Tengo la obligación de ser espontáneo. Debo crear una pintura de un solo trazo. No puedo borrar ni arreglar nada. Estoy pintando en un pergamino muy delgado; cualquier duda dañaría la fluidez de mi línea, cualquier deliberación forzada rompería el papel.
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Estoy buscando la conexión pura entre la concepción de la idea, y mis manos, sin la contaminación de mi racionalidad ni de mi capacidad para repensarlo todo. La técnica se subordina a la expresión. La ansiedad se calma.
La imagen fluye y me expone completamente. Es casi un retrato. El sonido también es una imagen, y una imagen sonora tiene un diseño que devela la arquitectura de todas mis influencias, de mis gustos, de mis aspiraciones, mis vivencias y mis miedos.
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Todo mi cerebro está dedicado a este momento, a esta imagen sonora, y en este presente infinito no hay ediciones, no hay correcciones. Se desactiva mi corteza frontal. Solo debo fluir, casi ceder el control, entregarme a la idea, dejarme ser.