Desde Andrés Caicedo y su producción enmarcada en el ambiente salsirockero y marihuanesco de la Cali del siglo pasado, no aparecía en el panorama de la literatura nacional un texto de corte intimista y testimonial que recreara el dramático y alucinante universo de la drogadicción.
Fondoblanco, ganadora de la primera convocatoria de Estímulo del Ministerio de Cultura a editoriales independientes y editada por Icono, Cerlac y Mincultura, es la ópera prima de Alejandro Arciniegas. Poeta de tiempo completo, además ha tenido experiencias de trabajo social con farmacodependientes.
Arciniegas nos mete de una y de lleno en un viaje en el interior de la desazón existencial, la contradicción social y la aflicción producidas por la adicción a todo tipo de estupefacientes (marihuana, perica, hongos, anfetamina y el más letal para el alma, el basuco) de personajes que suenan más cercanos de lo que podríamos pensar. Chaz, Mariana, Francoise, Theo, se deslizan en un ritmo vertiginoso por un mundo de preguntas inquietantes, paraísos falsos, que sin visajes recrea por igual el ambiente drogo de unos niños y niñas bien y otros no tanto, que asisten a afterparties y rumbas clandestinas.
Fondoblanco es viaje alucinado que en pequeñas dosis pasea por nuestras narices y nuestras entrañas, la angustia de sus protagonistas por la dosis personal de cada día. Visita guiada, narcoturismo inquietante por los inframundos de la droga, recorrido de corrido por la Zona Rosa, parada necesaria en la olla a espaldas de la céntrica universidad, parada obligada en el calabozo o la clínica psiquiátrica, hasta llegar a un infernal paraíso llamado El Cartucho o Cincohuecos o El Bronx, lugares que en realidad quedan en los abismos desquiciados de nosotros mismos.
Cada miseria, cada perversa curiosidad, sueña con su propio cartucho. Viaje de ida y vuelta al mundo vertiginoso y paradójico de la drogadicción, retrato de una generación del degenere. Bien lo dice unos de sus protagonistas: “Degenerar no es sino eso: apresurar la curva descendente que a todos nos espera (…) emprender un movimiento retrógrado que no conduce a ninguna parte, que nos lleva despeñados hasta el fondo de la huesa”.
Esta obra deja entrever una realidad que está latente, asustadora como el basuco, el susto mismo, con un ritmo perturbador y algunas escenas cinematográficas que obligan al lector a devorar la novela de un solo trago, de Fondoblanco.