Han sido más de 14 años recuperando la relación de Barranquilla con el río Magdalena. Primero fue el edificio de la Aduana en 1995, que acogió la biblioteca Piloto del Caribe, dándole un aire de esperanza a una zona marginal de la ciudad. Posteriormente vinieron nuevos proyectos, el más ambicioso: el Parque Cultural, diseñado por el arquitecto GianCarlo Mazzanti, en Barlovento, un área profundamente deprimida.
Aquí, en este lugar estratégico de la ciudad, donde el río que recorre más territorio colombiano desemboca en el mar Caribe, el gran centro cultural alberga el primer museo regional del país: el Museo del Caribe.
Cuando el visitante llega a este centro, a través de videos, hologramas, audio y otros recursos museográficos, realiza un viaje por la naturaleza y por la gente de esta región que baña el mar.
Todo empieza en una sala para la naturaleza que refleja la geografía del litoral. De ahí, a través de las tradiciones y la sabiduría indígenas, se llega a las gentes del caribe colombiano y su mestizaje (desde los nativos hasta los inmigrantes árabes, pasando por españoles y africanos). Enseguida está la sala para la palabra, la cual rinde homenaje a escritores, poetas y a la gran tradición oral que caracteriza esta región. La sala de la acción narra la historia social, económica y política desde los tiempos prehispánicos. La de las expresiones recoge la tradición artística, como la danza, la música y las fiestas, que no podría sino hacer homenaje al Carnaval de Barranquilla, al Festival Vallenato, a las Corralejas y a otras fiestas tradicionales. Y el recorrido concluye con la sala Gabriel García Márquez, un merecido tributo a este personaje insigne no sólo de nuestro país sino de la identidad caribe.
Así fue como Marcello Dantas, experto del Museo de la lengua portuguesa, interpretó los deseos de la directora Carmen Arévalo de recoger en un gran espacio cultural el sabor, el olor, las imágenes, los sonidos y las texturas de su querida región. Es decir, un lugar que incluyera el Caribe en todo sentido.