corregirlo. Suelo ser insistente en los detalles, porque ahí está lo más importante de la crónica, una forma de comunicación no muy aceptada por los grandes medios y por eso a los que hacemos eso nos toca jugarnos la vida para que los editores nos publiquen”.
Sobre su escritura los blog no han tenido ninguna incidencia, porque hay mucho más trabajo en la elaboración de la crónica que en una página de internet. Para él hay una idea general de decir ‘yo’ que no supone necesariamente escribir en primera persona sino hacerse responsable de lo que se dice sin refugiarse detrás de esa gran máquina que se llama medio.
Su más reciente novela A quien corresponda concentra sus esfuerzos por estos días pero siempre le abre espacio y tiempo a la realización de crónicas vivenciales, sociales y hasta personales. Eso sí, Caparrós se niega a hablar de proyectos futuristas, porque tiene la sensación de que hacer referencia a aspectos que no existen, se puede considerar como una pérdida de tiempo.
Julio Villanueva Chang
Él dice que el periodismo es el sustantivo y lo literario es el adjetivo. La crónica, según su propia percepción, es un género que comienza con un reportero consagrado y finaliza en un texto escrito de manera coherente con un condimento adicional muy atractivo: la estética. Por eso prefiere llamarlo simplemente periodismo narrativo. “No estudié comunicación social y, en un principio, para mí se trataba sobre todo de ser un escritor de la información. Ahora creo que está más relacionado con la posibilidad de descubrir un mundo ignorado y ser un traductor de ese caos a través de una historia verdadera”, afirma el cronista peruano que colaboró en la gestación de Etiqueta Negra como el medio escrito por excelencia para publicar historias.
Su propia vida puede ser un relato atractivo para cualquier cronista, ya que su abuelo fue un chino de Cantón, buen cocinero, apostador de carreras de caballos y generoso padrino de algunos jóvenes de un barrio popular de Lima. Mil historias le escuchó y por esa gratitud que le profesa sugiere, siempre con respeto, que se incluya su apellido materno. Su adolescencia transcurrió en un colegio de Barrios Altos, un vecindario caliente en el que varios de sus compañeros eran adolescentes expulsados de diversos colegios, mientras que otros eran pequeños traficantes de drogas y peleadores callejeros. Julio Villanueva Chang resolvió defenderse con la inteligencia y con la habilidad para manejar las palabras, con las que, sin lugar a dudas, se ha abierto un espacio tanto en la literatura como en el periodismo.
“El periodismo y la literatura siempre han tenido relaciones incestuosas. De un modo u otro, los escritores de ficción han sido vampiros y parásitos de los acontecimientos reales, y viceversa. Mientras la industria editorial ha creado un mercado y un prestigio para la novela como género narrativo elaborado y extenso, la industria de los medios ha creado un público consumidor de géneros informativos breves y urgentes en los que no suele haber mucho espacio para el gran reportaje, la narración y el ensayo, que es de lo que se trata el periodismo narrativo”, comenta el cronista.
Sus temas favoritos para concentrar sus potencialidades son aquellos que le plantean interrogantes que, a la larga, nunca puede descifrar. Por eso, busca la complicidad de otros ojos, que comprendan que “la crónica es un género que intenta convertir el dato en conocimiento, y el acontecimiento en una experiencia”.
Alberto Salcedo Ramos
El periodismo actual tiene un compromiso con lo urgente. Sin embargo, el deber de Alberto Salcedo Ramos es con lo importante, entendido como la posibilidad de incluir escenarios distintos a lo noticioso. Para él no hay nada más genuino que
la información que proporciona una crónica, porque debe ser narrada con encanto al tratarse de un género narrativo e interpretativo con el que se busca que el lector conozca una realidad determinada.
“Un buen cronista es un traductor de significados profundos, que procura ir más allá de los hechos evidentes. El periodista busca datos y el cronista se preocupa por detalles aparentemente pequeños, pero que suelen darle una visión humana y estética a lo que se narra”, asegura esta destacada pluma costeña, fiel representante de una tradición narrativa muy ligada al Litoral Atlántico.
Para un relator de realidades, el papel no aguanta todo y en la crónica el autor se debe ceñir al suceso y contar lo que pasa sin alterar su curso. Cuando se hace crónica no se puede inventar la historia sino tratar de ver, con la paciencia y mucha concentración, todos los detalles sorprendentes que tiene.
Los temas que les interesan a los periodistas narrativos como Alberto Salcedo Ramos son aquellos que muestran los conflictos presenciales del ser humano. “La mayoría de las cosas que se cuentan en la crónica tienen que ver con los obstáculos que debe librar el ser humano para alcanzar sus metas”.
Leila Guerreiro
Por su crianza ella sabe hacer muchas cosas que las mujeres de ciudad ni siquiera se imaginan. Tiene la destreza para armar un anzuelo, es hábil poniendo carnadas, serrucha con firmeza y le basta un martillo para construir un banco. Todo este aprendizaje le ha servido para narrar el cuento bien contado. “La crónica es lo opuesto de la noticia, aunque se trata de un texto periodístico escrito con mucho cuidado en su forma. Con este género se trata de que fondo y forma no se pueden separar, empleando diversas técnicas literarias”, afirma la escritora nacida en Junín pero acogida por Buenos Aires desde los 17 años.
Es orgullosamente periodista y desde hace algún tiempo tiene la firme intención de que su carrera, que simultáneamente es su oficio y su pasión, deje de equipararse con el registro de la noticia escueta en la que importa sólo el ‘qué’. Su condición femenina no la ha hecho ni mejor ni peor escritora, porque no siente que su género le haga ver los aspectos de la realidad de manera diferente a los hombres. Para ella hay crónicas mal escritas y crónicas bien escritas y punto.
“En la elaboración de mis crónicas yo trato de no aparecer, porque la protagonista del texto siempre debe ser la historia. Eso no quiere decir que uno escriba sobre lo que no conoce”, comenta Leila Guerreiro, quien muchas veces se inspira en todo lo que absorbió de los cuentos que le leía su papá.
Ella tiene una deuda personal con la crónica sobre las clases sociales altas y cree firmemente que los escritores latinoamericanos no se han logrado quitar muchos prejuicios de encima. Mientras busca saldar su deuda literaria mil historias rondan en su cabeza, porque trabajo tiene por montones, pero tiempo para escribir, no tanto. Y es que en este convulsionado continente “la realidad es una cosa maravillosa porque siempre está llena de más y más”.
‘El nuevo reino’ de Hernán Estupiñán
El periodismo y la literatura van por caminos paralelos pero encontrados. Ese ha sido el común denominador en la vida del escritor y periodista Hernán Estupiñán, quien cree que por aquellos lugares en donde la historia no está contada oficialmente, aparece la literatura.
“A mí me gusta el color, el sabor y el olor de las cosas antiguas porque es ahí en este ejercicio de la memoria donde es más rico hacer literatura. Por eso le huyo a lo contemporáneo, y para separarme de mi oficio diario y para alejarme del hecho periodístico me fui al siglo XVIII para contar la historia de Ave Lucía, una niña de trece años que perdió a sus padres en un naufragio”, comenta el autor nacido en Socha, Boyacá.
Su primera publicación fue una recopilación de cuentos eróticos llamada ‘El fantasma de la desnudez’, al que le siguió una novela urbana titulada ‘No pregunten por Katrina’. Ahora parece encontrar su tono narrativo y se arriesga a publicar un texto sobre la fe en una época de incredulidad.