En Italia, la expresión ‘opera buffa’, (en aquella época llamada ‘Comedia con Música’), era sinónimo de ópera cómica, aunque en principio las dos expresiones no eran coincidentes. “Entre ellas, se estableció una sutil diferencia, apuntada sabiamente en el Siglo XVII por Nicolò Barbieri, quien manifestaba que la risa que nace de lo cómico y la que nace de lo bufo son distintas. Aquélla surge del equívoco o palabra graciosa; ésta, de la acción desbordada. La comedia tiene por objeto las costumbres virtuosas, mientras que la bufonada observa la detracción del prójimo. De todas formas, los dos términos fueron poco a poco identificándose, a medida que transcurría el Siglo XVIII, tras producirse en 1718 el estreno de lo que se ha considerado después como el auténtico arquetipo de la ópera ‘buffa’ napolitana: ‘Il trionfo dell’onore’ de Alessandro Scarlatti”. Sin embargo, “…fue Rossini el que, después de Giovanni Paisiello (1740-1816), logró llevar la ópera bufa a su más alto reconocimiento popular, si bien rompiendo la forma tradicional de la ‘opera buffa’, embelleciendo sus melodías, aplicando ritmos poco usuales y restableciendo el lugar apropiado para la orquesta, al poner al cantante al servicio de la música, típico esquema de lo que se llamaría ‘Bel Canto’”.
El ‘Bel Canto’, es un género operístico de los años finales del Siglo XVIII principios del Siglo XIX, caracterizado por “…el énfasis en la expresividad de la voz, por la belleza del tono, por el refinamiento en el fraseo de la obra y por la ejecución impecable en el acompañamiento orquestal”, y aunque Rossini se considera también como el más caracterizado exponente del ‘Bel Canto’ (y su verdadero creador), “…se diría que aplicó, a su manera, los siempre efectivos recursos del bel canto a la ópera cómica, realizando, al mismo tiempo, un importante esfuerzo de coherencia artística en aquella, al combatir las improvisaciones caprichosas de los cantantes, supervisando los libretos y procurando la creación de personajes creíbles y humanos, extraídos de la vida real”.
Gioacchino Antonio Rossini nació en Pesaro, Italia, el 29 de Febrero de 1792, en una familia de músicos. Su padre, Giuseppe, era trompetista y ejecutante del corno en la orquesta municipal de Pesaro y en varias bandas y orquestas locales, así como inspector de panaderías, y su madre, Ana Giudarini, una cantante aficionada, posteriormente cantante en coros de ópera en teatros de segunda. Inicialmente, y no obstante el trabajo compartido de sus padres, fue difícil para la familia superar del todo la pobreza, si bien la infancia de Rossini sí transcurrió muy cercana a los teatros y al mundo de la ópera. Cuando Giuseppe, su padre, fue nombrado como miembro de la Academia Musical de Bolonia, aquello motivó su traslado a Lugo, con el propósito de continuar la tradición musical de la familia y proporcionar a Gioacchino una preparación musical acorde con las habilidades musicales mostradas por el joven.
Allí, en Lugo, Rossini inició sus estudios en la Escuela de Música y Canto del Maestro Giuseppe Malerbi y su hermano Luigi Malerbi. Como alumno predilecto que fuera del Maestro Malerbi, quien también fue prestigioso compositor de música de cámara y música sacra, Rossini aprendió canto y ejecución del clavicémbalo, familiarizándose, en la biblioteca del Palazzo Malerbi, con las partituras y temas sinfónicos de Mozart y de Haydn, e iniciándose también en la composición de pequeñas piezas. Con todo, aquella influencia germánica provocó cierta suspicacia en los conservadores músicos italianos, quienes tildaran a Rossini como ‘il tedeschino’, es decir, ‘el pequeño alemán’. Transcurridos cuatro años de enseñanza, el Maestro Malerbi “…le abrió las puertas para que completara, posteriormente, su formación en al afamado Conservatorio de Bolonia, donde anteriormente había estudiado Wolfgang Amadeus Mozart, como alumno del Padre Giovanni Battista Martíni”. Ya en Bolonia, “…Rossini estudió por corto tiempo con el Padre Angelo Tesei, ingresando luego, en 1806, a los 14 años, el en Conservatorio de Bolonia, en donde su nuevo maestro fue el Padre Stanislao Mattei, sucesor del Padre Martini”. Por entonces, Rossini ya había tomado la decisión de dedicarse a la ópera.
