El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Fallece Vittorio Gregotti, maestro de la arquitectura italiana moderna

El arquitecto Vittorio Gregotti, fallecido hoy a los 92 años de edad, contribuyó a dibujar el paisaje urbano de Italia, que le recuerda como uno de los padres de la arquitectura moderna por sus diseños de líneas rectas y su idea de urbanismo.

EFE
16 de marzo de 2020 - 10:39 a. m.
Gregotti nació en 1927 en la ciudad piamontesa de Novara y se graduó de Arquitectura en 1952 en el Politécnico de Milán. / Getty Images
PUBLICIDAD

Gregotti estaba ingresado en la clínica milanesa San Giuseppe y ha muerto por una pulmonía agravada por el coronavirus, por esta pandemia que está azotando a todo el país, con más de 21.000 contagiados y al menos 1.441 muertos, según los últimos datos.

La noticia de su muerte la dio precisamente otro de los grandes arquitectos de la contemporaneidad, Stefano Boeri, para quien era «un maestro de la arquitectura internacional», pero también un «ensayista, crítico, editorialista, polemista y hombre de Estado».

Le sugerimos: El «Decamerón», de Giovanni Boccaccio, en tiempos de coronavirus

Gregotti nació en 1927 en la ciudad piamontesa de Novara y de joven trabajo en la fábrica textil de su padre en esa ciudad, junto a su hermano Enrico, dos años menor, y se licenció en Arquitectura en 1952 en el Politécnico de Milán.

Tras sus estudios se mudó a Estados Unidos, en concreto a Boston, Nueva York y Chicago, donde entró en contacto con otras grandes figuras como Mies van der Rohe y conoció la obra de otros muchos como Frank Lloyd Wright.

Pero es a Milán a la que estuvo y estará siempre vinculado.

No en vano su alcalde, Giuseppe Sala, aseguró que la ciudad le «debe muchísimo» desde que en 1951 realizara su primera sala en la prestigiosa Trienal hasta el proyecto de remodelación del barrio de Bicocca, en su industrial nordeste.

Con su estilo de línea recta, conciso e industrial, Gregotti configuró, con sus grandes planes de reconversión, toda esta zona en la que se asientan universidades y sedes de empresas como Pirelli.

Pero también uno de los polos culturales de Milán, el Teatro Arcimboldi, el más grande de Italia y el segundo de Europa, una estructura cubierta por un techado inclinado de cristal pensada inicialmente para acoger espectáculos de la ópera de La Scala.

No ad for you

No obstante su firma no se circunscribe únicamente a la moderna Milán sino que también llegó a otros puntos de Italia, como a Génova (noroeste), donde construyó el estadio «Luigi Ferraris», o a la siciliana Palermo (sur), donde pensó la rehabilitación del barrio ZEN, que no se culminó por infiltraciones mafiosas en las licitaciones.

Gregotti acabó convirtiéndose en un arquitecto de fama internacional y participó en el diseño del Estadio y del Anillo Olímpico de la ciudad española de Barcelona para los Juegos de 1992, junto a Carles Buxade, Joan Margarit, Alfonso Milà y Federico Correa.

No ad for you

Y también creó el Centro Cultural de Belém, en Lisboa, el de mayores dimensiones de todo Portugal.

Voraz lector y apasionado de la música lírica, de filosofía y arte, el maestro se dedicó también a la docencia en facultades de Venecia, Milán o Palermo e impartió lecciones en medio mundo, desde Buenos Aires a Harvard o Cambridge.

No ad for you

En 1974 fundó su propio estudio, «Gregorio Associati», después de haber sido discípulo de Ernesto Nathan Rogers.
Gregotti rechazaba la idea de la estrella de la arquitectura y consideraba que esta disciplina era «un trabajo de equipo y no de escenarios», en una entrevista a «La Stampa» hace un año.

En las páginas del diario turinés opinaba que el estado de la arquitectura actual es «un verdadero desastre» porque se limita «a crear imágenes y sorprender», mientras que la idea de fondo de la profesión debe «responder a las precisas necesidades sociales».

No ad for you

Su visión del orden del espacio la adquirió en la fábrica de su padre pero marcó su idea de arquitectura una lectura «fundamental» de su vida, «Los Buddenbrook», de Thomas Mann, «la narración más aguda de la parábola de la burguesía industrial», refería.

Puede leer: J. M. Coetzee, un escritor de película que no pisa la alfombra roja

No ad for you

A lo largo de su vida participó en numerosas exposiciones internacionales y fue el responsable de la sección introductoria de la XIII Trienal de Milán en 1964, que le otorgó la Medalla de Oro en 2012.

También fue director de la sección Artes Visuales y Arquitectura de la Bienal veneciana, nombrado «honoris causa» en Praga y Rumanía y fue miembro honorario de la «American Institute of Architects».

No ad for you

Gran parte de su pensamiento lo volcó en la prestigiosa revista «Casabella», que él mismo dirigió entre 1982 y 1996, además de en varios diarios italianos en los que colaboraba esporádicamente. 

Ahora es uno de más de los que han sucumbido a la pandemia del coronavirus, especialmente virulenta en la región de Lombardía y los alrededores de Milán, pero desde el ayuntamiento de esa ciudad ha prometido un homenaje cuando pase la tormenta. 

Conoce más
Ver todas las noticias