Ser humano implica estar presente y ser consciente. No siempre estas dos circunstancias traen consigo las sensaciones agradables con las que quisiéramos enfrentarnos a la vida diariamente. Para nadie será nueva la noticia de que no siempre el sol brillará o de que simplemente ese resplandor, eventualmente, se convertirá en ardor, cuando el nudo en la garganta, por los virajes del camino, se intensifique. Los virajes caprichosos o injustos. Los que no tienen que ver con nuestros planes. Los «que Dios quiso» o los «que el destino dispuso».
Según el pensamiento sistémico, una de las formas con las que el ser humano puede comenzar a evitarse enfermedades, es la adecuada expresión de las emociones: rabia, dolor, alegría, tristeza. Dicen que deben sacarse físicamente, que son manifestaciones del cuerpo y que llevarlas hacia afuera es una forma de reconocerlas y superarlas. Este libro es una forma de ver, especificamente, a la tristeza como una oportunidad. Una herramienta para que, a través de un filtro que siempre se ha visto oscuro, los brotes cotidianos de felicidad se hagan evidentes. Sacar la emoción por medio del llanto o los gritos podría ser tan útil como disolverla entre las posibilidades de cada amargura, entre lo que podría nacer de probar el trago más amargo.
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¿Qué lugar ocupó la tristeza en su infancia?
La tristeza la conocí el día en que nos mudamos a vivir a una casa más grande, porque ya había llegado mi segundo hermano menor y necesitábamos más espacio. Llegamos a un barrio nuevo lleno de niños, donde percibí que yo era raro y no pertenecía. El primer día que salí a jugar con mis nuevos vecinos uno de ellos me arrojó una piedra en la cara y me gritó «maricón». Yo no conocía esa palabra, ni sabía que en este mundo algo estaba mal conmigo. En mi casa no tuvieron las herramientas para ayudarme y eso me angustiaba mucho. Yo no entendía lo que pasaba, y los adultos que me cuidaban no supieron qué hacer porque era muy incómodo. Esa tristeza y miedo a lo que yo era y soy realmente, le dieron forma a toda mi vida.
¿Qué significa ser ilustrador y qué logra ilustrando?
Creo que el arte es un paliativo. La experiencia de ser un mamífero consciente de su existencia encima de un planeta es curiosa y linda, pero también es completamente incierta y angustiante. Toda expresión artística es un acto de presencia y un intento de aliviar esa incertidumbre dándole un significado.
En mi experiencia, aun cuando el trabajo sea algo comercial para un cliente o publicación, se logra habitar esto y tu personalidad y mundo emocional quedan plasmados.
¿De dónde vino esta curiosidad por la cotidianidad y el trabajo posterior de dibujarla para los niños?
Es cierto que este libro está enmarcado comercialmente para niños, pero la verdad es que este libro lo hice para mí. Y así como lo siento para mí, creo que todos los adultos son simplemente niños que han estado más tiempo en este lugar. Creo que este libro conversa con niños de cualquier edad, de seis o de sesenta, porque no fue hecho pensando en que lo consumiera un niño de seis años.
¿Qué opina sobre la forma en la que tramitamos las emociones los seres humanos? ¿Estos comportamientos tendrían que ver con su libro?
Ser persona es algo súper confuso. La forma en que vivimos las emociones ha cambiado respecto a todo tipo de circunstancias históricas, geográficas y culturales. Actualmente nos encontramos en una situación de globalización digital que nunca habíamos visto. No sé si lo estamos haciendo bien, pero creo que estamos mejorando en comparación con nuestros padres, nuestros abuelos y así.
Veo a mis padres, y dándome cuenta de las limitaciones que tuvieron conmigo, aceptando que hicieron lo que pudieron con las herramientas que la vida les había entregado, comprendo que son casi un milagro respecto a los padres que ellos tuvieron. Y así, para atrás, mis abuelos fueron mejores que sus padres. Muy posiblemente el cambio climático acabe con los humanos más pronto que tarde, pero al menos queremos conscientemente comunicarnos, vivir armoniosamente con los altos y bajos. Queremos más.
¿Por qué centrarse especificamente en la tristeza?
Este libro se gestó solo, de manera espontánea y con pocos procesos racionales por lo que en ningún momento se trató de una decisión de trabajar una emoción, ni tampoco en enfocarme hacia el mundo editorial infantil.
¿En qué consistió? ¿Cómo lo hizo?
Primero vino la estética: mientras trabajaba «Gay Gigante» en 2015, comencé a sentirme atraído en mis tiempos libres a generar paletas cromáticas coloridas y saturadas. De algún modo fue una terapia, un hacer que me distraía de trabajar mi memoria para alimentar a esa novela gráfica rosa que se estaba formando. No tenía idea a qué pertenecían las manchitas y abstracciones de colores, pero de a poco fueron apareciendo formas recurrentes, modos de expresarlas y con el tiempo se fue armando una especie de universo propio y un estilo nuevo.
Un par de años después, meditando sobre mi propia tristeza, vino lo que inspiró la escritura: “Existe una cosa que se llama tristeza» pensé. Meditaba sobre la mía: yo no era tristeza, sino que realmente existía una cosa que a veces estaba conmigo y me acompañaba. Algo con un afán y una búsqueda. Cuando tuve ese pensamiento estaba acostado tratando de quedarme dormido, pero sentí la urgencia de levantarme a ir a mi taller a anotar esto en un cuaderno.
«Existe una cosa que se llama tristeza», escribí. Luego miré un cuadro mío colgado en un muro del taller junto al escritorio, reconociendo ahora este mundo visual que ya estaba preparado. Y continué «Y tiene un ojo, que todo lo ve.», Cuando me fui a dormir media hora después el libro estaba escrito completo junto con un storyboard general de sus páginas con bocetos de las ilustraciones que las acompañarían. Además de todo decía «El libro de la tristeza”. En la mañana me levanté temprano pensando solo en esto, despejé mi agenda y en los días que siguieron terminé el primer borrador del libro.
El día en que abrí la caja con las muestras del libro terminado que me enviaron desde España, también abrí un sobre con la confirmación de un cáncer. Pasé por la experiencia física y emocional más triste de mi vida y quedé con una cicatriz en el cuello con la misma forma de sonrisa de su portada.
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Podríamos concluir que la producción y el contenido de este libro lo ayudaron a sobreponerse a las situaciones que lo condujeron a esa tristeza que a veces sintió tan pesada…
Si creyera en la magia o en los misterios, diría que este libro lo hice para mí en el futuro, como un acto de amor y de ayuda. Para que la tristeza no me venciera y pudiera recordarme que es solo una emoción, y que va pasar sin importar lo tremendo que esté sucediendo. No entiendo ni sé bien cómo, pero así fue.
Han pasado ya siete meses y estoy más sano y contento que nunca. Pero más que nada, agradecido con la visita de este cuento que me salvó.