Aunque su primera ópera, ‘Demetrio e Polibio’, la había compuesto sin éxito desde 1806, solo hasta 1810 se presentó la oportunidad de escribir una ópera, por encargo del Teatro San Mosè de Venecia, y precisamente el tipo de ópera por él anhelada. Encomendada para cumplir con el fallido encargo de una ópera bufa que faltaba en la temporada del Teatro, la obra que Rossini aceptó componer, ‘La cambiale di matrimonio’, resultó ser una obra corta, pero muy acorde con las exigencias del público de la época, por ser una sátira con graciosas situaciones ciertamente cómicas. En la obertura de la ópera, (basada en una obra menor de su época de estudiante), ya se asoman algunos ‘crescendi’, “…el aumento gradual de la sonoridad de la orquesta sobre un tema reiterado, con el objeto de fascinar al público de la época, poco acostumbrado a una orquestación sonora y rítmica”.
En 1811, cuando compuso ‘L’equivoco stravagante’ y aún otras de sus óperas cómicas, Rossini ya había roto el esquema tradicional de la ‘opera buffa’, entrando de lleno al Bel Canto. Y, por increíble y paradójico que parezca, “…con la obra de Rossini también se inició la decadencia del bel canto puro por él creado; esta aparente paradoja deja de serlo en el mismo momento en que se advierte que, a los recursos vocales de cuño belcantista (exigentes como los que más) que Rossini manejaba magistralmente, Rossini agregó una preocupación por la acción dramática y por la elocuencia expresiva de la melodía, que en Italia estaban, desde hacía muchos años, olvidadas”.
Por aquellos años, 1812, Marietta Marcolini, cantante que ya había participado en varias de las óperas de Rossini, lo recomendó ante el comité de La Scala de Milán, cuyo contrato se inició con la composición de ‘La pietra del paragone’. En su final, y por primera vez, Rossini hace uso del ‘crescendi’, algo que marcaría la genialidad y vivacidad de su música. Respecto al ‘crescendi’, “…existe, sin duda, una razón psicológica por la que el oído se siente halagado al captar esas repeticiones de intensidad creciente, sabiendo, de antemano, que el tema apuntado por la orquesta irá creciendo como un inmenso globo, hasta estallar en un estruendo orquestal. En aquella época, este recurso no tenía antecedentes. Otro procedimiento característico de Rossini, que ejerció sin duda una gran fascinación auditiva en el público, consistía en engarzar levemente la línea vocal sobre un comentario orquestal que se repetía obsesivamente; lo mismo sucede con la operación contraria, en la que el personaje canta insistentemente la misma nota mientras la orquesta decora hábilmente el fondo, dando la impresión de que el cantante participa en la melodía, cuando en realidad no es así”. Su debut en La Scala , fue trascendental para Rossini, pues le facilitó su vinculación al Teatro San Mosè de Venecia y al Teatro La Fenice de Venecia, uno de los más prestigiosos de Italia.
