El Cartagena Festival Internacional de Música se tomó en serio la instrucción de recurrir a la fantasía para evolucionar. Con atrevimiento exhibió la Pasión de Mozart, La magia de Bach, El sonido de las Américas y El estilo italiano, pero en esta oportunidad le hizo un llamado especial a la imaginación para desarrollar, en diversos formatos musicales, algunas de las más importantes narraciones fantásticas del siglo XX.
Mostrar el encanto de Pulcinella (Ígor Stravinski 1882-1971) detrás de sus máscaras y más allá de sus recursos para salirse con la suya; recontar el capítulo de Pedro y el lobo (Serguéi Prokófiev 1891-1953) encontrándole nuevas aristas a la fábula; y recrear una versión intrépida de La Cenicienta (Gioachino Rossini (1792-1868) solamente lograban transformarse en realidades sobre el escenario con la complicidad de artistas consolidados. Por eso el festival, organizado por la Fundación Salvi, hizo una convocatoria que sobre el papel no deja vacíos.
La Orquesta de Cámara Orpheus, de Estados Unidos, es mucho más que un colectivo destinado para hacer música. Es una alternativa para las agrupaciones de gran formato, porque su distinción radica en el hecho de no tener un director establecido. La batuta rota entre sus integrantes de acuerdo con el repertorio ensayado durante la semana y la designación de la persona que ejercerá como el concertino, aquel músico preparado y capacitado para asumir los destinos sonoros de la agrupación, se lleva a cabo de manera democrática.
Esta orquesta tendrá una participación activa dentro del Cartagena VIII Festival Internacional de Música, así como también lo tendrá el Cuarteto Borodin. Este proyecto sonoro nació en 1945 y se le conoció inicialmente como el Cuarteto Filarmónico de Moscú. Diez años después modificó su nombre y desde entonces porta con orgullo la denominación con la que se ha posicionado como uno de los ensambles más prestigiosos en su formato.
En su nómina actual figuran los violinistas Ruben Aharonian y Sergey Lomovsky; el violista Igor Naidin; y Vladimir Balshin en el violonchelo, Durante los primeros años de historia del Cuarteto de Cuerdas Borodin el grupo contó con la tutoría dedicada de Dmitri Shostakovich (1906-1975). El reconocido compositor ruso se encargó de guiar por la senda musical a cuatro estudiantes del Conservatorio de Moscú, que un día optaron por construir un proyecto ambicioso para hacerles frente tanto a las creaciones de los autores clásicos como a las iniciativas sonoras de la época moderna.
Además de estas agrupaciones, la presencia de Katia y Marielle Labèque, tal vez el dúo de pianos más importantes del momento, también ha despertado el interés de los melómanos. El talento de estas hermanas es genético. A las dos les llegó de la mano de su madre, la pianista italiana Ada Cecchi, quien tuvo la responsabilidad de impartirles sus primeras lecciones de piano, aunque después dejó que se consolidaran hasta llegar a tocar con prestigiosas orquestas. La Filarmónica de Berlín, las Sinfónicas de Boston y Chicago, la Orquesta de Cleveland, la Sinfónica de Londres y la Filarmónica de Los Ángeles han acompañado al dueto europeo.
Además del repertorio clásico tradicional para piano, las Labèque han asumido la interesante labor de explorar otros estilos y se han aproximado con éxito tanto al barroco como al rock y al jazz. Por ejemplo, en noviembre de 2011 estrenaron el Concierto para dos pianos, de Richard Dubugnon, en Los Ángeles, bajo la dirección de Semyon Bychkov. A los pocos días ofrecieron una presentación en Francia con la Orquesta de París, con un repertorio totalmente diferente, y finalizaron su gira en Leipzig incluyendo géneros totalmente distintos.
La Orquesta de Cámara Orpheus, el Cuarteto de Cuerdas Borodin y las hermanas Labèque son tan solo tres de los invitados de primera línea que tendrá el Cartagena VIII Festival Internacional de Música, que comienza a subirle el tono a La Heroica a partir de mañana.
Información y boletería: www.cartagenamusicfestival.com y www.primerafila.com.
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