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Formas de hacerse grande sin dejar de ser independiente

El peso de los sellos independientes también se sintió en la Feria del Libro de Guadalajara.

14 de diciembre de 2013 - 10:50 a. m.
: Este quizá fue el año con mayor representación de editoriales independientes colombianas en la FIL. / Cortesía: FIL Guadalajara
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Dicen que las empresas pequeñas sólo sobreviven si se hacen grandes o si conservan su estructura original, como si la rentabilidad no supiera de términos medios. La premisa es especialmente preocupante en el negocio editorial, marcado en 2013 por la fusión ya efectiva de Random House y Penguin, dos de las casas con más y mejores contenidos. India, China, Rusia y Brasil son algunos de los mercados emergentes en los que la nueva súper empresa pasa a tener hegemonía, pero el ánimo expansionista no termina y es un hecho que Alfaguara está en la mira. No sólo por sus autores –Pérez Reverte, Vargas Llosa, Saramago– sino, sobre todo, por la sólida estructura del sello en América Latina. ¿Dónde acaba el temido término medio para un gigante? ¿En qué punto lo grande se convierte en atrofiado? Los grandes dicen que unirse es necesario para negociar mejores condiciones con Amazon, esa mano que mece la cuna en la que editores y libreros duermen acechados por pesadillas sobre precios fijos y algoritmos.

Los pequeños ven el mundo arder. O en eso creen.

En algún momento entre 2010 y 2011 se volvió cool ser editor independiente en Colombia. Nadie inventó nada, bastó con ponerse de acuerdo. En la Barcelona de los 70, el Grup 62 marcó uno de los antecedentes más brillantes en esto de reunir sellos pequeños y con mucha personalidad para buscar mejores descuentos en librerías, condiciones de distribución y precios de impresión. Más reciente es el caso del Grupo Contexto, que también desde Barcelona reúne a Impedimenta, Libros del Asteroide, Global Rhythm, Nórdica, Periférica y Sexto Piso bajo la misma premisa. Los editores independientes no usan corbata.

A estas alturas es probable que cualquier lector colombiano ya haya escuchado algo sobre La Ruta de la Independencia, una versión nacional de los casos antes expuestos. Doce editoriales y una librería que le han dado la vuelta al país desde 2012, proyectando cierta idea de unidad en ferias del libro. Al frente de cada una, gente que apenas llega a los 40 y un catálogo aún irregular individualmente, pero diverso y potente a nivel colectivo. No son opiniones, es lo que también se pudo comprobar en la FIL Guadalajara.

A México viajaron ocho –Destiempo, La Silueta, Luna Libros, Laguna, Jardín, Rey Naranjo, El Peregrino y Robot– para agruparse en un mismo stand, además de Tragaluz, que tuvo su propio espacio, y Babel, que se asoció con la editorial infantil venezolana Ekaré. Las últimas dos merecen una mención aparte porque son más antiguas y llevan algunos años de experiencia en ferias internacionales, pero la imagen de las primeras ocho en el Pasillo JJ del Área Internacional de la Expo fue, con diferencia, el punto más alto de Colombia en la FIL.

Editoriales como las argentinas Eterna Cadencia y Adriana Hidalgo, y las mexicanas Almadía, Sexto Piso y Arlequín tienen catálogos envidiables, bien definidos, y en esta FIL confirmaron su crecimiento individual. Está claro que en La Ruta de la Independencia aún falta para llegar a ese nivel, pero este espíritu de asociación va recortando distancia. La primera, en oferta. En Guadalajara sumaban 110 títulos, suficiente para llamar la atención en las mesas de ventas de derechos. Hasta México llegó la épica de Memoria por correspondencia de Emma Reyes, editada por Laguna Libros y vista con interés por compradores internacionales, lo mismo que el depurado ejercicio de La Silueta en libros como Cartilla objetiva o alfabeto imaginario, de Rafael Pombo y Sergio Trujillo Magnenat. Bogotá fonográfica, también de Laguna Libros, es una buena carta de presentación para entrar en cualquier ciudad, y Luna Libros se hace fuerte desde su poesía, el género que supuestamente no vende. Rey Naranjo está a punto de editar al estadounidense George Saunders, uno de los autores más celebrados de 2013 por su libro Diez de diciembre, y busca expandir su catálogo brasileño más allá de Luiz Ruffato, el autor que inauguró la Feria de Frankfurt de este año, honor que suele llevarse el considerado mejor escritor del país invitado de turno.

Leído así, La Ruta de la Independencia tiene una fuerza colectiva con todos los espacios por ganar y el segundo ámbito donde recortan diferencias a sus pares latinoamericanos es la distribución. Tan rápido como enero del próximo año comenzará a distribuir algunos libros en las grandes cadenas de librerías mexicanas Gandhi y El Péndulo, pero la idea es que a finales de 2014 La Ruta en pleno esté en todo México, para lo cual crearon La Diligencia, el brazo encargado de las negociaciones de distribución internacional.

Exagerando un poco, se puede decir que no hay dos catálogos parecidos entre los de La Ruta de la Independencia. Es en ese divide y vencerás donde puede haber una alternativa real a los monopolios editoriales.

 

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