En cinco meses logró evacuar Simón Mesa Soto a Leidi. Tenía el panorama claro con la historia que quería abordar, sabía la manera en la que deseaba contarla, pero desconocía absolutamente los alcances de su trabajo. Tenía la intención de reflejar en su cinta la cotidianidad de un barrio de Medellín y su opción fue recurrir a lo que se ha denominado en la actualidad como propuesta audiovisual minimalista.
Mesa Soto le dio prioridad a la historia y aportó de sus dominios los adelantos tecnológicos y demás elementos que pudieran distraer la atención de los espectadores, mientras él dedicaba su esfuerzo a plasmar en imágenes un relato vivencial, humano y lleno de sensibilidad.
Durante su infancia, buena parte de su adolescencia y lo que va corrido de su juventud, pues Simón Mesa Soto tiene tan sólo 28 años, fue testigo de las características de muchas mujeres que, tal y como sucede con su personaje de Leidi, deben superar mil obstáculos para lograr lo que se han propuesto en la vida.
En el caso de la cinta, que dura 16 minutos, ella decide emprender un viaje en búsqueda de su novio, que a la vez es el padre de su hijo. Ese es el eje temático de la propuesta audiovisual de este director colombiano, que estudió Comunicación Audiovisual y Multimedia en la Universidad de Antioquia, y más adelante complementó su formación para las artes cinematográficas en la Escuela de Cine de Londres.
Simón Mesa Soto participó, sin mayores ambiciones, en la selección oficial de la edición número 67 del Festival de Cannes, en el sur de Francia. En la categoría que premia con la Palma de Oro al mejor cortometraje, el colombiano debía librar un pulso fuerte porque en esa modalidad se destacaban también creaciones como la italiana A passo d’uomo, de Giovanni Aloi; la china The adminstration of glory, de Ran Huang; la japonesa Happo-En; la húngara-rumana A Kivegzes, de Petra Szocs, la francesa Aissa, de Clément Trehin-Lalanne; la belga Les corps étrangers, de Laura Wandel, y la noruega Ja vi Elkser, de Hallvar Witzo.
“Cuando me enfrenté a la sala con los jurados me di cuenta de que había ocho cortos también increíbles y de que yo formaba parte de algo más grande: que no era el único que soñaba con ese premio. Este es un gran impulso para mi carrera, pero es importante no enloquecerme con el premio, sino seguir trabajando con los pies en la tierra”, comentó a los medios de comunicación el antioqueño pocas horas después de conocer la noticia.
A pesar de la dura competencia, el jurado encabezado por el reconocido director iraní Abbas Kiarostami, anunció que la Palma de Oro en la categoría de Mejor Cortometraje quedaba en manos de Simón Mesa Soto. Además de la forma en la que se mostró al público la historia de Leidi, quienes ya han tenido la oportunidad de ver el cortometraje aseguran que el trabajo actoral es impecable y que confirma que la naturalidad es una pieza clave para enfrentar cualquier reto audiovisual.