Los símbolos fabricados por las manos de los artesanos del país son un reflejo de las raíces que hemos descuidado. Un espejo que busca espacio y se cuela entre las ferias, calles y carreteras. Cuando el valor del artesano se eleva, arrastra al nuestro. El que nos identifica como colombianos nacidos en una tierra en la que retumba la memoria.
El 29 de junio se inició la novena edición de Expoartesano, un evento enfocado en rescatar el “valor” de los orígenes que no soportan el relego.
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Después de ocho ediciones llega una feria más madura que a través del tiempo se ha esforzado en destacar el ser y hacer artesanal. Las manos, el territorio y la mirada, han sido algunos de los conceptos protagonistas de todas las ediciones. Enfoques que pretenden que los visitantes reconozcan en los expositores el lazo creativo y auténtico que los enlaza con su historia.
“La belleza de nuestro origen habla del patrimonio cultural de los colombianos, evoca los territorios que tejen. Aquellos de donde provienen las distintas comunidades. Enseña sobre las materias primas exclusivas de las regiones en las que se originan estos objetos llenos de significado. La belleza de nuestro origen nos une como nación. Como colombianos nos remite a un punto de partida en común a lo que somos”, dice Ana María Fries, gerente general de Artesanías de Colombia, quien también señala que uno de los principales objetivos de la organización y la feria es hacer que la actividad artesanal sean una forma de vida sostenible. La exposición de los productos de los artesanos se facilita con actividades como esta feria. En el 2017 el ingreso total para esta industria a través de ferias, ruedas de negocios, vitrinas, ventas institucionales, negocios facilitados y ferias regionales, fue de 25.400 millones de pesos, de los cuales, Expoartesano generó 2.900 millones, es decir, el 11%. Con estas iniciativas se generan empleos y las utilidades crecen, pero, sobre todo, se produce un contacto con el asistente que permite un reconocimiento de los artistas naturales del país.
Fries, quien gerencia Artesanías de Colombia desde hace tres años, se emociona al hablar del proyecto. Narra las anécdotas que se ha encontrado en las montañas de este país. Ha presenciado como los artesanos se valen de sus ojos, manos, entorno y sabiduría para elaborar piezas únicas e irrepetibles. Se sumergen y de pronto, de un momento a otro, además de artesanos se convierten en magos. Parece que meditaran y asombran. Los resultados inquietan. Cada producto tiene alma.
La feria se termina el 8 de julio.
Hasta mañana estarán disponibles en la Plaza mayor de Medellín los guardianes de nuestra identidad. Los que la materializan en objetos cargados de significado que nos definen como colombianos y habitantes del mundo. Los seres que con valentía se han dedicado a representar en objetos y piezas la esencia de todo un país.