El corresponsal, desde 1982, del diario español, La Vanguardia, en México y Latinoamérica, el escritor y cronista de guerra que nutrió las páginas de El Espectador con relatos vívidos de las violencias en México, de los avatares de sus elecciones, estaba enfermo desde hacia ya seis meses. Por eso, había regresado a España para recibir tratamiento en Barcelona. Hacía dos, había decidido volver a su residencia familiar de Zaidín, localidad española en la que nació en 1943 y en la que decidió pasar sus últimos días.
“Hacía meses que no recibía sus mensajes. Pero siempre quise creer que, como otras veces, reaparecería jovial y dicharachero por algún rincón de América”, recuerda la corresponsal de El País, de Madrid, Maite Rico, en un obituario publicado ayer en el diario madrileño , en donde lo evoca como un hombre “incombustible”, que saltaba de una ciudad a otra, de un país a otro, que “se metía a todo el mundo en el bolsillo, ya fueran presidentes de la república o telefonistas”.
Joaquim Ibarz vivió en México por 28 años y durante ese tiempo fue testigo privilegiado, “de ojo crítico y pluma objetiva” —reconoce el gobierno mexicano en un comunicado— de la transformación política del país azteca y de América Latina. “Por eso son días tristes para el periodismo hispanoamericano”, añade.
Escribió crónicas que sacudieron el continente con sus descripciones del golpe de Estado de Honduras, con sus relatos llenos de empatía, contexto y conocimiento del terremoto de Haití. Durante años, y sorprendentemente de forma gratuita, el periodista asaltaba las páginas internacionales de El Espectador, igual para alertar de los peligros del nacimiento de un nuevo populismo encarnado por Hugo Chávez y sus aliados, como para narrar los terribles vestigios dejados por el paso del huracán Mitch.
En 2009 fue premio Cirilo Rodríguez de Periodismo, como reconocimiento por su labor en la zona, donde había cubierto los conflictos armados en Guatemala, El Salvador, Nicaragua, Colombia y Perú y todas las cumbres iberoamericanas, el triunfo sandinista en Nicaragua, la pacificación de Centroamérica (Esquipulas 1986 y 1987) y los procesos electorales en los países del entorno.
Fue también galardonado en 2010 con el Premio María Moors Cabot que otorga la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia, EE.UU.