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Falso positivo, crimen verdadero

Hace más de seis años que la expresión falsos positivos sale a la medida en los medios.

16 de noviembre de 2014 - 09:12 p. m.
/ Ilustraciones: Gova
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Y desde entonces se ha oído miles de veces, en boca de políticos, abogados, periodistas, en centenares de informes oficiales y no oficiales, de ONG, de Naciones Unidas, de la Corte Interamericana de derechos humanos, hubo hasta películas y miles de notas periodísticas.

Se volvió casi un género. Que también va a ser debatido en el Congreso en los próximos días. }

Por mi lado la primera vez que oí y leí tal expresión tuve que concentrarme para entender de qué se trataba y cuando entendí el asunto, traduciendo a la realidad estas dos palabras de apariencia benigna, me dieron escalofríos…

Visto del exterior la historia puede contarse fríamente: miles de jóvenes colombianos fueron asesinados por miembros de las fuerzas armadas colombianas y disfrazados de guerrilleros muertos para inflar las cifras de la guerra. Los soldados, estimulados por unas directivas según las cuales por cada muerto enemigo hay una recompensa, obtuvieron primas y ventajas. La jerarquía militar contabilizó estos «muertos enemigos»- en sus estadísticas y el gobierno pudo comunicar muy positivamente sobre sus victorias contra la insurgencia.

Desde entonces, las madres y familiares de los asesinados lloran sus seres queridos y luchan para que estos crímenes no queden impunes.

En muchos lugares del mundo existen políticas basadas sobre cifras y resultados que deforman los propósitos. Así en Francia durante el gobierno de Nicolás Sarkozy la policía, para alcanzar unas metas que imponía el gobierno, aumentó el número de detenidos por supuestos pequeños delitos -dejando muchas investigaciones más difíciles para resolver- con el fin de demostrar su eficiencia.

Pero, la expresión colombiana falsos positivos trae muchas preguntas sobre la violencia en sí misma y como la estamos contando y avalando.

Si unos hombres llegan a matar a sangre fría jóvenes indefensos por algunos pesos, ¿quiénes son? ¿Sicarios? Si en las fuerzas armadas llegan a comprar civiles muertos, ¿qué guerra hacen? Si existen personas -las que llaman reclutadores (!) – capaces de engañar a unos jóvenes con el propósito de vender sus vidas ¿qué se creen, diablos? Y si la sociedad acepta que la vida de ciertos seres humanos no cuenta, ¿cómo vive ella misma? ¿En qué momento un muerto se vuelve falso? ¿ y positivo?

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En todas las épocas, en todo el mundo, los hombres se escondieron y se esconden todavía detrás de las palabras para matar: puede ser en nombre de Dios, de la lucha contra el terrorismo, de la seguridad, de la pobreza… Inventan el lenguaje que justifica barbaridades, transforman esas barbaridades en banalidades, y borran de los corazones la necesaria compasión que permite a todos los miembros de la sociedad convivir.

Entonces, cuando se avecinan tiempos de paz y de justicia hay que llamar al pan pan y al vino vino. Entre 1998 y 2014 más de 6000 casos considerados como «falsos positivos» fueron denunciados. Apenas 544 soldados fueron condenados entre 2002 y 2008 por delitos denominados por la justicia como ejecuciones extrajudiciales o homicidios agravados sobre personas indefensas. El debate sobre la responsabilidad del Estado en esos macabros casos está por venir. Y hablando claro: no son ni falsos, ni positivos, son muertos y crímenes de verdad.

 

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