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I foro del Congreso Iberoamericano de Cultura

Este martes en la Biblioteca Luis Ángel Arango, de Bogotá, en debate organizado por la revista Shock, se disertará sobre la fusión y el patrimonio sonoro colombiano.

10 de mayo de 2010 - 05:30 p. m.
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Al sur del país, con violín, guitarra eléctrica, acordeón y charango, una agrupación habla de identidad cultural en una venenosa mezcla de ritmos universales y música tradicional de los Andes. Al norte, en la costa Caribe, varios colectivos rescatan el encanto de la cumbia, el bullerengue y la champeta, y al tum tum de los tambores bombardean con lo que han llamado electrosicodelia.

En el Pacífico, las marimbas, las tamboras, las congas, la chirimía y los cantos ancestrales se sienten hoy en una rara pócima de gozadera, hip hop, beats y flow. En la otra esquina, en las montañas de Santander, un ‘loco’ de apellido Velandia, guitarrista y compositor, se ha entregado al ‘arte popular eléctrico’ y al sabor de la música rasqa, el rock y la guabina emparentados. Y en el centro del país, en las frías sabanas boyacenses, cuatro muchachos insurrectos encontraron en los trinos del requinto y la animosidad del tiple una excusa suficiente para tributar la carranga.

Las diversas latitudes sonoras del país están hoy en manos de la experimentación: se habla de una alegría en la música nacional nunca antes vista y de fusiones y reinterpretaciones que exaltan la memoria y nuestra cultura y se convierten en enérgicos tracks de baile, con jazz, reggae, hip hop o rock n’ roll.

Este es un tema que, pese a que viene tomando fuerza desde hace unos años, continúa sorprendiendo por su enorme poderío. Sólo este año, en varios festivales internacionales de música independiente y alternativa, las agrupaciones colombianas que en sus raíces llevan la champeta, la chirimía, el currulao o la cumbia, repuntan y aglutinan a un público ávido y deseoso de mover la cabeza… y la cadera: Systema Solar, Profetas, Choc Quib Town y Bomba Estéreo son algunas de las agrupaciones que en 2010 han conquistado escenarios europeos y norteamericanos en festivales como el LAMC, el SXSW y el Roskilde; incluso los sonidos de electrovacilón de Bomba Estéreo fueron incluidos en el juego de video FIFA 2010.

Daniel Broderick, dj de la agrupación multiétnica Systema Solar, asegura que la música tradicional colombiana no sólo tiene un color maravilloso y un sabor exquisito, sino que ha permitido permear el mundo con esa historia afro, andina, colona y resistente nacional. Por eso, aunque sus pistas acuden a la mezcla de instrumentos, voces e influencias sonoras de esa ‘zona estelar verbenáutica’ a la que pertenecen, la música que proponen es una reinvención, una especie de alquimia: la percusión y el sabor típico son procesados con herramientas electrónicas, con efectos, consolas, hardware y software.

El caso es el mismo para los cuatro integrantes de Velo de Oza: la fiesta, aunque ésta tenga, en vez de efectos electrónicos, las cuerdas y la batería. Se trata de una unión de dos culturas que priorizan la música como estilo de vida: la carranga y el rock, como lo asegura su vocalista Frank Forero. Por eso, orgullosos de su sentir boyacense y de las expresiones campesinas, hoy apuestan por la evolución del género musical que el maestro Jorge Velosa, entre otros, les enseñó desde su infancia y, sin pretensiones, también al género de mechas largas, sin ruana o sombrero: el rock. Es algo así como montarse en la tarima del Festival de Carranga de Ráquira y hacerlo en la de Ibagué Ciudad Rock: baile carranguero y pogo, exótica combinación.

Para aquellos de las costas, para los del altiplano o las montañas, la música colombiana invita a la tolerancia y la unión. Hoy se comparten maneras de ver la vida desde los tornamesas y las clases de marimba; desde una puesta en escena que tiene un burro en vez de vocalista, una de cuatro músicos vestidos de ruana y sombrero o una que samplea y privilegia la cadencia y la mixtura de los tambores, la voz y la música electrónica. Las cosas dejaron de ser tan formales que las ideas se disfrutan y se exportan con sello de auténtica calidad: música colombiana contemporánea.

Estas ‘mutaciones folclóricas’, como han definido esta explosión sonora nacional el espacio Zona de Riesgo del Congreso Iberoamericano de Cultura y la revista Shock, están en su punto máximo de ebullición. Y es tiempo de que los músicos que las protagonizan hablen de ellas. De sus impactos y debilidades. De los espacios ganados y los negados. De aquellos que vibran y los que, por falta de algo de suerte, todavía no se han dejado contagiar.

‘Mutaciones folclóricas: la nueva ola de las músicas colombianas’

Este martes 11 de mayo, importantes músicos nacionales se darán cita en el primer foro de Zona de Riesgo y Shock, para debatir sobre espacios de difusión, raíces, mezclas, fusiones y futuro de la música actual colombiana. Entre los panelistas se encuentran el maestro José Antonio Torres ‘Gualajo’, el rey de la marimba; Carlos Vives, responsable indudable de la emancipación y renovación del vallenato; Frank Forero, de la agrupación Velo de Oza, mezcla de carranga y rock; Yahany Valencia ‘Tostao’, de Choc Quib Town, la innovación de los ritmos del Pacífico, y Danny Boom, dj de Systema Solar, nuevos sonidos afrocaribeños. Además, estarán también la coordinadora de Festivales al Parque de la Orquesta Filarmónica de Bogotá, Johana Pinzón; el empresario Philippe Siegenthaler, de Absent Papa, y la ministra de Cultura, Paula Marcela Moreno. El moderador será Iván Benavides, músico, productor y director artístico del Congreso Iberoamericano de Cultura.

 Dónde: Auditorio Biblioteca Luis Ángel Arango de Bogotá, 2:00 p.m. Entrada libre. Transmisión en vivo por streaming a través de www.shock.com.co y www.iberoamericanocultura.com.co.

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