Así, con música exquisita y vivaz, melodías cautivadoras, chispeantes ‘crescendi’ y con frecuente y visible vena satírica, se fue consolidando el estilo rossiniano en una primera gran etapa, de las dos etapas en las cuales se puede agrupar su producción musical, la Etapa Italiana. En este grupo figuran ‘L’Occazione fa il ladro’ (‘La ocasión hace al ladrón’), y otra, ‘Il signor Bruschino’, ésta última con una obertura en la cual Rossini incluyó un novedoso, fascinante y célebre pasaje, en el que los violinistas de la orquesta golpean, repetida y rítmicamente, las lámparas de sus atriles, con los arcos de sus instrumentos. Seguiría ‘Tancredi’, (1813), la primera de sus ‘óperas serias’, ésta de corte neoclásico, con libreto de Gaetano Rossi, quien se inspiró en ‘La Jerusalén liberada’ ,de Tasso y en ‘Tancrède’, de Voltaire. En ‘Tancredi’, “…Rossini combina la expresión lírica y las características fundamentales del drama, con sus melodías cristalinas”. Presentada en el Teatro La Fenice con éxito arrollador, desbordó el prestigio de la ópera en Italia y en otros países. En ‘L’italiana in Algeri’, (1813), “…una clásica ópera bufa de tema ‘musulmán’ como lo era ‘El rapto del serrallo’ compuesta pocos años antes por Mozart, Rossini cambia fácilmente del sentimentalismo al patriotismo, y del absurdo a la locura”.
Durante su corta vinculación con el Teatro San Carlo de Nápoles, la relación amorosa de Rossini con la gran mezzosoprano Isabella Colbrand (con quien se casó años después), inició en él una orientación diferente para su música, “…pues ella era una cantante de ópera seria y su voz se adaptaba mejor a un tipo de canto sostenido y expresivo”. Rossini, entonces, “… empezó a escribir, para su amante, óperas serias en las que el canto tendía a la melancolía y a la expresión de sentimientos afines al gusto prerromántico, ya perceptible en otros campos artísticos”.
De aquellos años, 1816, data la composición de su ópera más famosa, ‘Il barbiere di Siviglia’, basada en la obra teatral de Pierre-Agustin Caron de Beaumarchais, con argumento ya puesto en música en 1782 por Paisiello y adaptado para Rossini por Cesare Sterbini. ‘El barbero de Sevilla’, ópera bufa de elaborada ornamentación vocal e instrumental, fue prodigiosamente escrita, en menos de tres semanas, y ha sido considerada como la mejor de todas las óperas cómicas italianas. El propio Rossini, predijo la proyección de la fama de ésta ópera hacia la posteridad, cuando manifestó a uno de sus amigos: “..una cosa pienso y puedo asegurarle: que de mis trabajos, el segundo acto de ‘William Tell’, el tercer acto de ‘Otello’ y toda la ópera ‘ Il barbiere di Siviglia’ perdurarán’.
‘La Cenerentola’, (‘La Cenicienta’), es, sin duda, la ópera más famosa, después de ‘El barbero de Sevilla’, y presenta el cuento de Perrault, adaptado para adultos. ‘La Cenerentola’, “…cierra un capítulo glorioso de la tradición bufa italiana”. A partir de ese momento, Rossini cambiaría de orientación, si bien ese mismo año, 1817, estrenó ‘La gazza ladra’, (La urraca ladrona’), “…ópera semiseria en la que ofreció dos novedades: la obertura, que se inicia con un vistoso redoble de tambor que llamó poderosamente la atención y que despertó iras en las filas de los conservadores, y el hecho de que la urraca intervenga, aunque muy moderadamente, en la partitura”.
Las óperas ‘napolitanas’ de Rossini “…muestran una expansión de sus métodos musicales, con
mayores y más extensos conjuntos, y al coro como un participante sumamente activo; el recitativo que las acompaña es mucho más dramático y en ellos la orquesta cumple un papel fundamental”. Con su nueva orientación hacia la ópera seria, después de varias obras que tuvieron poca acogida, siguieron estrenos exitosos como ‘Otello, ossia il moro di Venezia’, 1816, ‘ basada lejanamente en Shakespeare’ , ‘Mòse en Egitto’, 1818, sobre temas bíblicos y ‘La donna del lago’, una de sus mejores obras románticas, basada en una novela de Sir Walter Scott. Con ‘Semiramis’, (1823), “….cuya extensa obertura es de las más célebres, Rossini volvió por los fueros de la vieja ópera seria de estilo rococó”.
