Hasta hace unos años el sueño de volver a ver unidos los países bolivarianos era eso: un sueño. Esta década, sin embargo, ha transformado ese sueño en un campo de batalla ideológico que ha desterrado la utopía implícita en él. Utopías, la muestra que inaugura Ricardo Benaim este jueves en la galería Sextante al igual que su libro, busca devolverle algo de utopía a ese sueño maltrecho y manoseado por políticos de derecha y de izquierda. La conexión de Benaim con Colombia viene de 1990, cuando el Taller Arte Dos Gráfico de Bogotá y Quinta Papeles, taller gráfico de Ricardo Benaim en Caracas, comenzaron a hacer proyectos conjuntos.
Una moneda que integre a Suramérica, “El Cóndor”, es utópico. “El hecho que sea imposible no significa que sea irrealizable”, dice el artista que es a su vez director del Banco Central del Cóndor. Y aunque la meta de una moneda común está lejos, Benaim ya la tiene acuñada. La idea de valor en el arte está sujeta a caprichos tan incomprensibles como los de cualquier moneda que se devalúa y se revalúa.
El Cóndor circula por Caracas desde hace dos años, desbordando el circuito del arte y empezando una especie de mercado financiero paralelo que favorece a los artistas. El banco influye en la renta básica del artista y le permite subsistir con un poco de ventaja, “son 500 artistas, 500 solidarios, el banco ya tiene dinero”. No sólo eso, el Banco Central del Cóndor tiene sedes en Colombia, Chile y Bolivia. “Hace dos meses el presidente de Brasil habló que quería desarrollar la moneda, una moneda que sale de Unasur, sé que el libro llegó a sus manos”, comenta Benaim.
Para ser parte de este sistema financiero hay que ser artista. Sus reservas están constituidas por obras que los creadores entregan y por las que reciben a cambio una suma en cóndores (500, por ejemplo). Estas obras se venden en internet entre tres y cuatro mensualmente”. Los cóndores les sirven a los artistas para pagar la revista Art Nexus, acceder a un circuito de médicos, marqueteros y uno que otro restaurante que funciona con la moneda.
Este proyecto es fruto de una preocupación constante con la manera como se vive: “En mi trabajo hay una evolución que parte desde un interés ecológico primario en el ambiente y el planeta, hacia una ecología humana y territorial”. Los proyectos de Benaim confluyen en un campo donde el objetivo parece ser la reflexión sobre el territorio, la integración y la necesidad imperante de fortalecer Suramérica.
Una agenda que uno asume políticamente por las áreas que tocan los distintos proyectos de Benaim. Una moneda única, un pasaporte suramericano, un salario mínimo equivalente en toda la región. Aclara que no habla de unificación, pero sí de una integración del sur del continente donde se puedan fortalecer posiciones. El territorio lo define como “el terruño que uno habita y ama”.
Proyectos de esta naturaleza requieren una gran capacidad gestora. Benaim la tiene y la pone al servicio de una inquietud integradora en la que la utopía adquiere formas concretas. Convoca a artistas de distintas disciplinas y países, el proyecto Mapa 2000 es un ejemplo, artistas colombianos y venezolanos recibieron un mapa y cada uno propuso una nueva cartografía. Territorio, desplazamientos, el tema recurrente es la ventaja que nos da la integración para beneficiarnos de la riqueza de estas tierras.
Otro de sus proyectos es la Cruz del Sur, donde propone la unión de los ríos Orinoco, Amazonas y el Río de la Plata, que entre muchas ventajas ofrece a Bolivia una salida al mar. Este proyecto se materializa en postales y, como dice Benaim, son utopías que no son irrealizables.