La geografía urbana, los transeúntes de las ciudades, son los protagonistas para los lentes de Fernando Cano y Nicolás Sanín, quienes presentan una muestra conjunta en el Museo de Artes Visuales de la Universidad Jorge Tadeo Lozano.
En las imágenes de Cano se recorre el mundo, desde la elegancia de un matrimonio en Tokio o la mente extraviada de un borracho londinense, hasta el paso apurado de un neoyorquino o el desparpajo coqueto de un colombiano que desvía la mirada ante una mujer bonita.
Desde sus tiempos como reportero gráfico de El Espectador, a Cano le quedó marcado este oficio, que ahora disfruta como hobby. “A mí me quedó el defecto y la virtud de cuando era reportero gráfico de El Espectador. No se podía ‘montar’ una fotografía. Uno se tenía que ganar el sueldo con el conocimiento de lo que iba a cubrir y con el refrán en mente de ‘vale más una imagen que mil palabras’. Me quedó la disciplina de sentarme y de esperar ese momento”.
La calle es lo que más le interesa. Es ahí donde encuentra al ser humano en toda su expresión, porque no importa si es Cuba, Oriente Medio o Colombia, todos nos podemos identificar con la soledad, el amor y la ironía, sentimientos y situaciones que atañen a todos los hombres. Sale siempre con su cámara y con los ojos bien abiertos. Un semáforo en rojo, una ventana, un cruce de calles pueden ser parajes ricos en situaciones para Cano. Espera pacientemente, horas, a que el personaje que busca pase en un momento preciso, bajo el rayo de luz que dará una sombra específica o la profundidad deseada. Perderá el hilo de la conversación, será un pésimo acompañante de caminatas, porque terminará perdiéndose en la calle y en esa relación especial que tiene con su cámara para develar la naturaleza humana en pequeños instantes congelados.
Siempre está al acecho de una situación espontánea. Sus sujetos desprovistos de poses no están al tanto de que él, de cierta manera oculto, está listo para obturar.
Por otro lado, Nicolás Sanín, como artista plástico que cree en el carácter interdisciplinario del oficio, presenta su primer proyecto fotográfico, Réflex.
El azar y el retrato son el punto de partida. Todos los días, en el trayecto de su casa al trabajo, se sentaba en el bus, y sin saber a quién descubriría al otro lado de la ventana, ni qué reflejos se podrían generar, esperaba ese encuentro, perseguía ese pequeño accidente. Sin embargo, encontrar esos momentos era complicado: “La mayoría de fotos que conseguía eran ‘malas’: oscuras, borrosas, desenfocadas o sobreexpuestas”, advierte Sanín.
Muchos de esos retratos fueron enmarcados con materiales de desechos de buses, y así logró darles un impacto mayor a esas imágenes que salen entonces de la introspección, de esos momentos personales y solitarios que surgen durante un recorrido en el transporte público bogotano. Con este proyecto, Sanín se ganó una residencia artística en Roma otorgada por el ILA.
En la capital italiana quiso averiguar qué pasaba con el mismo proyecto. Esta vez, el transporte público europeo, organizado perfectamente, no permitía que dos buses se encontraran uno junto al otro. Sanín se bajaba y desde los paraderos y los semáforos en rojo obturaba el lente. Jugó más con los reflejos y se encontró con más autorretratos involuntarios. También se dio cuenta de que la actitud de la gente en Roma era más relajada que el tono cerrado y contraído que revela la gente en Bogotá.
Estas dos muestras dialogan entre ellas con esos momentos espontáneos que surgen del azar y de la calle.
Museo de Artes Visuales de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, calle 22 Nº 3-27. Tel.: 242 7030, ext. 1405.