Recién casado con Isabella Colbrand , (1822), Rossini viajó a Viena, “…en donde fue clamorosamente acogido por un público que adoraba su música”. Allí logró satisfacer su anhelo de conocer y visitar a Ludwig van Beethoven. Entonces fue cuando el mismísimo Beethoven, casi anciano a los 51 años , cascarrabias, ya sordo y con una precaria salud, en la visita le expresó, por escrito, su concepto acerca de sus óperas: “…Ah, Rossini. Así que usted es el compositor de ‘El Barbero de Sevilla’. Lo felicito. Ésta, será ejecutada, mientras exista la ópera italiana. Nunca trate de escribir algo diferente a la ópera buffa; cualquier otro estilo estaría en contra de su naturaleza”.
En aquellos días, tanto la espontánea ovación en Viena, como expresiones semejantes en otras ciudades, hablan del gran prestigio de Rossini, rebasando ya las fronteras de Italia. No resulta exagerado entonces hablar de una especie de ‘fiebre Rossini’ en muchos de los compositores de la época y, desde luego, en los estratos populares. El gran escritor e historiador francés Henri Beyle, conocido por su seudónimo Stendhal, biógrafo de Rossini, decía de él, relatando su vida: “…El Maestro Rossini, al que respeto infinitamente, es un gran señor que, aparte de ser envidiado por todos, sacó el primer premio en la lotería de la naturaleza, ganando un nombre imperecedero, el genio y también la felicidad.” También Stendhal, relata una simpática anécdota, “… que habla del fanatismo de las gentes por su música, al mencionar en sus crónicas el caso de un equipajero de Parma, que en la estación le preguntó al famoso tenor italiano Andrea Nozzari: ¿no fue, acaso, usted quien cantó anoche en el Teatro Regio? ¿si?…pues entonces cargue usted mismo sus maletas, hasta cuando aprenda a cantar bien a Rossini!!”.
Seguiría una prolongada permanencia en Londres, durante la cual cantó con su esposa y dio conciertos en las altas esferas de la sociedad y gentes cercanas al Rey George IV, actividad que le reportó grandes ingresos económicos.
Se considera que la segunda gran etapa, la Etapa Parisiense, en la inspiración y estilo de Rossini, comenzó en 1823, a su llegada a París, en donde le esperaba una entusiasta bienvenida, tanto de la Academia como de una nutrida multitud de admiradores de su música y de sus óperas en la capital francesa. Cuando se estableció en París, ya se le conocía como ‘Monsieur Crescendo’. Por entonces, París era el centro del mundo, y Rossini lo sabía. Después de la presentación de algunas de sus obras, compuso ‘Il viaggio a Reims’, una cantata improvisada para la coronación de Charles X.
Estrenada en 1828, ‘Le comte Ory’ , su primera ópera cómica francesa, “…resultó ser una feliz adaptación del estilo de la opera buffa, al estilo característico de la ópera francesa, para lo cual Rossini modificó la estructura de la obra, remplazando la artificial frialdad de la florida coloratura, por un canto alto y declamatorio, y reformando la orquesta para dar más importancia a los coros”.
Con ‘Guillaume Tell, su última ópera, compuesta en 1829, Rossini pretendía ofrecer una ópera que se aviniera del todo con el esquema de una ‘grand’opéra’ y, ciertamente, el resultado, después de un prolongado trabajo, fue una obra monumental, “…con una orquestación detalladamente elaborada, muchos conjuntos, espectaculares ballets y procesiones al estilo francés, y armonías bastante audaces para la época”. Con libreto en francés, el tema, de carácter histórico y patriótico, “…se basó en la versión dramática de Schiller, de la épica leyenda acerca del conflicto entre suizos y austríacos. La obra era plenamente romántica, si bien Rossini quiso que su espectacular obertura, de corte sinfónico y con alguna influencia de Beethoven, también terminara con un crescendo”.
A los 37 años de edad, en 1829, Rossini, el músico más aclamado de la Europa de principios del Siglo XIX, inexplicablemente dejó de componer para los escenarios líricos. “…Varias han sido las razones, todas conjeturales, que han tratado de esclarecer su actitud y decisión: circunstancias políticas derivadas de la Revolución de 1830 en París, tales como la suspensión de los vínculos con las esferas oficiales de la música francesa, (era director de la Ópera Italiana en París e Inspector del Canto en Francia), falta de interés en lo económico por el exceso de riqueza acumulada, numerosas dificultades de salud, principalmente ciclotimia maníaco-depresiva”, y muy posiblemente la muerte de su madre, 1827, con la cual estuvo siempre muy ligado afectivamente.
Después de su retirada de la composición de óperas, y durante los 39 años de vida que le quedaban, Rossini seguiría componiendo muchas obras de cámara, algunas religiosas y otras para coro. Permaneció por algún tiempo en Italia para regresar, años después, a París. Al fallecimiento, en 1845, de Isabella su primera esposa, de quien estuvo separado varios años, se casó, en 1846, con la francesa Olympe Pélisser, con quien había convivido desde su rompimiento con Isabella.
Obras religiosas que compuso durante su retiro, el ‘Stabat Mater’, 1832, pieza que se estrenó en 1842, “…después de diez años que tardó en completarla, despertando el entusiasmo del público por su regreso”, y ‘Petite Messe solenelle’, ‘Pequeña Misa solemne’, en 1864. De aquella época, también música de cámara con ‘Peches de veillese’ (Pecados de la vejez’), una colección de 180 piezas para piano y piezas para piano con varios instrumentos y voces, y sus famosas ‘Les soirées Musicales’, una bellísima colección de Cantos y Duetos.
Rossini se repuso lentamente de sus enfermedades “….y pasó largas temporadas entre París y Bolonia, visitando también Madrid, Viena y Londres, para presenciar la ejecución de sus óperas, siempre acompañado por Olympia”. En Italia estuvo nuevamente enfermo, y cuando se repuso decidió finalmente fijar su residencia en Francia, a donde se trasladó definitivamente con su esposa en Abril de 1855. Y allí, fue cuando se incorporó de lleno al ‘savoir vivre’ de París. “Su situación económica era muy buena, por la gran cantidad de música que había creado, la cual le aseguraba una cuantiosa renta. Entonces, construyó una lujosa residencia en Passy y un departamento en París, que bien pronto se convirtió en ‘rendez-vous’ de celebridades de la época”. En su vida parisiense, Rossini pudo dedicarse a su otra pasión de toda la vida: el arte de la buena cocina y… la gastronomía.
Rossini se convirtió en asiduo visitante de los mejores restaurantes, “…donde se presentaba al ‘Maître’ y también visitaba las cocinas, antes de pedir los platos más suculentos. También solía quedarse en la cocina, para ver cómo se preparaba su comida y sugería nuevas recetas”. Durante el primer período, de los dos que vivió en París, “…se hizo muy amigo del célebre ‘maître’ Marie Antoine, llamado por todos Antonin Caréme. Este chef, conocido internacionalmente, comentó en un diario de la época, que nadie entendía tan bien su cocina como Rossini”. De aquellos tiempos de opulencia, entre las muchas recetas que dejó, hoy en día siempre figuran dos, en los menús de los más exclusivos restaurantes en todo el mundo: los ‘Canelones Rossini’, y el ‘Tournedo Rossini’.
En su residencia de Passy, “…recibía a los más famosos invitados y artistas, en ‘Cenas de Gala’, en las cuales se lucía el famoso cocinero Caréme con sus platos, y sus invitados tocando varios instrumentos, cantando o recitando. Éstas cenas se celebraban generalmente los sábados en la noche, se tenía que asistir de estricta etiqueta y, para ser invitados, eran necesarios tres requisitos básicos: en primer término, la máxima deferencia con la Señora Olympia Rossini; luego, la condición de interesar al dueño de casa; y la tercera, el haberse destacado en algo”. Así, “…el ser invitado a las cenas de Rossini, era un reconocimiento, casi un certificado para ‘ser alguien’. Las gacetas de la época relataban estas reuniones con todos los detalles posibles. A las reuniones acudieron con frecuencia personalidades como el Barón Rothschild, el Príncipe ruso Poniatowski, Gustavo Doré, Alejandro Dumas, compositores como Wagner, Auber, Weber, Saint-Sáens, Weber, Boito y célebres cantantes, violinistas, pianistas, poetas, escritores, etcétera”. La visita de Wagner en 1860 y su fascinante conversación, quedó plasmada en su Ensayo ‘A la memoria de Rossini’.
Aparte de la fortuna que Rossini dejó a sus familiares, una considerable cantidad de 1.5 millones de dólares y su renta, quedaron para múltiples necesidades de la comunidad de Pessaro, su ciudad natal. El Festival Rossini de Ópera, y el Conservatorio Statale di Música ‘Gioacchino Rossini’ son, entre otras muchas, de aquellas obras que, rindiendo tributo a su memoria, perduran.
En vida, Rossini recibió las más altas e importantes condecoraciones de Francia e Italia. En cuanto a la música, y para la posteridad, “…varios compositores le rindieron honores. Giuseppe Verdi, por ejemplo, propuso a otros doce compositores italianos la composición del ‘Requiem para Rossini’. Mauro Giuliani, escribió seis series de Variaciones para Guitarra sobre temas de Rossini, que se titulan ‘Rossiniana’. Ottorino Respighi escribió la orquestación de cuatro piezas de ‘Péchés de vieillesse’, para su ballet ‘La Boutique Fantasque’ y para su Suite ‘Rossiniana’.
“De acuerdo con la Oxford History of Music, ‘…la fama de Rossini sobrepasó la de cualquier compositor anterior, al igual que la popularidad de sus obras. Las Audiencias, en todo el mundo, toman su música como si fuera una bebida estimulante, para decirlo más decorosamente como si fuera champagne, con la cual, la chispeante y burbujeante música de Rossini siempre ha sido comparada’ “.
En Septiembre de 1868, Rossini se enfermó gravemente de neumonía. Durante su larga agonía, en París hasta Napoleón III estuvo pendiente, diariamente, del estado de su salud. Igualmente, en Roma se informaba diariamente acerca de la evolución de su salud.
Dos meses después, Gioacchino Antonio Rossini, ‘El Cisne de Pesaro’, ‘Monsieur Crescendo’, falleció el 13 de Noviembre de 1868 . Su funeral se llevó a cabo en la Iglesia de la Trinité en París, y fue sepultado en el Cementerio de Pére- Lachaise de París, al lado de las tumbas de Chopin, Cherubini y Bellini. Nueve años más tarde, sus restos fueron llevados a Florencia, y allí se celebró otro funeral, con una procesión de más de cinco mil dolientes, cuatro Bandas Militares y un Coro de 300 miembros que cantó, hasta el delirio de la multitud, la Plegaria de su Ópera ‘Moisés’, en la Plaza frente a la Basílica de la Santa Croce de Florencia. Sus restos reposan en la Basílica de la Santa Croce, junto a las tumbas de otras glorias de Italia, Galileo. Alfieri, Machiavelli, Foscolo y Michelangelo.
Bibliografía:
ROSENTHAL, Harold, WARRACK, John. ‘The Concise Oxford Dictionary of Opera’. Oxford University Press, London, 1979
ISAACS, Alan, MARTIN, Elisabeth. ‘Dictionary of Music’. The Hamlyn Publishing Group, London
ZEDDA, Alberto. ‘Il Barbiere di Siviglia’ Deutsche Grammophon. 415 695
SALVAT. ‘Rossini,un músico aclamado’. Salvat Editores S.A.
CAUSSON, Jean-Louis. ‘Gioacchino Rossini’. Enciclopaedia Britanica
RUSPINI, Adolfo. ‘Gioacchino Rossini, el genio de la Ópera Bufa’